jueves, 2 de abril de 2026
CANDIDO LOPEZ CHAVES
lunes, 2 de marzo de 2026
JOAQUIM JOSÉ CORREIA (QUIM ZE)
FORCADOS Y RECORTADORES: LITURGIA DEL VALOR FRENTE AL TORO
viernes, 26 de diciembre de 2025
LA EMBOSCADA COMANCHE: OCHO HORAS DE POLVO Y POLVORA.
JOAO MOURA
jueves, 25 de diciembre de 2025
FERNANDO VAN ZELLER
viernes, 7 de noviembre de 2025
RAFAEL PERALTA
ANGEL PERALTA PINEDA
miércoles, 22 de octubre de 2025
DORA LA CORDOBESITA: LA ESTRELLA CORDOBESA QUE CONQUISTÓ EL ALMA DE CHICUELO
martes, 21 de octubre de 2025
Entre capotes y mantones: el amor imposible de “El Gallo” y Pastora Imperio
domingo, 5 de octubre de 2025
SE CUMPLEN 95 AÑOS DEL NACIMIENTO DE "EL LITRI"
martes, 9 de septiembre de 2025
ALFREDO TINOCO
Alfredo Tinoco Da Silva fue un renombrado rejoneador
portugués del siglo XIX que dejó una marca indeleble en la tauromaquia. Nació
el 5 de julio de 1815 en Portugal, en el seno de una familia acomodada con
profundas raíces ecuestres, lo que le permitió desarrollar desde temprana edad
un gran talento como jinete. Su debut en los ruedos se produjo el 14 de agosto
de 1873 en la desaparecida Plaza de Toros del Campo de Santa Ana, en Lisboa,
donde rápidamente captó la atención del público por su elegante estilo y la
destreza que mostraba montado a caballo.
A lo largo de su carrera,
Tinoco se consolidó como uno de los cavaleiros más destacados de su época,
compartiendo el reconocimiento con figuras de la talla de José Bento de Araújo.
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria se produjo el 17 de junio
de 1894, cuando hizo su debut en la Monumental Plaza de Toros de Campo Pequeno,
en Lisboa, junto a Bento de Araújo. Esta histórica tarde de rejoneo fue un
evento muy esperado por los aficionados, y la colaboración entre ambos
rejoneadores causó un gran revuelo en el mundo taurino.
Además de sus éxitos en las
plazas de toros portuguesas, Alfredo Tinoco fue pionero en llevar el arte del
rejoneo fuera de las fronteras de su país, expandiendo su carrera hacia Brasil.
En Río de Janeiro, sus actuaciones dejaron una huella profunda, estableciendo
la tauromaquia como una tradición en tierras sudamericanas y abriendo el camino
para futuros rejoneadores.
Tinoco no solo conquistó a la
afición portuguesa y brasileña, sino que también logró reconocimiento en
España, donde su elegancia y técnica fueron igualmente valoradas. A lo largo de
su carrera, fue alabado por críticos como Pepe Luiz, quien lo describió como un
"verdadero artista del toreo a caballo", destacando su porte y las
finas maneras con las que ejecutaba las suertes del rejoneo.
Tristemente, la vida de Alfredo
Tinoco se vio truncada de manera prematura cuando falleció en agosto de 1859, a
los 44 años, en la ciudad de Pará, Brasil durante una epidemia de fiebre amarilla. Su muerte dejó un gran vacío en la
tauromaquia .
ALEXANDRE DE MASCARENHAS
Nacido el 3 de febrero de 1892 en
Benfica, Lisboa, Alexandre de Mascarenhas perteneció a una familia con una
arraigada tradición taurina, que había dado toreros desde el siglo XVI. Hijo
del conde de Torre, destacó como caballero amador y posteriormente se convirtió
en un referente del rejoneo en Portugal y España, dejando huella en la historia de la tauromaquia.
Su debut en público tuvo lugar en
un festival celebrado en Sintra en 1905, donde compartió cartel con el
cavaleiro João Tojal. Desde entonces, su trayectoria fue en ascenso,
consolidándose como un rejoneador de gran temple y elegancia. Su primera
presentación en Francia ocurrió el 13 de julio de 1930, en Béziers, lidiando
toros de López Plata. Ese mismo año, el 14 de julio, nuevamente en Béziers,
estuvo anunciado en un cartel, aunque finalmente no llegó a actuar. En España,donde
era conocido como Alejandro Mascarenhas, hizo su presentación en la plaza de
toros de Las Ventas, en Madrid, el 14 de abril de 1935, alternando con figuras
de la talla de Chicuelo, Cagancho, Lorenzo Garza y Cañero, enfrentándose a ocho
toros de la ganadería de Ramón Ortega. En total, sumó dos actuaciones en la
capital española.
Durante su carrera, Alexandre de
Mascarenhas fue un rejoneador versátil, combinando actuaciones con
profesionales de renombre y logrando resultados artísticos sobresalientes.
Actuó en múltiples plazas de Portugal y España, siendo reconocido por su valor
y conocimientos ecuestres. En 1925, la Asociación de Classe de Toreros
Portugueses lo consideró como cavaleiro de alternativa, un reconocimiento a su
maestría y trayectoria.
Más allá de su faceta como
rejoneador, ejerció como maestro de su hijo, Francisco de Mascarenhas, quien
debutó en España en 1939 y continuó con el legado familiar. Además, tuvo entre
sus discípulos a Nazaré Felícia, una de las primeras mujeres en torear a
caballo, marcando un hito en la historia del rejoneo.
En los años 1941 y 1942, regresó
a España acompañado de su hijo, toreando en Barcelona y otras plazas de
renombre. A lo largo de tres décadas, Alexandre de Mascarenhas fue un
rejoneador admirado, sosteniendo con honor los pergaminos de su ilustre estirpe
y deleitando a los aficionados con su arte ecuestre. Su legado sigue vivo en la
memoria de la tauromaquia lusitana y española.
miércoles, 13 de agosto de 2025
MANUEL DOMÍNGUEZ CAMPOS “DESPERDICIOS”: DESDE LA ARENA A LA GUERRA
Manuel Domínguez Campos, más conocido como “Desperdicios”,
es una de esas figuras de la tauromaquia que desbordan los límites del ruedo.
Torero de casta, nacido en Sevilla en 1816, encontró su verdadera dimensión
vital no solo en las plazas de España, sino a través de una increíble odisea en
América del Sur, donde combinó el arte del toreo con las armas, la
supervivencia extrema y la aventura al más puro estilo romántico decimonónico.
La alternativa y la huida: origen del periplo americano
Corría el año 1836 cuando Domínguez tomó la alternativa en
Zafra (Badajoz). Sin embargo, un oscuro incidente en Sevilla —posiblemente un
duelo o un hecho de sangre— lo llevó a abandonar precipitadamente España.
Contrató una cuadrilla y se embarcó rumbo a Montevideo, iniciando así un exilio
autoimpuesto que se convertiría en una de las etapas más intensas de su vida.
Montevideo y la Guerra Grande: el torero soldado
Apenas instalado en el Río de la Plata, estalló la conocida
Guerra Grande (1839–1851), que enfrentó a los blancos de Manuel Oribe, apoyados
por Argentina y sectores franceses, contra los colorados de Fructuoso Rivera,
respaldados por Brasil y batallones de mercenarios europeos, entre ellos
Giuseppe Garibaldi.
Domínguez fue enrolado en las fuerzas de Rivera. Lo que
parecía un viaje taurino se convirtió en una experiencia bélica en toda regla:
fuego, caballo, machete y pólvora. Se batió como soldado en diversas
escaramuzas y quedó involucrado directamente en el conflicto civil más
importante del Uruguay decimonónico.
Triunfo en Río de Janeiro: entre toros y emperadores
Terminadas algunas campañas, Domínguez cruzó hacia Río de
Janeiro, donde en 1840 o 1841 se celebraban festejos por la coronación de Pedro
II de Brasil. Allí toreó en cuatro corridas solemnes, obteniendo un éxito
apoteósico. Fue aclamado por la corte y la aristocracia brasileña, quien lo
colmó de regalos y agasajos. Fue, quizás, el momento más glorioso de su carrera
como torero.
Buenos Aires: tierra hostil, vida salvaje
Regresó a Buenos Aires con la esperanza de revivir la
tauromaquia en el país del Plata. Pero el gobierno rosista, poco inclinado a
espectáculos de raigambre española, le negó el permiso para organizar festejos.
Sin apoyos, Desperdicios debió reinventarse.
Su biografía en esta etapa se convierte en un verdadero
canto al hombre de frontera: trabajó como guajiro, mayoral, traficante,
contrabandista, guerrillero y hasta capataz en zonas de conflicto con los
pueblos originarios. Según algunas crónicas, era respetado —y temido— como un
hombre duro, valiente y de pocas palabras. “Fue bravo con los bravos matones”,
afirmaron cronistas de la época.
Revolución contra Rosas y fuga milagrosa
Con la caída del dictador Juan Manuel de Rosas tras la
Batalla de Caseros (1852), Domínguez volvió a tomar partido, esta vez por los
insurgentes. Capturado por las tropas federales, fue condenado a muerte, pero
logró escapar en plena noche, cruzando el campo hasta alcanzar de nuevo
Montevideo. Desde allí se embarcó en la fragata Amalia, que lo condujo de regreso
a España, llegando a Cádiz en mayo de 1852 tras dieciséis años de intensas
peripecias.
La figura de Manuel Domínguez “Desperdicios” escapa a los
moldes tradicionales del torero del siglo XIX. Su vida, especialmente en
América, lo convierte en un personaje de novela histórica, mezclando capa,
estoque, sable y uniforme. Combatiente involuntario, torero errante, personaje
mítico, sobreviviente y testigo privilegiado de uno de los períodos más
convulsos del Cono Sur, su nombre debería resonar no solo en las plazas, sino
también en los anales de la historia aventurera del siglo XIX.






















