sábado, 25 de marzo de 2017

PEPETE EL HUEVERO


Manuel Rodríguez Suárez, «Pepete», hijo de aquel otro «Pepete» —José Rodríguez Davies—, muerto por un toro de Zalduendo en la Plaza de Fitero, se apodó «Pepete Chico» para distinguirse de su hermano Juan José, que usó el mismo alias de su padre cuando actuaba de novillero. Había nacido en San Fernando el 24 de junio de 1897. Sólo tenía dos años cuando murió su padre, y desde pequeño sintió la afición a los toros por respirar el ambiente taurino en todos los rincones de su casa. En mayo de 1914 mató por primera vez un novillo de Salas en su patria chica. La prueba fue satisfactoria y "Pepete Chico" continuó actuando en festejos durante los años 1915 y 16, siendo en Chiclana donde viste por primera vez el traje de luces, alternando con «Chanito II» y «Monda de Chiclana» en la lidia de reses de Castrillón. En 1917 se marchó a América y actuó de novillero en varios Estados, consiguiendo un gran cartel en Colombia, donde le llamaban «Pepete el huevero». 

En 1922 le da la alternativa en la Plaza de Mérida, de Yucatán, el matador de toros español Manuel Navarro, de Brenes, obteniendo un gran triunfo. El 22 de septiembre del mismo año torea la corrida de Covadonga, alternando con Manuel Navarro, Mamiel Muñoz, «Andaluz» y Joaquín Casañes en la lidia de ocho toros de don José Vinadé; «Pepete» tumbó a sus enemigos de sendas estocadas y fue sacado en hombros. El cartel conseguido en Colombia le abrió las puertas de la Plaza de toros de la capital de México, donde actuó en varias corridas, alternando con las figuras aztecas y las españolas que cruzaban el «charco». Merece citársela destacada actuación que tuvo en México en 1925, alternando con «Chicuelo» y Juan Espinosa, «Armillita», en la corrida celebrada en beneficio de «Chicuelo» Hay que tener en cuenta que «Pepete» sufrió un grave percance al arrojarse a tierra desde un barco porque no le permitían desembarcar; esto ocurría en 1920, y quedó visiblemente cojo, por lo que su carrera artística tiene doble mérito. La vida de «Pepete» fue muy poco ordenada, por lo que se vio varias veces arruinado. Una de ellas regresó a España, y en San Fernando se organizó una corrida en su beneficio, el 12 de junio de 1927; en ella tomaron parte Leopoldo Blanco, Juanito Ezpeleta y José Jiménez, «Rebujina», con novillos don Francisco Chica.
El beneficiado, con visible cojera, mató un novillo con buen estilo, pero el resultado económico fué lamentable. Al poco tiempo desaparece «Pepete» de España y reaparece en Mérida, de Yucatán, obteniendo un señalado triunfo al consumar un volapié con un pañuelo a un toro de don Chuchú Pérez, la tarde que «Chanito» le dio la alternativa al novillero colombiano Octavió Chavarriaga, «Varita», el 4 de marzo de 1928. Vuelve a torear en Barranquilla el 15 de abril de 1928 en una corrida e su beneficio, alternando con Belmonte de Málaga y Padilla y obteniendo por unanimidad la medalla de oro que se otorgaba al espada que tuviese mejor actuación. Tuvo varios percances en su vida taurina, siendo el más grave el que sufrió toreando con José Paradas en Mérida en 1922. Recibió dos cornadas, una en el muslo y otra en el pecho, de tal gravedad, que el juez ordenó la suspensión del espectáculo por encontrarse el diestro en estado agónico. 


Chicuelo.Pepete y Armillita
La última vez que se vistió de torero fue el 21 de abril de 1939, en Bogotá, alternando con Juan Silveti y «Morenito de Zaragoza», en la lidia de reses de Mondoñedo. Por su temeraria forma de torear con el capote era considerado por la crítica de Colombia como el sucesor de Belmonte, hasta el punto de que a sus verónicas le llamaban «belmontinas». Con la muleta fue un torero sobrio y con el estoque rayó a gran altura. Dedicó sus actividades a empresario con poca fortuna, y agotado física y económicamente, regresó a España, colocándose de guarda nocturno en el Hotel Continental, de Cádiz. A causa de su desordenada vida tuvo cuatro enfermedades, que las sobrellevaba sin hacer cama, hasta que, vencido por completo, ingresó en un hospital, donde falleció dos días después, el 28 de diciembre de 1949.

viernes, 24 de marzo de 2017

DOS TOREROS DE PESO


Fue Mazzantini hombre de elevada estatura y de gran corpulencia, y ésta aumentó considerablemente en sus últimos años de ejercicio profesional, debido a la crasitud que fue adquiriendo. Y Emilio Torrés «Bombita» hubo de alejarse de los ruedos antes con antes a causa de su creciente obesidad. Los dos torearon mano a mano en Barcelona el día 24 de septiembre del año1903, al estoquear seis toros de la ganadería de Otaolaurruchi, y en la revista de tal corrida, publicada por un periódico de la localidad, aparecieron los versos siguientes:
Y la gente hacia cálculos,
al ver diestros tan obesos,
no del peso de los toros,
sino del de los toreros.

"NINO" VILAPLANA


Conoci a Manolo Vilaplana "Nino" Vilaplana alla por 1997, más o menos un año despues de la muerte de mi padre con el que Vilaplana habia iniciado un negocio que quedó inconcluso, me llamó y me explicó, mi padre se habia comprometido a legalizarle y darle de alta una ganaderia nueva, asumí lo que por el fallecimiento de mi padre no se habia podido concluir y un año despues Manolo tenia su ganaderia funcionando, lamentablemente le duro poco el gusto porque dos años despues, o sea, a los tres de estrenarse como ganadero, tuvo que sacrificar toda la ganaderia por un brote de tuberculosis. 


Manolo era un tipo simpatico y muy desconfiado, quizas debido a los "palos" que la vida le habia dado, se vino desde muy joven de Alicante a Chiclana donde se establecio con su hermano Agustin e iniciaron un negocio de chatarra y desguace.Agustin, el mayor fue novillero con picadores, se anunciaba como "El Chiclanero" y Manolo le siguio los pasos debutando con pìcadores en 1961, este año y los dos o tres siguientes Manolo se mantuvo muy activo en Cadiz, San Fernando y el resto de la provincia alternando muchas veces con Adolfo Avila "El Paquiro" Efrain Giron y hasta Manuel Diaz "El Cordobès" , retirandose al poco tiempo. Hace muchos años que no sé de él, mi recuerdo desde aqui para él.


AGUSTIN GARCIA "AGUSTINILLO"



Nació en Monteagudo (Murcia) el 28 de agosto de 1928. Su vida taurina estuvo estrechamente ligada a Barcelona, pues en ella debutó de luces en la plaza de Las Arenas en el mes de junio de 1945, también fue en esta plaza donde actuó por primera vez en una novillada picada el 1 de noviembre de 1950 y en el mismo escenario se doctoró en tauromaquia el día 1 de noviembre de 1952, siendo su padrino Rafael Lorente y el testigo Manuel Navarro, el toro de la ceremonia pertenecía al vacada de don José Luis Osborne, se llamó “Separador” era negro listón y lucía el número 50. Tras la alternativa no volvió a vestirse de luces hasta el 3 de diciembre de 1955 en Barcelona. Aprendió el oficio de carpintero. Su vida taurina estuvo ligada siempre a Barcelona. Asesor de la plaza Monumental de Barcelona.

viernes, 17 de marzo de 2017

JUAN MONTENEGRO


Navegando por la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, me encontré con estas dos noticias que fueron más que suficientes para avivar mi curiosidad: 

Grazalema, 24, 25, 26y 27 Agosto de 1916. "Con cuatro llenos hasta el tejado, se ha inaugurado la nueva plaza de toros, celebrándose en los días 24, 25, 26 y 27 cuatro corridas de novillos, actuando en ella de único matador Juan Montenegro; el ganado lidiado pertenecía a la vacada de D. F. Correas, que resultaron grandes y bravísimos. Montenegro ha estado sencillamente colosal, siendo cada tarde un señalado triunfo; con el capote toreó por verónicas valientemente; con la muleta hizo faenas ceñidísimas, dando pases superiores de cabeza a rabo que el público coreó con olés. Colocó varios pares de banderillas con las manos atadas, y las ovaciones se sucedían; con el estoque atacó siempre en corto y por derecho y dio soberbias estocadas que se premiaron con grandes ovaciones, cortando orejas y rabos; al final de cada corrida fue sacado en hombros vitoreándole el público.—PEPE LEONISIO" 

JEREZ 5 Agosto. 1917 “Con una buena entrada debutó en esta plaza la cuadrilla cómico-taurina compuesta por Charlot, Levitón y su botón. En el primer novillo, y al pretender lancearlo, salieron arrollados los tres artistas apoderándose dj éstos un pánico cerval, negándose a seguir toreando. Por espacio de media hora quedó interrumpida la lidia, y en vista de esto el novillero local Juan Montenegro se ofreció a despachar los seis bichos. El público se dividió y empezó el escándalo, que por momentos aumentaba, y Montenegro requirió los trastos y despachó al novillo de una gran estocada. El público invadió el redondel pretendiendo aporrear a los lidiadores, a los cuales defendió la Guardia municipal. Charlot, Levitón y su botón ingresaron en la cárcel para cumplir quincena. El público se estacionó delante de la Presidencia; pidiendo le devolviesen el dinero, y como la empresa tardó más tiempo del debido en dar solución al asunto, en medio de una gritería ensordecedora empezó a destrozar las barreras, contrabarreras, delanteras de balcón, tendidos, palcos, y todo cuanto encontraban a mano. Pronto llegó la Guardia civil y se restableció el orden. Por acuerdo de la empresa se le devolvió al público la mitad del importe de la localidad.” 



¿Quién era este Juan Montenegro? No pude averiguar mucho solo que estuvo en candelero como novillero 4 o 5 años actuando en plazas de relevancia como Madrid y puebleando mucho, que dejo el oro por la plata, que nació en mi pueblo, Jerez de la Frontera ,que alternaba sus festejos con el puesto de conserje de la plaza de toros de las arenas en Barcelona, su compañera (la noticia si la denomina) María Álvarez falleció de una enfermedad el 06 de Diciembre de 1929 siendo ella una persona muy querida por la afición debido a compartir con Montenegro las tareas de conserje de la plaza de toros. Dos años después falleció en Jerez de la Frontera donde acudió buscando alivio Juan Montenegro, el 17 de Diciembre de 1931 de una grave enfermedad el 9 de Octubre de ese mismo año (meses antes) intervino de Director de lidia en una novillada y el año anterior, del que es la foto que ilustra este escrito, actuó como sobresaliente, la prensa de la época decía de la foto que Juan Montenegro había inventado un lance nuevo.

miércoles, 15 de marzo de 2017

EL TORERO Y LA ACTRIZ



Durante mucho tiempo fue costumbre, tanto de compañías artísticas como de figuras individuales, lo que llamaban “hacer la América”. Aquellas giras eran una prueba de fuego para la gente del mundo del espectáculo. 

En 1887 —coincidentemente con Mazzantini—arriba a la Habana acompañada por varias jaulas repletas de pájaros y otros animales, un curioso ataúd de palo de rosa y una nutrida corte de unos treinta actores, la Divina, Sarah Bernhardt, la reina francesa del escenario. Mazzantini,quien no logra llenar las plazas, ya que los lugareños siguen prefiriendo las bullangueras peleas de gallos, va a verla varias veces al Gran Teatro Tacón; ella le devuelve el cumplido en una corrida, vestida con un postizo atuendo manchego, y el pastel queda servido. Manuel Henríquez Lagarde en La estampa «El matador y la diva», dada a conocer por La Jiribilla, hurga en lo sucedido: Mazzantini (...) abrió la puerta de su habitación en el hotel Inglaterra y encontró al mozo con una carta en la mano. La carta decía: «Señor M. las palabras suyas del sábado en mi camerino me parecieron insuficientes». Fue a verla al hotel Petit, en la Chorrera, donde ella estaba hospedada. Pasaron el día pescando y cazando juntos y cuando el sol empezó a hundirse más allá de la desembocadura del río Almendarcs ella lo invitó a subir a su habitación en el último piso. A él le sorprendió la cantidad de animales sueltos en el cuarto. Ella empezó a desvestirse y él le vio en su flaco estómago una marca de quemaduras de la que se hablaba. Desnuda toda se acostó en el ataúd que estaba al lado de la cama y le extendió los brazos (...). Cuando su cuerpo estuvo encima del de ella, ella le dijo en francés: — Ves, esto es el cosmos, el amor, todas las cosas grandes, una simple línea, un imperceptible límite entre la vida y la muerte. Y él, aterrado, empezó a besarla, entre gritos de guaca ­ mayos y rugidos de tigre... hasta que el sol estuvo casi de rodillas a sus pies y él le enterró la espada hasta la mano. El toro se sentó en el ruedo con el mango de la espada en el lomo. Estuvo como mirando hacia el palco quince y luego rodó por tierra, sin una gota de sangre en la boca.” 

La noticia de un posible romance entre el torero y la diva se esparció con rapidez por toda la capital y llegó hasta Europa. Los dos se hospedaron en el hotel Inglaterra y Mazzantini hasta olvidó su principal objetivo en la capital. Sus presentaciones posteriores al encuentro con Bernhardt dejaron que desear y muchos reconocieron que otros toreros, también de gira por La Habana, opacaron la brillantez de Mazzantini. Entre la actriz francesa y el mataor —doce años menor que ella— en esta mismísima plaza surgió ese volcánico encanto que desde la época de los antiguos propicia el travieso Cupido, y que tuvo por campo de batalla al Hotel Inglaterra.
Pero eso no le importó mucho al torero. Hasta en las páginas de la revista francesa Le Figaro apareció la crónica acerca de la corrida a puerta cerrada que Mazzantini le regaló a la actriz e incluso se llegó a hablar de fastuosos regalos. Según la tradición, alguna de sus actuaciones no recibió del público habanero el aplauso que ella exigía, ocasión en la cual habría acuñado la frase “indios con levita”. ¿Cuánto hay de cierto en toda esta historia? Nunca los dos protagonistas del supuesto romance dieron por cierto los rumores. Sin embargo, sus frecuentes paseos y fiestas dicen mucho. Para nadie era un secreto la enorme afición de Mazzantini por las mujeres. La Bernhardt no se quedaba detrás y sus múltiples romances con hombres famosos llenaban cuartillas en la prensa de la época. La gran interrogante es si el encuentro habanero de 1886 tuvo luego una segunda parte.

  http://epoca2.lajiribilla.cu/2002/n86_diciembre/2030_86.html

EL NIÑO DE LA BROCHA



José Boixader I Españó, "El niño de la Brocha” debe su apodo a su profesión pues era pintor de brocha gorda, nació en Vic el 24 de marzo de 1908, debutó sin picadores en su pueblo natal el 20 de mayo de 1928, dos años más tarde, a finales de 1930 debutó con caballos en Barcelona, con novillos de Nemesio Villarroel, logrando un gran éxito. Estuvo bien y gracias a ello, diez días más tarde, repitió a la misma plaza, la Monumental. El día de Corpus Christi, de 1930. El Niño de la Brocha participó en la Monumental en una de las corridas más surrealista que jamás se habían visto. El 19 de junio participó con Cantimplas y Vicente Hong, este último torero chino y hasta la época el único. 

Hong, de hecho, había crecido en México y comenzó a torear por los países de habla hispana, especialmente Honduras y Perú, así como en México. El cronista del periódico La Voz escribió,” Poco público, el torero oriental vuelve a hacer el paseíllo con la ropa típica de su país, a pesar de las reticencias de sus compañeros, que en principio se negaban a participar en la payasada. El público silbaba el atrevimiento del mandarín, quien recapacita y se viste de torero para el evento.. El segundo novillo le correspondía al Niño de la Brocha, pero, a pesar de eso, Vicente Hong hacerle decidir algunos quites arruinandole la actuación, el chino hace el indio. Tras una faena valiente, al entrar a matar, el "Niño de la Brocha" se hirió con su propio estoque en una pierna siendo llevado a la enfermería. Cantimplas mata al toro con tres pinchazos y una chalequera (protestas)”. 

El 9 de julio de 1931, toreó en la vieja plaza de Madrid, donde triunfó, compartiendo cartel con "Cantimplas" y "Perete". En 7 de julio de 1933 actuó en la actual Plaza de Las Ventas, con novillos de Atanasio Fernández. 25 de agosto de 1941 realizó la última actuación de su carrera, acompañado por el famoso Mario Cabré y el valenciano Jaime Marco "El Choni". Después de 13 años y una vez retirado, fue empresario de corridas de toros en las plazas catalanas de Figueres, Olot, Girona y Vic. En la tarde del 25 de marzo de 1961 la Plaza de toros de Vic se despide de la afición en su última actuación en un festival, alternando con Agustín García Muñoz "Agustinillo" (catalán Matador de Sant Boi de Llobregat), Enrique Molina y Alfonso Merino. Falleció en Vic en 1987 a los 78 años .

martes, 28 de febrero de 2017

EL SEÑORITO TORERO


Manuel Dionisio Fernández Aceval
Recibí un correo en el que alguien me hablaba sobre un articulo escrito en ABC el 04 de Noviembre de 1970 pags.20 y 21 por el escultor Sebastian Miranda (1885-1975),amigo personal de Zuloaga y del Conde de la Maza en el que me preguntaba si el "Manolito Dionisio" al que se refiere pudiera ser Manuel Dionisio Fernandez Aceval del que yo hago una reseña biográfica en mi blog "De hombres,toros y caballos" breve porque breve fue su dedicación profesional al toro, a la que accedió encaprichado tras una exigua formación como aficionado práctico. Reproduzco aqui el articulo de Miranda por bien escrito y por curioso, pues desvela aspectos que son poco conocidos de Fernandez Aceval, quien se casó con una dama rusa y emigro a Francia donde morirìa con 69 años. Los datos biograficos del diestro estan aquí, en este blog
http://gestauro.blogspot.mx/2014/07/manuel-dionisio-fernandez-acebal.html
y el artículo " La Rusa y el Andaluz" es el que sigue:
"Al finalizar este mes de agosto la semana grande de la Feria Bilbaína, sentí la nostalgia de evocar gratos recuerdos, pues según dice el vulgo no nos queda a los viejos más que ese recurso. En cuanto a lo que a mí respecta, estoy en total desacuerdo, puesto que yo gozo tanto con el pasado como con el presente y el futuro. Lo que cuenta en esta vida es seguir viviendo. Y como todavía le quedaba ai verano una larga cola, emprendí un viaje sin rumbo determinado, que es uno de mis mayores placeres. A la salida de Zumaya me detuve ante la hermosa mansión del que, en vida, fue mi generoso amigo, el genial pintor Ignacio Zuloaga. Dando a la carretera de San Sebastián, y debajo de unos arcos colmados de jazmines, heliotropos, geráneos y embriagadoras magnolias, se suceden en este apartado edificio la capilla, el delicioso e interesante museo y una encantadora habitación independiente, que solía ofrecerme casi todos los veranos. Pues allí fue, en aquel lugar de ensueño, donde me enteré, a comienzos de agosto del año 26, que la mujer que yo perseguía tenazmente durante tantos años iba a llegar al Balneario de Cestona, distante 4 kflómetros de mi vivienda. Y aquella misma mañana fui a su encuentro, a esperarla, y al fin, en el mismo camino, recibí la anhelada respuesta.

Manuel Dionisio, el dia de au alternativa preparado para poner banderillas (foto ABC)

Pocos días después, en los frondosos jardines del glorioso pintor, donde se asienta, aislada, su maravillosa casa con su playa, frente al mar, se celebró, gracias a la generosidad de mi amigo, la íiesta de la petición de mano, a la que acudieron, aparte de nuestros familiares, mis últimos amigos Julián Cañedo, don Ramón del Valle-Inclán, Belmonte, Ramón Pérez de Ayala y Julio Camba. ¡Cómo no tener presente para toda la vida aquellos rincones de la costa vasca! Sumido en agradables recuerdos, continué mi viaje. A la salida de Biarritz me detuve vacilante ante dos caminos, inseguro de cuál de Bayona. De pronto me fijé en la verja de entrada a un frondoso camino, en cuyo fondo se vislumbraba la fachada del suntuoso chalet. Indudablemente yo conocía aquel lugar. Se agolparon en mi mente el recuerdo de una de las visitas más singulares que hice en mi vida, y que tuvo lugar el año 35; justamente otros tantos habían transcurrido desde entonces. La protagonista era una princesa rusa; una de las mujeres más hermosas y adineradas de aquel inmenso y misterioso país. Sospecho que muchos de mis lectores sonreirán con cierto excepticismo comentando que el curioso y divertido relato que les ofrezco es invención mía. Desgraciadamente carezco de imaginación y fantasía, y, por lo tanto, todas mis historias son pura realidad. Para cabal conocimiento de ésta he de remontarme al año 10, que fui por primera vez a la Feria de Sevilla en compañía de Ramón Pérez ds Ayala y Julián Cañedo. Allí conocimos una pandilla de amigos, capitaneada por Guillermo Pickman e integrada por Rafael Candao, el poeta Villalón, Manolito Dionisio y otros.
Este último, de distinguida y acomodada familia sevillana, alentado por su valor y desmedida afición a nuestra fiesta nacional, se metió a torero y llegó a tomar la alternativa en Madrid. Aparte de sus aficiones, gozaba fama de hombre excesivamente ingenuo, y se contaba que celebrando en su casa un almuerzo de cumplido, le advirtieron que se mantuviese correcto y no fuese a meter la pata. Cumplió su palabra, pero a la hora de servirse el convidado una chuleta, no pudo contenerse y exclamó: "Jozú, a la que yo le tenía echao el ojo". En otra ocasión, al despedirse nuestra hermosa Soberana en una fiesta campera en "Los Arenales", el cortijo de los condes de la Maza, gritó lleno de entusiasmo: "¡Viva la Reina más bonita de España!", lo que dio lugar a que todos los invitados le felicitasen con cierta guasa, por lo que me creí obligado a salir en su defensa. A mi regreso a Madrid, pasados unos años, haciendo en Gijón "El Retablo del Mar", me encontré con Leopoldo, y al preguntarle por Manolito Dionisio, me dijo: —En Biarritz le tienes, casado con una princesa rusa. Vete a darle un abrazo, que siempre te recuerda con gran cariño. Quedé tan absorto, tan asombrado, que le rogué me diese a conocer detalles. —Antes quiero que me prometas hacer una estatuilla de mi hija Cristina, de garrochista, en traje campero, y me pongas un precio de amigo. -—Prometido.
Pero ahora venga el relato de esa boda sin omitir detalle. Y me contó todos los pormenores de aquel acontecimiento. Años atrás había recibido el conde una carta de nuestro embajador en San Petesburgo, suplicándole acompañase a una princesa rusa que iba a pasar la Feria y Semana Santa en Sevilla. Como por entonces tuvo que hacer un viaje a Méjico, encomendó a Manolito que le sustituyese pilotándola por Sevilla. Y así lo hizo con gran agrado, dándose la circunstancia de que pese a que ella desconocía nuestra lengua y Manolito no sabía más que el andaluz cerrado, se entendieron tan divinamente que a los pocos meses se casaron como Dios manda. Parece ser que esta señora, ya un poco talludita, había sido en su primera juventud de una belleza tan fascinadora que sometía a su mandato a las más pavorosas fieras de las selvas africanas, rindiéndose deslumbradas ante aquel prodigio. No ss atribuya esto a caprichosa hipérbole, sino a la más estricta realidad, puesto que en aquella época actuaba de domadora de leones y tigres en el famoso Circo de Moscú. Realzaba sus encantos y atractivo cubriéndose con un tenue y transpa- rente tejido, semejante a las medias que usan las damas. A qué extremo llegaba su fascinadora hermosura, que un conde o príncipe millonario enloqueció de amor por ella y se casaron. Como estaban ya muy lejanos sus años mozos, se le indigestó este exquisito bocado de la domadora, y al cabo del año la dejó viuda y dueña de una inmensa fortuna y de un enorme tesoro en joyas, muchas de ellas de regia procedencia. Y esto fue, aparte de su bellísima pelleja, lo único que pudo poner a salvo la fascinadora princesa instaurado el comunismo. Reconocerán mis queridos lectores que, debido a todas estas circunstancias, era lógico que yo sintiese deseos de abrazar a mi viejo amigo y conocer personalmente a la gentil princesa. A mi paso por Biarritz, en agosto del 35, camino de Italia y en compañía de mi adorada mujer, me detuve allí para visitarles. No fue tan fácil encontrar su vivienda. Nadie conocía a Manolito Dionisio, pero un vecino más avispado, a quien le dije que se trataba de un español casado con una princesa rusa, cayó en la cuenta exclamando: "Seguramente será Mr. Fernandas", y él mismo nos condujo al chalet donde me detuve al comienzo de mi relato, recordando que 35 años antes entramos en la mansión de mi viejo amigo. Lo primero que me sorprendió al entrar en un amplísimo salón, fue ver una enorme mesa muy larga repleta de toda clase de apetitosos fiambres y más de una docena de pequeñas mesitas sobre con varias copas, y al lado de cada una de ellas, el "champagne" enfriando en un cubo. En otras, terrinas de Poi y caviar. Tan alucinado y sorprendido estaba que no advertí de momento la presencia de mi amigo, que vino a abrazarme con gran alborozo, tartamudeando más que de costumbre, de pura emoción: —¡Qué alegría, chiquillo, qué alegría y qué sorpresa! —Luego era cierto lo que me dijo nuestro amigo Leopoldo, que te habías casado con una princesa rusa y millonaria. —¡Poesía, poesía, no te diré que estemos sin tabaco porque ha podido sacar sus alhajitas, pero la "tela" se quedó por allá. —¿Y entonces cómo explicas todo este festín que parece de las mil y una noches? —Te lo aclararé en dos palabras. Como uno conoce tanta gente y sabes que uno tiene buenas relaciones, me han hecho representante de una casa de vinos de Burdeos, y ellos son los que se encargan de traer y abonar todo esto. Además la gente tiene curiosidad por conocer a m| mujer. Nos haréis un favor si os quedáis esta tarde, que se reunirán aquí las gentes más famosas del mundo, reyes y príncipes, políticos, Charlot y la Greta, Maurice Ctievalier, la Yvette Guilbert, Herriot. Anda, quedarse y ahora mismo nos vamos a tomar unas copas. Y éstas hicieron rápidamente su efecto en uno y en otro, y en tanto yo afirmaba que las ingenuidades de Manolito le dieron una falsa fama, afirmando que era muy inteligente, se presentó de pronto la princesa, a quien me fue imposible verla toda una vez.
Era tan alta, tan imponente, que semejaba a una de esas hermosas cariátides griegas esculpidas al doble del tamaño natural, y que precisa separarse de ellas un trecho para poder contemplarlas en toda su integridad. Y en un francés con un infernal acento, todavía peor que el mío, me dijo: —«Qué decía usted, que mi marido es muy inteligente? Ja, ja, ja. Y soltó una interminable carcajada despectiva, sarcástoca, cruel; carcajada que me produjo escalofrío, porque yo le observé disimuladamente y vi que mi amigo estaba a punto de arrancarse, y para evitar la tragedia que se avecinaba, me levanté pretextando el largo viaje que nos esperaba. Abracé cordialmente a Manolito, besé una y otra mejilla de la hermosa cariátide y durante todo el recorrido por la divina Italia no se apagó el eco de aquella carcajada. Han pasado 35 feños¿y otra vez he vuelto a recorrer los mismos lugares y a escuchar el celestial acento italiano, y, aunque más lejano, todavía no se había extinguido el eco de aquella carcajada ni se me había borrado de la mente la efigie de la hermosa cariátide.
Sebastián MIRANDA.

viernes, 17 de febrero de 2017

DIODORO CANOREA



Diodoro Canorea Arquero nació en Cabezamesada (Toledo) el 22 de noviembre de 1922. Comenzó su vida laboral en el Banco Central en Madrid, donde conoció y contrajo matrimonio con Carmen Pagés Prieto, hija de Eduardo Pagés, empresario de Sevilla desde el año 1934.

A partir de 1959 se hace cargo de la gerencia de la plaza sevillana, cuando la Feria de Abril sólo constaba de cinco festejos. Durante 40 años y hasta el año 2000 fue el máximo responsable de los espectáculos de la Maestranza, aunque su actividad empresarial le llevo a explotar simultáneamente hasta 23 plazas en una sola temporada. Fue empresario de Madrid, Zaragoza, Córdoba, Ciudad Real, Toledo, Jaén, Cádiz, El Puerto de Santa María, Ibiza, Pozoblanco, Andújar y Écija.Falleció EL 28 de Enero de 2000 a la edad de 77 años, a consecuencia de un paro cardiaco que le sobrevino en su domicilio de Sevilla.Su hija Mercedes, a las cinco de la madrugada, alertada por la luz del salón de la casa, descubrió a su padre gravemente enfermo, sentado en un sillón y con la televisión encendida. Fue trasladado inmediatamente a la clínica del Sagrado Corazón, donde sólo pudieron certificar su muerte.

EDUARDO PAGES


Eduardo Pagés Cubiña, nacido en Barcelona en 1890, tenía tres cualidades fundamentales: la imaginación, la perspicacia y un gran sentido empresarial. Fue, entre otras cosas, revistero y escritor en el semanario taurino ‘El Miura’ en los inicios del siglo XX, firmando con el pseudónimo Don Verdades. Años más tarde también colaboró con el periódico ‘Arte Taurino’ de Madrid y en el taurino ‘Zig-Zag’ desde el 1918 al 1930, además de dar conferencias y escribir libros taurinos como “Joselito y Belmonte ¿Cuál de los dos?” en 1918 o la “República del Toreo” en el 1931, entre otros. 

Fue también apoderado y ganadero. Su aportación más importante como apoderado fue la creación del “charlotismo español” en el espectáculo cómico-taurino con grupos como “El Empastre”, “El chispa y sus botones”, “Fatigón y su tonto” y “El bombero torero”, a los que contrató en Sevilla antes y durante su etapa de empresario. Como ganadero llegó a lidiar sus toros en la Feria de Abril de 1929 la tarde del 19 de Abril.
Ya como empresario monta su primera Feria de Abril en 1933 con cuatro corridas de toros y una novillada con picadores. Es el primero en firmar exclusivas apostando por los toreros más interesantes del momento, ofreciéndoles más que nadie y contratándolos con un apretón de manos, que era su manera de estampar una firma y cerrar un acuerdo. 


Y así, en 1934, tras una periodo convulso con ganaderos y competidores, consiguió hacer reaparecer a su gran amigo Juan Belmonte, del que era un fiel partidario y al que le firmó una exclusiva de 30 corridas. A comienzos de los años 40 prolongó su contrato de arrendamiento con la Real Maestranza, ya sin límite de tiempo. Simultáneamente fue también empresario de plazas como Madrid, Santander, Salamanca y Murcia, entre otras, además de ser propietario de los de San Sebastián y Valladolid. Precisamente en el ruedo murciano, Pagés organizó por primera vez en la historia una “corrida goyesca” el 15 de septiembre de 1929; aunque el festejo resultó un rotundo fracaso, la fórmula goyesca cuajó con el paso de los años. Eduardo Pagés falleció en Sevilla, victima de una embolia, el 25 de julio de 1945.

miércoles, 8 de febrero de 2017

“EL BIZCO PARDAL” José Ramón García Pardal



Nacido en Écija el día 9 de Diciembre de 1877 en la calle Moleros nº 5, hijo de Antonio García Fijo y de Maria de la Asunción Pardal y Bermudo. un defecto físico, unido al segundo de los apellidos del personaje, se convierte en apodo.
Cantaba y bailaba flamenco con mucha gracia , trató de ser torero y se quedó en becerrista. Una vieja placa fotográfica realizada en el estudio Saiz Herrera, en la Plaza de Villasis, 3, esquina a la calle La Plata, por el fotógrafo Francisco Vargas González, lo atestigua. Bizco Pardal, su nombre artístico, torea con el Rubiales y el Mauro. De su paso por el mundo del toro solo quedan sus anécdotas ,era un hombre ocurrente, un personaje de una gracia innata que vivía del mundo de la farándula, de las fiestas privadas y, especialmente, de los sablazos, aprendió a vivir sin trabajar. Sus víctimas solían ser siempre toreros de renombre como Belmonte, Joselito o Chicuelo.
Vivió en la Alameda de Hércules, en una casa de vecinos de la calle Oviedo, donde tramaba sus mangazos. Era vecino del abuelo de Caracol, El Águila, que era capaz de venderle el reloj del Ayuntamiento a Castelar. El Pardal se encontró en una ocasión con Joselito el Gallo y, de una manera totalmente improvisada, se echó a llorar ante él. José le preguntó el motivo de sus lágrimas y El Bizco le dijo que se le había muerto su madre y que no tenía dinero para enterrarla. Naturalmente, el hijo de la Señá Gabriela le dio quinientas pesetas, un cariñoso abrazo, y el pésame. Al mes o algo más de aquello, el torero estaba sentado en el velador de uno de los cafés que había en la Alameda, cuando vio estupefacto que El Bizco se paseaba tranquilamente con su madre por la soleada plaza, y enseguida supo que la madre del cómico era cualquier cosa menos un fantasma. José le preguntó, con la cara pálida: “¿No me habías dicho que tu madre se había muerto?”. En vez de derrumbarse y decirle que le había mentido porque no tenía qué comer aquel día, el célebre pícaro astigitano se lo explicó con total naturalidad: “Y era verdad, primo, pero los domingos la dejan salir del Huerto del Señor para tomar café conmigo, que estoy muy solito”. José se tronchó de la risa, claro.
Los toreros siempre han necesitado de válvulas de escape a sus oficios, y no es nada raro aceptar que cuando había oportunidad de pasarlo bien, o se encontrase con José Ramón, fuera una excusa estupenda de que le contara algunas de sus cosas, que mas bien que chistes , eran anécdotas puras que le habían pasado o alguna invención suya. Murió joven,en Sevilla, con 50 años, el 16 de Agosto de 1927.

ANTONIO DUARTE ACUÑA


Nació en Algeciras el 12 de junio de 1900, hijo de Antonio Duarte y Olea, lidiador modesto y hermano de José Duarte Sus primeros ensayos como lidiador los efectuó en el matadero de su ciudad natal, y vistió por vez primera el traje de luces en la misma población en 1915, en una novillada sin caballos en la que su padre figuró como matador. Las plazas de Ronda y La Línea, San Roque y otras de la comarca fueron los escenarios donde el joven Antonio Duarte Acuña se 'fué ejercitando como banderillero por espacio de varias temporadas, hasta 1922, en cuyo año fué a Madrid, donde fué toreando suelto con unos y otros. En 1925 se doctora el niño de la Palma y se encarama a los primeros puestos de la Torería, y Antonio Duarte, que había sido compañero de penas y fatigas de Cayetano Ordóñez, logra un puesto de confianza en la cuadrilla del espada de Ronda. Permaneció a las órdenes de éste hasta finalizar el año 1927, y en estas tres temporadas consiguió labrarse un buen crédito y darse a conocer de los públicos en las plazas más importantes. Durante el año 1928 fué subalterno de Valencia II. En 1929 fué de nuevo con el Niño de la Palma. En 1930 figuró en la cuadrilla de Cagancho. 
Y en la de 1931 pertenece a la de Nicanor Villalta. Sin renunciar al capote de brega y a las banderillas, Antonio Duarte intento ser matador, Sufrió de las astadas reses dos percances de relativa gravedad: El primero fue en 1917 en la plaza de Algeciras y consistió en una cornada en el muslo izquierdo inferida por un novillo de Abreu. Y el segundo, el 13 de mayo de 1926, en Madrid, en la sexta corrida de abono, cuyo sexto toro, de Bueno, le cogió por querer aprovechar para clavar un par completamente cerrado en tablas, y le infirió una cornada en el muslo izquierdo. Fue a México, donde actuó con el Niño de la Palma durante el invierno de 1925-26.

sábado, 21 de enero de 2017

MANOLO CAMPUZANO.


Matador de toros español, nacido en Sevilla el 19 de diciembre de 1970.. Es el hermano menor de otros dos toreros sevillanos que vienen anunciándose en los carteles con el mismo apellido, José Antonio Rodríguez Pérez ("José Antonio Campuzano") y Tomás Rodríguez Pérez ("Tomás Campuzano"). El ejemplo de sus dos hermanos mayores le inclinó desde muy joven hacia el oficio del toreo, vocación que desembocó en la plaza de toros de Palma de Mallorca el día 16 de agosto de 1987, cuando Manuel Rodríguez Pérez ("Manuel Campuzano") hizo su presentación en un festejo asistido por el concurso de los varilargueros. Aquella tarde de su debut, acompañado en los carteles por "Soro II" y "Espartaco Chico", el joven novillero sevillano lidió y mató a una res perteneciente a la vacada de don Alipio Pérez-Tabernero Martín, y a otra criada en las dehesas de Los Majales.
Al igual que hiciera su hermano Tomás, en toda su carrera de novillero no se atrevió a enfrentarse al severo dictamen de la afición que puebla los tendidos de la plaza Monumental de Las Ventas (Madrid), lo que da buena muestra de las pocas ganas de ser torero que, en el fondo, sentía "Manuel Campuzano" (su hermano, al menos, triunfó en calidad de novillero en otras plazas principales). Es, en efecto, este irrelevante torero un buen ejemplo de aquellos diestros que llegan al planeta de los toros movidos sólo por presiones familiares o, simplemente -como en su caso concreto- por mera emulación del oficio que han visto ejercer a algunos parientes; pero el Arte de Cúchares no se transmite por vía genética, como lo prueba las dificultades que han debido superar casi todos los miembros de las principales dinastías toreras. Entró, en fin, "Manuel Campuzano" en el escalafón de los matadores de toros asistido, de nuevo, por sus dos hermanos. Y así, el día 9 de abril de 1994, en el coso de la localidad pacense de Zafra, hizo el paseíllo flanqueado por José Antonio, que apadrinaba su alternativa, y por Tomás, que comparecía en calidad de testigo.
El toro con cuya lidia y muerte se doctoró el toricantano era un morlaco negro zaino perteneciente a la divisa de los señores herederos de don José Escobar, que atendía a la voz de Presidente IV. Y aunque "Manuel Campuzano" anduvo sobrado en la lidia de este su primer enemigo, y cortó luego una oreja al sexto de la tarde, lo cierto es que a partir de entonces su nombre apenas ha vuelto a verse anunciado en los carteles. Ello no debe de importar demasiado al diestro sevillano, pues ni siquiera se ha molestado en confirmar en Madrid aquella modesta alternativa.

martes, 17 de enero de 2017

EL INVENTOR DEL "TELEFONO"



Se puede comprender que no he de referíme al prestigioso fisico Mr. Bell, que vió la luz en la tierra del whisky, sino al inventor del remate o adorno tauromáquico que se conoce por la "suerte del teléfono", denominada asi porque su ejecutor apoya el codo sobre el testuz de la res y doblando el brazo, coloca la mano a la altura de la oreja. No sé quien bautizó este adorno con el nombre de "la suerte del teléfono", que es una definición arbitraria, pues también pudo ponerle "la suerte del pensador, y como alguno que otro de sus ya plurales ejecutantes, en vez de acercar su oreja a la mano reclina sobre ésta la frente, por la nueva postura pudo pasar a la historia taurina con el remoquete de la suerte de la jaqueca o ¡hay que ver cómo está esto!" Tampoco he de negar su mérito ni su riesgo evidentes, aunque hable de dicho adorno —que no suerte— un poco a la ligera. Mi propósito consiste, sencillamente, en aportar un dato exacto para la historia anecdótica del toreo, desvaneciendo el error que existe respecto al primer realizador del "teléfono".
Me refiero a Jerónimo Loizaga Arana, el "alias" usado por este mozo fue el de "Chatillo de BaracáIdo", mote plenamente justificado por lo exiguo del apéndice nasal del torero que vió la luz en el alegre y pintoresco pueblo bilbaíno.Este "Chatillo de Baracaldo" fué el que en la Plaza de Madrid, en corrida nocturna y durante la lidia del primer novillo —un novillo que pesó de las veintiocho arrobas, colorado y velete por más señas, aunque por el momento no recuerde á qué vacada pertenecía—., remató el primer quite apoyando el codo en el testuz del astado, y la cabeza del artista descansó en la mano de su brazo doblado. entre el palmoteo unánime de la multitud. Había nacido el remate del "teléfono". Ocurrió el caso durante la canícula de 1917, y tuvo un pintoresco preámbulo que voy a contarles. En Madrid habia un café construido con tablas, cuyo piso era de tierra, que se alzaba justamente donde hoy está el cine del Callao. Ante su extensa portada se formaban todas las noches numerosas tertulias familiares o de amigos en torno a los marmóreos veladores y ocupando los tertulianos unos amplios y cómodos butacones de mimbre. Los que llegaban tarde tenían que conformarse con una silla, desde la cual envidiaban la patriarcal molicie de los que se arrellanaban en los sillones mimbreños. Alli acostumbraba a ir Antolin Arenzana, "Recajo".
"Recajo" era un conversador amenísimo y hombre de ingenio rápido y agudo, tan peligroso cuando se disparaba contra el "enemigo" como afable y cordial para quien gozase de su amistad. En torno a "Recajo" pululaban todos los mozos bilbaínos que llegaban a Madrid con la ilusión puesta en la difícilísima Meca de la carretera de Aragón. Pues en la noche de un viernes, víspera de la corrida nocturna para ia que estaba anunciado "Chatillo". acudió éste a la tertulia para aconsejarse de "Recajo" y para captarse la simpatía y la cordialidad de los "revisteros",presentes en la tertulia, y que enjuiciarían su actuación. Más por pachorrudo que por sufrido. "ChatiIlo de Baracaldo", encajaba todas las pullas que amigos y compañeros le dirigían.
—Creo que os van a soltar seis chotas—lanzó uno.
—Mejor, asi harán menos daño—contestó "Chatillo"
—Nada de eso —terció "Recajo"— la novillada peca de grande y de pitones.
—¿Llorarás entonces, o así?—interrogó al protagonista, otro paisano.
—Según el daño que me hagan. Pañuelos ya llevaré.
—A ver si dejáis al muchacho —intervino el Doctor "Anás", que era vizcaíno también—.
Yo no sé si su éxito será grande o chico: pero de lo que estoy seguro es de que '"Chatillo" saldrá decidido a arrimarse.
--Oiga usté que sí. dotor —contestó el torerillo. animado por tan buen valedor—.
Yo no digo que me voy a montar en los toros, como suele decir alguno de éstos, pero lo que sí le aseguro es que al primer quite que haga, a poco que el novillo me embista, le voy a poner el codo en el testuz. 

Aquello fué destapar, no el tarro, sino la tinaja de las chuflas, que cayeron torrencialmente sobre "Chatillo de Baracaldo" entre risotada ; bullanga. "Chatillo" siguió encajándolo todo roí su sonrisa de buena pasta, y paulatinamente fue desviando la conversación de unos y otros por distintos derroteros, para reposo del espíritu del torerillo baracaldés. A la noche siguiente ocupában sendos asientos del tendido la mayoría de los componentes de la tertulia. Al hacer el paseíllo los buscó "Chatillo" con la vista y los saludó con una sonrisa y, una vez cambiada la seda por el percal se acercó a la barrera.
—¡"Chatillo"! —le dijo uno de los del grupo de "amigos"
—, que no se te olvide lo del codo...
"Chatillo" echó la cara al suelo sin contestar y se alejó del área de sus "incondicionales", muy relativos. Salió el primer toro, el cual, como los restantes, poseía las características anunciadas por "Recajo". Los seis fueron grandes y descarados de armamento. A "Chatillo" como debutante le correspondía el tercero. Pero durante la lidia de los anteriores, cada vez que entraba a hacer un quite, sonaba alguna voz con el recordatorio —"Chatillo", el codo! "Chatillo" ni los miraba siquiera. Y no faltó quien comentase: —En la tertulia del café se matan muchos toros recibiendo...
Y salió en tercer toro, que ya he descrito al comienzo. "Chatillo de Baracaldo" escuchó una ovación porque le lanceó muy quieto, cargando la suerte y jugando los brazos con soltura. Puesta en suerte la res se arrancó muy fuerte y derribó al caballo, dejando al jinete al descubierto. Nuestro "héroe" metió el capote en el hocico del toro y se lo sacó al tercio aguantando tas tremendas tarascadas. Y ya en el tercio se paró con él, le dió tres verónicas ceñidísimas y rematando con media espeluznante, porque se quedó casi encunado, recogió el capotillo con la mano derecha y. acodando el brazo izquierdo sobre el testuz, volvió la cara hacia el tendido que ocupábamos... Así se realizó por primera vez, que se sépa, la "suerte del telefono" en la Plaza vieja de la Carretera de Aragón.Parece ser que en un posterior derrote del toro, por Insistir "Chatillo" en mantener la arriesgada postura, cuando realizó su proeza, ya había sufrido "Chatillo de Baracaldo" más de tres cornadas, todas ellas de gravedad, sin afligirse por ellas, buena prueba de un valor enorme. A pesar de lo cual no pudo ser torero y se dedicó al negocio de compraventa de máquinas de escribir, del que vivió, muchos años el creador del "teléfono" taurino.

jueves, 12 de enero de 2017

EL TORO "JAQUETON"


Qué lejos estamos, del 23 de Abril de 1887, de aquellos tiempos en que salían a la plaza toros como el de la ganadería del cura Solis, antes del marqués viudo Salas, que hizo famoso su nombre de Jaquetón La raza de toros de lidia ha venido tan a menos, que parece cuento o leyenda el relato de lo que Jaquetón hizo en el coso madrileño. Los que sólo hayan visto toros de pocos años a esta parte, no se explicarán que en otro tiempo los haya habido tan bravos como éste de que hoy vamos a hablar.  Para él salieron los cabestros al ruedo, pero no como salen ahora un día sí y otro también, sino para todo lo contrario, para sacarlo vivo en premio a su bravura. Jaquetón era cárdeno, chorreado, apretado de cuerna, codicioso, noble y de extraordinario poder. Se lidió en cuarto lugar en aquella corrida, en la cual actuaron de matadores Currito, Frascuelo y Ángel Pastor. Ya estaba el público entusiasmado con la buena presentación y con las faenas de las tres primeras reses, cuando se dio suelta a Jaquetón. Sus hermanos lidiados antes que él fueron : Caballero, que tomó ocho varas y mató tres caballos; Mirandillo, que recibió ocho puyazos y dejó muertos dos pencos, y Cabezudo, que resistió diez lanzazos y dejó cuatro cabalgaduras para el arrastre.Tomó Jaquetón nueve varas, echándose los caballos a la cabeza seis veces y dejando siete de éstos muertos. 


Empezó destrozando, apenas salió del chiquero, el caballo del Sastre y el de Paco Fuentes, que eran los picadores de tanda, y, cuando terminaba el primer tercio, después de una faena estupenda, persiguió a un caballo desde los medios hasta las tablas.No había descansado ni un momento, y de pronto se le vio hundir la cabeza entre las manos y empezar a moverse presa de una convulsión espantosa.Tocaron los clarines a banderillas, y Ángel Pastor se dispuso a parear, pero el público, entusiasmado con la bravura del toro, pidió que no le banderillearan. Esto no obstante, uno de los rehileteros de Currito, apodado Corito, puso un par, siendo objeto de iracundas protestas del público.El presidente, accediendo a lo que el público pedía, ordenó por fin la salida de los cabestros; pero Jaquetón ni los veía ni podía andar. Estaba cada vez más convulso y con el hocico clavado en el suelo.Por fin, salió Currito, y dio fin de la extraordinaria res con un descabello, después de tres intentos.Cuando fue arrastrado el toro, la plaza entera aplaudió entusiasmada Reconocido Jaquetón en el desolladero por el profesor veterinario D. Simón Sánchez, resultó tener roto un pulmón a consecuencia de los esfuerzos que hizo en su faena de varas. Jaquetón, en opinión unánime, es uno de los mejores toros que se han lidiado en la plaza de Madrid.Los veterinarios quisieron desecharlo en el apartado por chico, feo y mal encornado. En Madrid, no hace muchos días, fueron admitidas como buenas reses que después di muertas se vio que no tenían la edad. ¡Lo que va de ayer a hoy!