martes, 29 de abril de 2014

ANTONIO PEREZ "OSTION"


Era un torero de los que dejan vivo recuerdo para muchísimos años en la memoria de los aficionados. No habrá uno solo de los que van ya “bajando la cuesta” que no se acuerde, como si acabara de verle, de aquel banderillero sin igual, que, sonriéndose y mirando hacia arriba constantemente, citaba a tos toros, los preparaba, corría delante de ellos con la misma agilidad y con la misma rapidez de frente que de espaldas, corno si hubiera jurado no volver la cara ni el cuerpo nunca ante las reses, y cuando se decidía a clavar los palos más los hundía que los clavaba. En el momento de la reunión, gritaba el público a coro! Huuuu ¡ sabiendo de antemano lo que había de suceder. Y lo que sucedía era que los rehiletes, al entrar en el cuerpo del toro se quedaban tiesos, vibrantes, como si milagrosa y repentinamente hubieran echado raíces en él. Un par de banderillas de Ostión valía por una buena docena de pares de otro; tanto era lo que castigaban. Ha habido, hay banderilleros más elegantes, más "sabios", más "bonitos", pero "más banderillero" que Ostión, ninguno, si se tiene en cuenta el objeto del segundo tercio de la lidia... El homónimo del histórico secretario de Felipe II (algunos chistecitos fáciles inspiró la homonimia) nació en Laguardia, provincia de Álava, el 27 de Diciembre de 1847, siendo sus padres Eusebio Pérez y Mercedes Peciño, labradores de modesta posición.
Cursó la instrucción primaria y luego, apenas tuvo catorce años, le dedicaron sus progenitores al oficio de albañil en su pueblo natal. Huérfano de madre al año siguiente, se trasladó a Bilbao con el autor de sus días, y allí se despertaron en él las aficiones a torear que, más decididas cada vez, le impulsaron a probar fortuna. El ario 1866 salió a rejonear un novillo embolado, sin tener noción alguna de cómo debía practicar la suerte y llevado sólo por su entusiasmo y su afición indomables. El bicho le cogió, le volteó, le zarandeó, le dio una paliza formidable, más que suficiente para que cualquier otro que le viera en su caso renunciase para siempre jamás a acercarse ni de cien leguas adonde hubiese bichos con cuernos, así fuesen caracoles... Pero Antonio era un carácter. Se había empeñado en ser torero, y apenas curado de las .contusiones que recibió en su primera salida, se dio a ensayarse, a practicar y a fijarse mucho, y al fin salió de banderillero en una primero y luego en todas las fiestas de toros que se celebraban por aquella época en las provincias vascongadas. Su ambición no estaba satisfecha con esto. Quiso matar, y lo hizo por primera vez, y a petición del público, en Orduña. Aquella tarde debió de acordarse mucho de su primera hazaña, pues también fue alcanzado y herido por la res...
No tuvo en cuenta el incidente y salió a matar otro día en Bermeo. También fue cogido. Intentó matar por tercera vez en Orozco y sufrió otro volteo y nuevas heridas ¿Hubieran continuado muchos después de estos éxitos? Ostión continuó. El año 1871 tomó parte en las corridas que dieron en Bilbao Lagartijo, Currito y Frascuelo. El mismo año mató en Santander y en Vitoria, y siguió toreando sin graves percances, hasta que en 1873, cuando la guerra civil, decidió alistarse en un cuerpo de movilizados liberales para perseguir a los carlistas, pues era liberal de corazón. Hizo la campaña hasta que concluyó la guerra y... volvió a torear. ¡Cualquiera le convencía de que debía ser otra cosa que torero! Reapareció en Bilbao el 2 de Mayo de 1876, como sobresaliente de espada, en una corrida verificada para conmemorar el aniversario del famoso sitio, y así continuó durante dos años, captándose grandes simpatías por sus cada vez mejores deseos de agradar. Siendo banderillero de Felipe García, con quien competía en facultades, pues si Ostión clavaba hasta el palo de las banderillas, "su matador" rompía los estoques cuando pinchaba en hueso, hizo Antonio Pérez una cosa inolvidable que produjo enorme impresión y aumente) las muchísimas simpatías de que ya gozaba. En el primer año (1883) en que empezaba á meter ruido Guerrita, los banderilleros quisieron "hacer cosas", y Ostión no se quedó atrás. Pareando con Joseito toro de Veragua, llamado Zancajoso, Ostión, dando una prueba más de quién era, le clavó un par a topa carnero, único que en esta suerte se ha puesto en la plaza madrileña.
Ni antes ni después que él se ha atrevido nadie a hacer otro tanto. La ovación correspondió a la hazaña, y para que todo fuera extraordinario en aquel lance, se dio el caso de que entre los sombreros, cigarros, botas de vino y otras cosas que le echó al redondel el público entusiasmado, figuró un ¡conejo vivo! Su popularidad, ya muy grande, creció más todavía con las faenas que realizó como matador de novillos, pues entre los de su época logró ocupar los primeros puestos del cartel y ser uno de los predilectos del público. Cuando Valentín Martín tomó la alternativa., dejando una vacante de banderillero en la cuadrilla de Frascuelo, le reemplazó Ostión, que entonces era (por algo lo elegiría Salvador) el rehiletero más bravo y de más facultades que pisaba el ruedo. No sabía adornarse, pero castigarlos, como ningún otro. En la memorable corrida que lidió Frascuelo el 26 de Mayo de 1887, en el cual se corrió ganado de Veragua, que resultó excelente, y estuvo el gran matador a una altura inconmensurable, pues despachó los seis toros en siete cuartos de hora escasos, banderilleó Ostión en compañía del Bebe; logrando aplausos sin cuento. De él dijo La Lidia al reseñar aquella memorable fiesta: " "Ostión pareó con ese soberbio poder y esa frescura inalterable que hacen de él un banderillero único más que raro. Y hasta quiso adornarse en alguno que otro quite. ¡Adornarse el Ostión! Era un colino irrealizable, y claro es que no llegó a conseguirlo.
¡Pero lo intentó...!" Al retirarse el incomparable Salvador, pasó Antonio Pérez a la cuadrilla de Lagartijo, y en ella estuvo hasta que se retiró de los toros obligados por una dolencia terrible que puso fin a sus días. La última vez que trabajó el Ostión como matador de novillos, en la plaza madrileña, fue en una corrida organizada a beneficio de Gonzalo Mora, que se celebró el 15 de julio de 1888, y en la Cual, como principal elemento, tomó parte la cuadrilla de Frascuelo. Ostión y el Bebé estoquearon cuatro toros de López Navarro y Montes. Al hacer entrega al beneficiado del producto de la entrada, Ostión, en uno de sus rasgos, renunció á sus honorarios en favor de Gonzalo Mora. De estos arranques tuvo no pocos el famoso banderillero, que era hombre de una bondad extraordinaria. El 14 de Enero de 1894 falleció a consecuencia de un ataque de disnea. No hay que decir cuánto sentimiento causó su muerte entre los buenos aficionados.

RAFAEL MARTINEZ "CERRAJILLAS"


Rafael Martínez, “Cerrajillas” debutó como banderillero en una corrida toreada, el año 1884, en Córdoba por Bebe chico y Pesca, se lo llevo después Bocanegra, y con él y otros elementos formó la cuadrilla de niños cordobeses que dirigieron los antedichos matadores. Durante los años 90, 91 y 92 trabajó al lado de Bebe chico, llamando extraordinariamente la atención de los públicos en banderillas al quiebro. Citaba muy cerca de la cara de los toros, les andaba, hasta el centro de la suerte, y, flexible como un junco, mete los brazos y sale limpio. Lo ejecutaba con toros banderilleados ya y que parecían carecer de condiciones para ello. Lo pudieron comprobar los que tuvieron la dicha de presenciar la corrida que se dio en Córdoba para, con su producto, redimirle del servicio militar, y a los que presenciaron una corrida en Pascua de Navidad en la misma plaza, en cuyas funciones banderilleó como quiso, y mató, en la de Pascua, de una soberbia estocada, un hermoso toro del señor Marqués de los Castellones. Otras Veces ha empuñando Cerrojillo las armas toricidas alternando con El Salamanquino, Murciano, Parrao y Algabeño. Desde 1893 figuró en la cuadrilla de Antonio de Dios, Conejito. En el terreno particular tenia, el defecto de ser demasiado alegre, juerguista Incorregible, decían.

El 13 de Mayo de 1909 puso fin a su vida hiriendo gravemente a su esposa, he aquí el relato de los hechos publicado en "ABC" el 14 de Mayo del mismo año:
"Rafael Martínez (Cerrajillas), banderillero de la cuadrilla de Lagartijo, llegó a su casa a las cinco de la mañana, después de pasar una noche borrascosa de colmado en colmado, acompañado de unos cuantos amigos de buen humor. Al entrar en la casa tropezó con su mujer, y sin mediar palabra ni disgusto alguno, sacó un revólver y disparó dos tiros sobre su mujer, Josefa Menstanza, la cual cayo al suelo bañada en sangre y gravemente herida. Creyendo Cerrajillas que la había matado, volvió el revólver contra sí y se disparó un tiro en la sien derecha, quedando muerto en el acto."

"Rafael Martínez (Cerrajillas) era natural de Córdoba. Desde muy niño demostró sus aficiones por el arte de Cúchares,tomando parte en cuantas capeas y novilladas se organizaban en los pueblecitos de Córdoba y Jaén. En 1890 entró a formar parte de la cuadrilla de Bebe-Chico, con el cual vino a Madrid. Cuatro años más tarde, en la temporada de invierno de 1893-94, se presentó como matador de novillos; después, convencido de que por este camino no iba a ninguna parte, volvió a las banderillas, entrando en la cuadrilla de Conejito. En la temporada de abono de 1900, al colocar un par, le cogió un toro de Benjumea causándole una gravísima herida en un pulmón,que le dejó resentido para toda su vida. Actualmente era banderillero de Lagartijo. Cerrajillas era un torero pundonoroso y valiente; tañía muchas simpatías en la afición y entre sus compañeros."

ANTONIO SEGURA CAMPOS "SEGURITA"



Era muy joven y ya llamaba la atención por el aplomo y el acierto con que veía la lidia  y llevaba la responsabilidad de su cargo, por lo que hizo creer que superaría a cuantos con él empezaron, si bien hay que advertir que siempre tuvo en su contra poner más empeño en bregar a conciencia que en buscar aplausos con adornos vistosos. Nunca fue su fuerte el manejo de la espada, pero hay que reconocer que en sus primeros años de novillero se le veía más acertado en la práctica de dicha suerte, y a propósito de esto se dijo que en sus abandonos pudo influir cierta enfermedad que exigió una intervención quirúrgica. Aseguraba el interesado que aquella dolencia le restaba alegría y facultades para ejercer la profesión. 

Pero es el caso que, resuelto el obstáculo, no cambió él de bisiesto. Como torero sabía como el que más supiera y no ignoraba la manera de practicar lo que había aprendido; pero fué luciendo cada día menos sus aptitudes, no mejoró sus procedimientos de estoqueador, y como no incorporó a su historia episodios de los que hieren la imaginación, el naufragio se hizo inevitable. ¿Cuáles fueron, pues, los rasgos que le distinguieron? Los conocimientos mencionados y sus dotes de peón de brega, los cuales le permitían no solamente realizar una labor eficacísima, sino estar colocado en el ruedo de manera que su capote fuera poderoso instrumento de ayuda y auxilio en determinados momentos de apuro. Nació en Madrid —en l a barriada del Puente de Vallecas —el 28 de diciembre de 1881. Dedicados los autores de sus días a la venta de carnes, a ello se dedicó también Antonio en cuanto aprendió las primeras letras, y es natural que dicho tráfico le obligara a frecuentar el Matadero, en el que sintió los primeros impulsos taurinos. No agradó a sus padres su determinación de hacerse lidiador, pero hubieron de transigir al ver que se interesaba por él un matador de toros tan señalado como Antonio Moreno, Lagartijillo, con el que toreó de banderi llero varias veces. Se ensayó como matador en Plazas de poca monta. El 27 de septiembre de 1898 se presentó en una placita qué hubo en Carabanchel Bajo; siguió estoqueando en ruedos de mayor importancia, y el 19 de noviembre de 1899 pisó por primera vez el de la Plaza de Madrid como tal matador de novillos, al dar muerte a los llamados Cabrero y Azucena, de don Filiberto Mira, alternando con el aragonés Ramón Tarodo, el Alhameño, nuevo también en tai ocasión. Repitió en dicha Plaza madrileña el día 10 de diciembre del mismo año, llevando esta vez de compañero al que fue luego banderillero en la cuadrilla de Machaquito, Ricardo Luque, Camará, y en seguida entró en la primera fila de los novilleros, hasta llegar a ser en 1901 uno de los que más torearon, no obstante hallarse entonces en candelero Vicente Pastor, Chicuelo, Revertito, Saleri, Gallito (Rafael) y otros que alcanzaron popularidad. 

Se hizo rancio en su categoría de novillero, estuvo en México y en el Brasil, y en el año 1906 escribía de él un crítico tan autorizado y ecuánime como Dulzuras: «¡Qué torero tan bueno nos hemos perdido con que se le haya pasado a Segurita la época del furor sin haberse hecho matador de toros!» En tal año toreó solamente seis u ocho novilladas. En 1907, el día 14 de abril, actuó en Madrid como sobresaliente en la primera corrida que dió la Empresa Mosquera (Algabeño y Machaquito, con toros de Veragua); catorce o dieciséis novilladas despachó en tal año. E l 9 de febrero de 1908 estoqueó reses de Miura en Madrid, con Serranito y Gordito, y obtuvo un triunfo absoluto, pues le vieron valiente como un lobo y tan torero como los mejores; pero tan brillante éxito ya no dió frutos, porque el que lo alcanzó estaba gastado, demasiado visto, y el público quiere novedades. No pasaron de diez o doce las funciones que en dicha temporada de 1908 toreó como tal matador de novillos, y antes de que terminase la misma, el día 8 de septiembre, tomó la alternativa en la Plaza de Santoña, fie manos de Guerrerito, con toros de don José Becerra. Solamente aquella corrida toreó en tal año como matador de toros; cinco en 1909, seis en 1910 (entre ellas la de su confirmación en Madrid, el 29 de junio, de manos de Saleri, con Relampaguito de testigo y ganado de don Félix Gómez), siete en 1911, tres en 1912, otras tres en 1913, y aburrido al ver que había pasado su época y estaba destinado a bailar con la más fea, dejó la espada, tomó el capote e ingresó como subalterno en la cuadrilla de Rodolfo Gaona, que fue lo que debió hacer bastantes años antes. En los primeros del siglo fue casi todos los inviernos a América, y estuvo no solamente en México y en el Brasil, sino en el Perú y en Uruguay; pero sacó muy provecho material de tales excursiones. El 20 de abril de 1919, en la corrida de inauguración de la temporada en Madrid (Gaona, Saleri II y Fortuna), al banderillear con las de fuego al toro Camarón, de Benjumea, jugado en cuarto lugar, sufrió una cornada en el muslo derecho, en í que creyó ver un aviso para retirarse. Al hacerlo así, obtuvo un empleo en el Matadero, fue asesor en la Plaza de Madrid y falleció el 31 de enero de 1950.

lunes, 28 de abril de 2014

MANUEL FERNANDEZ SANTILLANA "CHANITO"


Llegó a la profesión por influencia de su hermano José Fernando, trabajando como monosabio en las caballerizas de la Plaza de Toros de Madrid, en cuyo oficio permaneció dos años. En ese tiempo consiguió hacerse un excelente jinete y comenzó a picar en provincias, trabajando por primera vez en una corrida organizada para librarse del servicio militar, en la que estoquearon Vicente Pastor y Joaquín Leonor. El 21 de septiembre de 1902 tomó la alternativa de picador de toros en Madrid de manos de Rafael Alonso, El Chato, día y corrida en que tomó la alternativa de matador de toros Vicente Pastor de manos de Luis Mazzantini.


Sufrió varios percances a lo largo de su vida torera: una cornada de 12 centímetros en el axilar derecho, otra de 19 centímetros en el muslo derecho y la luxación del peroné de la pierna izquierda. Perteneció a las cuadrillas de Mazzantini, Lagartijillo, Litri, Quinito, Vicente Pastor y Regaterín. En el año 1908 figuró en la de Rodolfo Gaona, y en el último año de su vida, en la de Dominguín.


Murió en Madrid el 30 de noviembre de 1920, cuando contaba cuarenta y dos años de edad. Manuel Fernández fue picador de grandes dotes físicas, buen jinete y gran dominador de los toros. La afición le aplaudió calurosamente sus faenas y tenía en ella grandes simpatías.

ANTONIO GIL BARBERO "DON GIL"


En el año de 1823, en la castiza Madrid, nació Antonio Gil el 27 de enero. Desde pequeño se aficionó a la fiesta brava y empezó a verle la cara a las vaquillas en la ganadería del duque de Veragua. Caminar en el medio taurino sin ser sevillano costaba mucho trabajo lograr sobresalir ante la pléyade de maestros de la fiesta que surgían en la región andaluza. Construye una plaza En 1851, ya con 28 años de edad, propone Antonio Gil a varios aficionados construir una plaza para lidiar becerros. Tarea que se llevó a cabo de inmediato y bien puede afirmarse, se dieron gusto como aficionados. Al año siguiente, en 1852, el 25 de marzo, alentado por el matador José Redondo El Chiclanero, participó en un festejo benéfico e hizo cosas importantes, de indudable mérito, como para tomársele en cuenta. Y ese mismo año, en septiembre, actuó en Aranjuez, en un festejo en que Cayetano Sanz mató cuatro toros y los dos últimos Antonio Gil, a quien identificaban como Don Gil.

Maduró con rapidez y estaba listo para recibir la borla de matador de toros. Se le anunció en Madrid y el padrino sería El Chiclanero. Pero no hubo tal ceremonia, porque el maestro murió de tuberculosis y la familia de Antonio se empeñó en que no se realizara el espectáculo. Entonces, sus pasos se encaminaron hacia la catedral de la torería: Sevilla. Aduce la enciclopedia de Cossío que el torero armó la que no estaba escrita desde en su modo de vestir. Nunca se había visto en la barroca capital andaluza a un matador engalanarse de frac azul, con botonadura dorada, pantalón blanco y sombrero de copa. Sin embargo, los empresarios no le tomaban atención y un ganadero, que le había visto condiciones, abogó e influyó para que fuese anunciado. Actuó con regularidad en la región andaluza y su éxito motivó a Manuel Domínguez Desperdicios ponerlo bajo su amparo. Y el 25 de mayo de 1854 debutó en Sevilla y es ahí donde, por fin, recibe el codiciado título de matador de toros.

Los triunfos se eslabonaron, lo que, ante sus cualidades, se le abrieron las puertas de las plazas. Este hecho le valió presentarse en Madrid y confirmar el doctorado el 24 de junio de 1856. A la Villa del Oso y el Madroño volvió hasta 1862, en festejo que alternó con Cayetano Sanz y José Antonio Suárez. Su peregrinar taurino fue recorrer los kilómetros que separan a Madrid de Sevilla. La familia intervino nuevamente y a instancias de ella se vio obligado a retirarse de la profesión. La fijeza de sus ideales Los toreros nunca se dan por vencidos, jamás aceptan que han perdido facultades y menos que no puedan ya con los astados. Es la fijeza en los ideales de quienes se "calzan" de seda y metal. Antonio Gil, no obstante, el 23 de septiembre de 1881 consiguió contrato para actuar en Madrid, lo hizo con José Sánchez del Campo Cara-Ancha. Y mató en forma por demás eficiente y clásica, al primero de sus enemigos de esa tarde. La actuación lo llenó de ilusiones y deseos de retornar a la actividad, sin considerar su edad. Tuvo hasta una entrevista con el Rey Alfonso XII. No consiguió el propósito de torear, pero sí un empleo en un monasterio. El tratadista González de Ribera dice de Don Gil: Combatido por una terrible afección al estómago, relegado a humilde y dolorosa estrechez, torturado su ánimo por la nostalgia del pasado y de lo que hubiese podido ser, "Don Gil" vivió largos años. Y agrega: Su conversación era muy amena y muy agradable; su trato correcto, y en su persona veíase uno de esos destinos incumplidos, grandes y plenos de gloriosos horizontes en sus albores, que luego la vida derrumba y arruina.

No hay duda que Antonio Gil, cada vez más doliente y esclavizado de la enfermedad, más nostálgico y, asimismo, más hipocondriaco, llegó a los 79 años de edad el 27 de enero de 1902, en los albores del siglo XX. Sin embargo, días después, el 4 de febrero, decidió poner fin a su existencia y, desde luego, también a los males que le aquejaban. Nadie da fe justa y precisa de lo que pensó, lo que le hizo tomar la decisión de escapar por la puerta falsa. Por la edad quizá desvariaba, es lo lógico. Lo incongruente, en esta historia, es que Antonio Gil Barbero, tomó un revólver y se disparó dos tiros en su domicilio de la calle Luciente 10 en Madrid, arrebatándose la vida.

JOSE MEDIAVILLA LIÑAN


Allá por el año de 1870 vino al mundo José Mediavilla y Liñán en Crevillente, provincia de Alicante. Terminada la educación primaria del niño, su familia decidió hacerle sacerdote. Y al Seminario fue Pepito Mediavilla Pero como bajo la sotanilla del seminarista palpita un corazón audaz en el que florecían mejor las rojas amapolas de la rebeldía que las humildes violetas de las virtudes místicas, fueron tantas y de tal calidad las anécdotas a que su permanencia en el Seminario dio ocasión, que antes de que llegara a ordenarle de Menores, hubieron de transigir en su casa con que colgase los hábitos El padre, hombre «chapado a la antiguas, transigió, pero no perdonó, y le hizo a su vástago el siguiente, breve y sustancioso discursito: —Te has salido con la tuya. No serás cura, puesto que no quieres serio; pero tú verás lo que sao a sor y cómo resuelves tu problema personal.
Emplea para ello la misma energía que has empleado para salir del Seminario y, desde luego, no cuentes con mi ayuda. Tu encontrabas ingrata la profesión sacerdotal; yo encuentro muy desagradable la de padre quo ha de subvenir a las necesidades de un hijo sinvergüenza y holgazán. Conque ¡largo y a buscarte la vida como puedas! Perdonado por su padre, traba nueva relación con los libros. Se doctora en Filosofía y Letras y gana unas oposiciones a Cátedras. El flamante catedrático tiene una novia en Madrid, apasionada por la fiesta nacional, que habla de los lidiadores con admiración y no disimulado entusiasmo. Mediavilla va un día a loa toros con unos amigos y sale de la fiesta decidido a ser torero. Una carta de recomendación para don Luis Mazzantini, entonces en el apogeo de su fama.


La entrevista no fue nada cordial. Trató el torero de disuadir al doctor en Filosofía de su absurdo propósito y le negó su apoyo para aquella empresa descabellada. Objetaba Mazzantini replicaba vivamente Mediavilla, y no se ponían de acuerdo. Puso término a la discusión el recién nombrado catedrático de Figueras diciendo a Mazzantini: —Pero señor, ¿usted no es torero? —Si. —Pues entonces, ¿por qué no puedo serlo yo?—y salió pegando un violento portazo. Se fue desde allí a ver al empresario de la Plaza de Carabanchel Bajo, don Francisco Romero. Este vio en su visitante a un hombre decidido y vio el buen negocio que podía hacer con una gran «reclame a base de la condición de catedrático del debutante, y le firmó una corrida de prueba alternando con Punteret Chico, corrida que se celebró el 22 de agosto de 1897. Después de firmar el contrato, cayó en la cuenta Mediavilla de que no tenía la menor idea de la profesión que iba a emprender. Para obviar este «pequeño inconvenientes, pidió a un torero retirado unas lecciones, y éste, con el concurso de un muchacho, que armado con dos navajas hacía de «feroz astado., y tostando un solar como «campo de entrenamiento«, preparó a su discípulo para que, cuatro días más tarde justamente, se presentara al público. El crítico taurino de El Imparcial dijo de aquella corrida lo que sigue,”Mediavilla, que ya había metido el capote con no mal arte en el toro de su compañero, lanceó con tanta seguridad al suyo, que los aplausos comenzaron a arrullarle. Estos, sin embargo, cuando subieron de punto fue al verle llegarse al toro, que era grandote y celoso — ¡cómo sería, cuando en aquella época les parecía grandote!—,y trastearle de muleta con el desahogo de un torero muy acostumbrado a verse delante de los pitones. Tras esto entró a herir desde corto y con rectitud, dejando primero un pinchazo alto y luego media estocada, tau bien puesta, que el toro se acostó en seguida, lo cual valió al novel diestra muchas palmas, no pocos tabacos y la contrata para actuar en la misma Plaza los domingos 29-de agosto, 5, 12 y 9 de septiembre”.
A partir de su afortunado debut inicia Mediavilla una carrera triunfal en que contratos y éxitos se suceden sin interrupción. Torea en toda España, alternando con los toreros mas en boga, tales como Valentín Conde, Potoco, Andrés del Campo, Dominguín, Mazzantinito, Vicente Pastor, Bonarillo, Calerito... Gusta el sabor de las ovaciones de los públicos enardecidos, triunfa... Y un día disfruta de un sabroso desquita: tiene una buena tarde mata soberbiamente un toro a volapié, y al volver., para corresponder a los aplausos que premian su faena, descubre en una barrera a don Luis Mazzantini, que también le aplaude. Mediavilla se dirige a él: — ¿Podré yo ser torero, maestro? El 15 de agosto de 1901, toreó Mediavilla en Madrid, alternando con Potoco una corrida de Clairac dura y con mucho nervio. Aquella mañana misma le predijo una gitana que tendría una desgracia, y por la tarde se cumplió la predicción. Al entrar a matar su primer toro, éste le prendió por el pecho, infiriéndole una terrible cornada de dieciséis Centímetros de extensión, ~grandes desgarramientos. Y allí acabó el torero Mediavilla. Aun toreo durante algún tiempo mas pero no podía. El pulmón que le atravesó el cuerno del toro no funcionaba normalmente: no podía correr; se ahogaba... El ídolo roto recordó entonces que era doctor en Filosofía y Letras y se hizo archivero bibliotecario. Luego otras, oposiciones le dieron la cátedra del Instituto de Cuenca. He aquí cómo un toro de Clairac -- al imposibilitar a Mediavilla para seguir siendo torero— hizo un catedrático de francés.

domingo, 27 de abril de 2014

NICOLAS BARO

Nicolas Baro y el puntillero Gabriel Caballero.

Esta semblanza publicada en los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX, dice así: «Nicolás Baró. Joven, airoso como el que más, con gran poder y ligero, es el banderillero que más luce en la suerte y a quien se tocan las palmas con más entusiasmo. Sin embargo, no suele conocer que no todos los toros son boyantes, y que con los que no arrancan y se tapan es mala la salida precipitada,, porque aunque sus facultades le salven de una cogida, no podrá ejecutar la suerte. Quisiéramos que con el capote fuese tan lucido como con los palos. La segunda referencia a que aludimos es debida a la bien cortada pluma del que fue nuestro admirado amigo, el maestro en la literatura taurómaca don Aurelio Ramírez Bernal, que hizo popular y respetado el seudónimo de P. P. T. cronista de altos vuelo., que en publicaciones andaluzas y el madrileño seminario Sol y Sombra dio patentes muestras de su talento, de su competencia y de su erudición portentosa. Decía así este gran bibliófilo: «La gloria que alcanzara Nicolás Baró como pedo y banderillero inteligente es de aquellas que jamás palidecen. Ni sus cogidas graves ni otros percances le sobrecogieron y amilanaron.

Tuvo el don de conocerse, vio que la espada en su mano no le abriría el camino de la inmortalidad, y antes que hacer el ridículo, como otros, prefirió volver a lo suyo, a su, banderillas, donde pisaba terreno firme y abonado para habérselas con un toro como el célebre Caramelo, de Saltillo, al que Baró puso un par de palos al cuarteo y en los mismos rubios, que hizo época y se celebrará siempre que se hable de aquel fenómeno en picardía.» La referencia es exacta; el toro citado era de los más difíciles lidiados en la Plaza gaditana; el espada José Ponce luchó lo indecible para poder meter el brazo. Sin embargo, Baró había banderilleado con tal habilidad que asombró a los espectadores y a sus mismos compañeros. Vamos ahora a ofrecer unos apuntes biográficos del diestro de referencia. Nicolás había nacido en la famosísima Chiclana de la Frontera (Cádiz), patria chica d los no menos famosos lidiadores Jerónimo Cándido, Francisco Montes, José Redondo y Manuel Jiménez, el Cano, espadas todos de primer plano.
Nicolas Baro, de mayor con unos vecinos.

Nació Baró el 24 de agosto de 1822, y tras los con sabidos ensayos de todo principiante abrazó la profesión en forma oficial, digámoslo así, en el ario 1840 Protegido por el gran Paquiro, figuró algún tiempo a sus órdenes, hasta que recibida la alternativa por su cuñado, el Chiclanero, éste le incorporó a su gen-te, con el buen deseo de ayudarle con sus consejos y elevarle de categoría, haciéndole matador de toros. Por no disgustar al jefe y pariente, aceptó los trastos más de una vez, estoqueando toros como media espada y aun alternando con espadas en corridas de provincias; pero, convencido que no servía para el caso, terminó por limitarse a las banderillas, que do-minaba. En Madrid había figurado como media espada en algunas corridas de los años 1850 y 1851. Muerto su cuñado José Redondo, continuó la temporada de 1853 a las órdenes de Julián Casas, el Salamanquino, que se había hecho cargo de la cuadrilla del Chiclanero para con ella cumplir los compromiso, contraídos por el malogrado diestro de Chiclana. Después, en temporadas sucesivas, trabajó a las órdenes de muchos matadores, generalmente como eventual, pero sin faltarle corridas, pues todos conocían sus buenas condiciones artísticas. Aun cuando en su época los subalternos tenían señalados modestos honorarios, como toreó mucho y los gastos corrían a cargo de los espadas, pudo haber ahorrado algún dinero con miras a la vejez; pero su carácter alegre y dadivoso, su afición a las juergas y francachelas, que en más de una ocasión se pasaron de la raya, hicieron que se esfumaran los caudales con tanto riesgo ganados, llegando a la madurez de la vida apura...«, de recursos.

Nicolás Baro y Ceferino del Castillo

Y como las desgracias no llegan solas, en el ario 1875, cuando cumplía los cincuenta y tres de edad y treinta y cinco de profesión, se fracturó el brazo izquierdo al caer de un carruaje, quedando inútil para su oficio. Gastó en la curación los escasos recursos de que disponía, y viéndose en extrema necesidad, acudió a sus compañeros, rogándoles que por caridad le ayudasen. Respondieron éstos —como en auxilio de sus compañeros respondían los diestros de antaño—, y el jueves 12 de agosto de dicho año se organizó una corrida, en cuyo cartel se leía: «A beneficio del antiguo y simpático banderillero Nicolás Baró, de Chiclana, inutilizado para seguir toreando a consecuencia de una desgracia el cual ha acudido a algunos ganaderos y a los reconocidos sentimientos de varios lidiadores, los que no han vacila-do en facilitarle los medios de organizar esta corrida en la esperanza de que secundara el público sus bue-nos deseos y contribuirá a remediar la situación del beneficiado.» Se efectuó la corrida, lidiándose tres toros del duque de Veragua y tres de don Antonio Hernández —parte regalados—, y el cartel de lidiadores se compuso de los picadores Juanesa. Antonio y Francisco Calderón, e/ Chuchi y Antonio Benítez, el Grapo. Los espadas fueron Lagartijo, Frascuelo y el media espada Cosme González. No figuraban en el cartel los nombres de los banderilleros, costumbre antigua, pero fueron los de plantilla de los espada, esto es: Juan Molina, Mariano Antón y José Gómez, de la de Lagartijo, y Pablo Herráiz, el Armilla y Ángel Pastor, de la de Frascuelo El beneficiado vistió por última vez el traje de torear, uno encarnado y plata, y con sólo el brazo derecho banderilleó el toro de Veragua Tortolito (berrendo en negro), lidiado en quinto lugar.
Ilustracion de "La Lidia" representando a Baro.

Por verificarse un día laborable no hubo lleno en la Plaza, y aunque los precios de las localidades eran bien reducidos —cuatro reales tendido de sol y ocho de sombra—, el rendimiento fue saneado, pues los lidiadores no sólo trabajaron gratuitamente, sino que aun ayudaron con donativos al pobre inválido. ¡Así se hacían las cosas en aquel tiempo!... Retirado en su pueblo natal, vivió algún tiempo del producto de la corrida, pero terminado éste le fue facilitado un modesto empleo por el Ayuntamiento, con el que pudo atender a sus necesidades hasta la fecha de su muerte ocurrida el 16 de febrero de 1905 Esta fue la vida profesional del notable banderillero gaditano.

JOSE GARCIA RODRIGUEZ "ALGABEÑO"


Matador de toros , nacido en La Algaba (Sevilla) el 21 de septiembre de 1875, y muerto en la capital andaluza el 7 de enero de 1947
Después de haber toreado en Sevilla el 9 de diciembre de 1984, se presentó en el ruedo madrileño un 10 de marzo de 1895. El 22 de septiembre de aquel mismo año tomó la alternativa en Madrid, de manos de Fernando Gómez García ("El Gallo"), padre de Rafael Gómez Ortega ("El Gallo") y de "Joselito". Su padrino le cedió la muerte del astado llamado Pasajero, de la acreditada ganadería del duque de Veragua, en presencia de un diestro perteneciente a otra ilustre dinastía torera: Emilio Torres Reina ("Bomba" o "Bombita").


"El Algabeño" fue un diestro que se caracterizó por una temeridad fuera de lo común delante de los toros, y, sobre todo, por su acierto a la hora de entrar a matarlos, suerte que, aunque iniciaba un poco perfilado, luego ejecutaba siempre por derecho, dejando el estoque clavado hasta su empuñadura en todo lo alto. Aunque, víctima de su acentuado valor, sufrió numerosas cogidas graves, nunca perdió el sitio dentro de la plaza. Se recuerda con especial emoción la lección de valor y torería que derrochó en las arenas de la Ciudad Condal durante la aciaga tarde del 7 de octubre de 1900, cuando el miura Desertor hirió de muerte a Domingo del Campo Alcaraz ("Dominguín"). "El Algabeño" se quedó sólo en aquel duro trance, lo que no le impidió sobreponerse a la mortal cogida de su compañero de cartel y ofrecer una lidia memorable.

Se cortó la coleta en el coso de Pontevedra, el 11 de agosto de 1912, después de haber toreado quinientas dieciocho corridas y dado muerte a mil doscientos sesenta y un toros.

ANTONIO MORENO FERNANDEZ "LAGARTIJILLO"


Matador de toros español, nacido en Granada el 14 de julio de 1864 y fallecido en Madrid el 21 de diciembre de 1929.
Impulsado por una temprana vocación taurina, en su primera mocedad comenzó a dejarse ver en el ruedo de su Granada natal, donde pronto ganó fama de novillero valiente y voluntarioso, bien dotado para alcanzar el grado de matador de toros. Ya con cierto renombre, comenzó a alternar estos primeros capotazos en las arenas granadinas con frecuentes visitas al coliseo taurino de Málaga, donde sirvió en calidad de banderillero a las órdenes de algunos espadas andaluces de reconocido prestigio, como el cordobés Rafael Sánchez ("El Bebe") o el sevillano Antonio Escobar y Mellado ("El Boto"), y consiguió también anunciarse algunas ocasiones como novillero y media espada. Así las cosas, cada vez más determinado a seguir la profesión taurina, hacia finales de 1888 se trasladó a Madrid para presentarse ante el genial torero guipuzcoano Luis Mazzantini y Eguía, que simultaneaba por aquel entonces sus intervenciones vestido de luces con su dedicación a la gerencia empresarial del coso capitalino.
Receptivo a las demandas de Antonio Moreno Fernández, don Luis Mazzantini le ofreció la oportunidad de torear en Madrid, en un cartel anunciado para el día 30 diciembre de aquel año de 1888, en el que también estaba incluido el desventurado matador gaditano José Rodríguez Davie ("Pepete"), junto a sendos lotes de reses procedentes de las vacadas de López Navarro y Pérez de la Concha. "Lagartijillo" demostró aquella tarde invernal, ante la primera afición del mundo, que aunque practicara un toreo basto y rudimentario era singularmente hábil en el manejo del estoque, cualidad que entonces se aplaudía con verdadero entusiasmo.

Se hizo, pues, con un sitio en los carteles de algunas plazas importantes, y, tras seguir actuando como novillero durante la temporada de 1899, al año siguiente consiguió, por fin, ingresar en el escalafón superior de los matadores de toros. En efecto, el día 12 de mayo de 1890 hizo de nuevo el paseíllo a través de la arena madrileña para recibir la alternativa de manos de un padrino de excepción, el colosal espada granadino Salvador Sánchez Povedano ("Frascuelo"), que en dicho festejo se despedía de la selecta afición de la Villa y Corte. El toro de la cesión, que había pastado en las dehesas del duque de Veragua, atendía a la voz de Romito.
A partir de su obtención del doctorado en Tauromaquia, "Lagartijillo" continuó toreando con desigual fortuna en los cosos españoles, sin llegar a pulir ese toreo áspero y deslucido, raramente tocado por la varita del arte, que venía practicando desde su etapa novilleril. Sin embargo, conservó siempre su extraordinaria disposición y eficacia para tumbar a las reses de un certero espadazo, que solía recetar a las reses arrancando en corto y volcándose con arrojo y decisión sobre el morrillo, para dejar una estocada entera en el hoyo de las agujas.
Una vez retirado, se afincó en Madrid, donde perdió la vida en el Sanatorio Villa Luz el primer día del invierno de 1921

sábado, 26 de abril de 2014

JOAQUIN ALVES


Rejoneador de toros portugués, nacido en Caldas de Rainha el 1 de marzo de 1872. El día 11 de agosto de 1892 tomó la alternativa en la plaza de toros de Lisboa, apadrinado por Manuel Mourisca. Su fama como cavaleiro avezado en el noble Arte del Rejoneo ha rebasado la memoria de la afición de su época, como queda atestiguado en el Museo Taurino Joaquín Alves que tiene dedicado en su ciudad natal.

JUAN MOLINA SANCHEZ


Nace en Córdoba el 1 de junio de 1851, hermano del torero Rafael Molina Sánchez "Lagartijo" y del otro matador de toros Manuel Molina Sánchez. Comienza su carrera por el año 1869 como novillero, al ser zurdo le impidió continuar como matador. Lo contrata Manuel Fuentes y Rodríguez "Bocanegra", por las temporadas de 1871 a 1873 y en este mismo año ingresa en la cuadrilla de su hermano Rafael hasta el retiro de éste en el año 1893. Forma parte de la cuadrilla de Luis Mazzantini hasta el año 1896 que fue contratado por su paisano Rafael Guerra Bejarano "Guerrita", retirado este último pasó a la cuadrilla de su también paisano Antonio de Dios Moreno "Conejito". Muerto su hermano Rafael y nombrado como administrador en su testamento, se retira del oficio de banderillero el 8 de agosto de 1900 después de treinta y dos años de actividad.


Juan Molina, se distinguió por ser uno de los mejores peones de brega en la historia del toreo, llegando a ser cumplidor en la suerte de banderillas. Subalterno de confianza de todos aquellos maestros con los que actuó. Era fino con el capote, incansable en su labor de rendir a las reses con capotazos y recortes, pues sabía graduar el poder y la malicia de los astados.


Según cuentan las crónicas de la época, la mejor tarde torera como peón de brega la obtuvo en Madrid el día 28 de abril de 1889. Salieron toros de Palhas, duros de patas con muchos kilos, recelosos y huidizos, siendo muy difíciles de torear. Juan Molina le preparó a su hermano Rafael una lidia insuperable, pues bregó, capoteó, banderilleó, hizo quites, corriendo los toros y siendo oportuno en cada instante para llevar a los morlacos al tercio de muerte. El público en pie reconoció su gran labor y le tributó una ovación estruendosa.


Aumentó la dinastía torera de los “Molina” al ser padre de Rafael Molina Martínez "Lagartijo Chico", y de sus otros hijos Francisco Molina Martínez "El Frasqui" novillero y después banderillero y del también banderillero Manuel Molina Martínez.
Falleció en Córdoba el 15 de marzo 1932. Sus restos están en un panteón familiar en el cementerio de Nuestra Señora de la Salud.

RAFAEL MOLINA MARTINEZ "LAGARTIJO CHICO"



Rafael Molina "Lagartijo Chico” se podría decir que desde la cuna ya era torero... Hijo de Juan Molina Sánchez banderillero y sobrino D. Rafael Molina Sánchez "Lagartijo", nació en Córdoba el 16 de julio de 1880. Actuó por primera vez con Rafael González Madrid "Machaquito" como becerristas y en ese mismo año ingreso en a la Cuadrilla de Niños Cordobeses. Llegó la alternativa el 16 de septiembre del 1900 en Madrid, junto a“Machaquito”, fue pocos días después de la muerte de su tío “Lagartijo el Grande” Al terminar la temporada se marchó a México donde el triunfo fue rotundo viniendo a España con más prestigio torero.

Victima de una tuberculosis, enfermedad incurable por aquel entonces, que le va minando, hace que Rafael vaya perdiendo fuerza y empaque en sus actuaciones, esto le mengua los triunfos y decide retirarse del toreo... Fue un torero valiente, toreaba con aplomo, elegancia y gallardía, pues a penas movía los pies de la arena... No quiso el destino, que Córdoba contara con otro Califa del toreo, pues cualidades y facultades tuvo para ello. Muere el 8 de abril de 1810 con tan solo 30 años de edad, después de haber estoqueado a 735 toros y toreado 296 corridas. Tuvo tres hijas con su esposa Angustia Sánchez que al quedarse viuda se caso en segundas nupcias con Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" (Padre) de cuyo matrimonio nació Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete". Perpetuó Rafael Molina la dinastía torera en su nieto Rafael Soria Molina “Lagartijo”, que fue también matador de toros, siendo este a la vez sobrino de "Manolete".

RAFAEL BEJARANO CARRASCO "TORERITO"


Nació en Córdoba el día 15 de Diciembre de 1862. Hizo su aprendizaje con «Guerrita» y «Mojino», en el matadero de Córdoba; teniendo trece años entró a formar en la cuadrilla de «Niños cordobeses», que organizó «Caniqui», El 23 de Marzo de .9 figura corno banderillero, y en este mismo año como matador de novillos; fue banderillero en las cuadrillas de los matadores de toros siguientes: «Lavi», «Bocanegra», «Gordito», «Frascuelo», Manuel Molina y Rafael Molina «Lagartijo», con quien banderilleó por primera vez el día 12 de Octubre de 1884 en la plaza de Madrid, banderilleando los toros primero y cuarto, llamados Noguero (negro) y Medianito (también negro) de D. José Orozco. «Torerito» tomó la alternativa en la plaza madrileña de manos de «Lagartijo», el día 29 de Septiembre de 1889, estoqueando el primer toro cedido por «Lagartijo»; se llamaba este primer toro Cocinero (cárdeno), de D. Anastasio Martín. 

En esta corrida, que fue de Beneficencia, torearon también, además de «Lagartijo», «Frascuelo», y el «Tortero», Fue «Torerito» un buen lidiador; como banderillero no envidió a nadie; buen peón y seguro espada, aunque algo burdo.

Dio la alternativa en Zaragoza a Francisco González, «Faíco», el día 2 de Abril de 1893, cediéndole el primer toro llamado Artillero, de Carriquiri; en Madrid, a Joaquín Hernández, «Parrao», el día 21 de Marzo de 1897, cediéndole el toro Mirandillo, de Aleas; y en Ciudad Real el 17 de Agosto de 1899 a Félix Velasco, cediéndole el toro Manzananito (retinto), de Aleas.

Rafael toreó sus 20 corridas todos los años, hasta el día 22 de Noviembre de 1900, en que falleció en Córdoba, víctima de una crónica enfermedad; la última corrida que toreó en Madrid fue el día 21 de Mayo de 1899, en que estoqueo toros de D. Antonio Campos, en compañía de «Algabeño», y «Dominguín»; por cierto que estuvo muy bien; el último toro se llamó Vizcaíno (negro). La última corrida que lidió fue la celebrada en Oviedo el día 21 de Septiembre de 1899, en compañía de «Minuto» los que estoquearon seis buenos mozos de Trespalacios.

jueves, 24 de abril de 2014

VICENTE FERNANDEZ BERNABE "EL CARACOL"


Nacio en Almoradí (Alicante) el 23 de enero de 1940.
Debutó en el mundo del toreo de forma tan repentina como arriesgada, ya que se lanzó de espontáneo en la plaza de toros de Alicante en 1959, para trastear a un toro cuya lidia correspondía al diestro madrileño Luis Miguel González Lucas ("Luis Miguel Dominguín"). Corrían, a la sazón, tiempos en los que esta forma de demandar una oportunidad en el Arte de Cúchares no estaba tan mal considerada como en la actualidad, ya que se admitía -aunque también era punible- como uno de los escasos recursos que permitía salir del anonimato a los maletillas de más baja extracción social (Vicente Fernández Bernabé era de raza gitana). De ahí que consiguiera el propósito de llamar la atención y abrirse un hueco en el estrecho circuito taurino, lo que se tradujo en el estreno de su primer traje de luces en 1960, en el mismo coso alicantino que le había visto arrojarse de espontáneo.
En el mes de septiembre de aquella misma temporada hizo su debut en una corrida asistida por el concurso de los varilargueros, para enfrentarse con un encierro de Escudero Calvo en el mencionado coso alicantino, acompañado en los carteles por los jóvenes novilleros José Osuna y Rafael Cantó. Tras varias temporadas en las que su nombre sonó con alguna insistencia dentro del escalafón novilleril, el 23 de junio de 1963 volvió a hacer el paseíllo en la plaza de toros de Alicante, pero esta vez dispuesto a tomar la alternativa. Fue su padrino de ceremonia el coletudo albaceteño Pedro Martínez González ("Pedrés"), quien, bajo la atenta mirada del afamado diestro sevillano Francisco Camino Sánchez ("Paco Camino"), que comparecía en calidad de testigo, le cedió los trastos con los que había de muletear y estoquear a un toro llamado Aceitoso, que había pastado en las dehesas de don Antonio Pérez de San Fernando.
A partir de entonces, la desgracia vino a cebarse en Vicente Fernández Bernabé ("El Caracol"), quien sufrió numerosos percances en su deseo por llegar a ser aclamado como gran figura del toreo. Ninguno de ellos le impidió, empero, el hacer el paseíllo en la plaza de toros Monumental de Las Ventas (Madrid), donde confirmó su alternativa el día 19 de abril de 1964. Estuvo apadrinado, en aquella ocasión, por el espada toledano Gregorio Lozano Sánchez ("Gregorio Sánchez"), y acompañado por el matador zaragozano Fermín Murillo Paz, que hacía las veces de testigo.


Finalmente, las muchas lesiones que le produjeron las reses bravas le hicieron perder el sitio y defraudar las expectativas que había hecho albergar a los buenos aficionados al comienzo de su carrera. De ahí que optara por mudar el oro del traje de matador por la plata que viste a los subalternos, para debutar como banderillero en la temporada de 1978, después de haberse cortado la coleta en la de 1976.

MANUEL ÁLVAREZ PRIETO, "EL BALA"


Nació en Sevilla, 11 de diciembre de 1936,Manuel Alvarez El Bala, torero de corte tremendista que tuvo el éxito al alcance de su mano; que llegó a salir por la Puerta del Principe, pero se apagó de pronto apenas tomar la alternativa y que acabó con una pierna menos que perdió a consecuencia de una tremenda cornada en la plaza de San Sebastián de los Reyes. Se inició como torero en Sevilla, donde le ayudó Miguel Moreno, y luego en Madrid, donde fue apoderado por José Luis Marca,  mentor de Paco Ojeda. 

Tomó la alternativa en Arles (Francia) de manos de Paco Corpas, con toros de Isabel Rosa González, el 10 de abril de 1966. Toreó poco como matador de alternativa, hasta que el 27 de agosto de 1967 el toro Gallito de la ganadería de Filiberto Sánchez, le dio una terrible cornada en el triángulo de scarpa, a consecuencia de la cual le tuvieron que cortar la pierna derecha a la altura del muslo.En noviembre de 1983 fue hallado muerto ayer en su domicilio en Sevilla, a consecuencia de una caída casual.Se dedicaba a la promoción de jóvenes valores de la fiesta nacional.



miércoles, 23 de abril de 2014

MANUEL MARTINEZ DITERLET "MANENE"



Tres magníficos, tres banderilleros estupendos, surgieron de aquella famosa cuadrilla juvenil que formó y adiestró en Córdoba el notable lidiador retirado Francisco Rodríguez «Caniqui». Los hábiles, valerosos, inteligentes muchachitos que en los ruedos habían de hacer honor a las enseñanzas del maestro fueron los después tan renombrados Rafael Rodríguez, «e1 Mojino», Rafael Guerra, «Guerrita» y Manuel Martínez, «Manene». Manuel Martínez Diterlet, conocido en la profesión por el apodo de «Manene», apodo cuyo significado nunca logramos conocer. fué el banderillero de quien hemos de ocuparnos, joven malogrado por la fatalidad en el ejercicio de su arte. Nació el diestro objeto de nuestro estudio en Córdoba el 11 de agosto de 1860. Siendo ya un mozalbete, sintió la vocación del toreo, dos el rudimentario aprendizaje, y cuando Francisco Rodríguez, «Caniqui», seleccionaba muchachos principiantes con miras a la formación de una cuadrilla juvenil, se fijo en «Manene», al que designó para ocupar el lugar de banderillero y sobresaliente de espadas en la futura agrupación artística. ¿Qué edad contaba el joven Manuel Martínez cuando «Caniqui» formó esta cuadrilla? Difícil nos sería precisarlo de no contar con otras fuentes de información que los libros de los historiadores de la Fiesta. Según éstos, la cuadrilla juvenil de referencia fue fundada en el año 1871, pues nos dicen que «Manene» contaba once años de edad.
Pero luego, al referirse a otro de los componentes de la misma —«el Torerito» invocan el año 1873 como fecha del suceso. No deben de estar muy seguros de la exactitud de la referencia, ya que al ocuparse de «Caniqui» señalan como fecha fundacional el año 1874. Tampoco aquí pisan fuerte, toda vez que al referirse a «Guerrita» y «el Mojino» escriben que se fundó la organización en 1876. Vaya, por fin, los estimados tratadistas dieron con la fecha incontrovertible, porque, efectivamente, en los comienzos de este ultimo año citado es cuando el retirado banderillero inicia las lecciones teóricas con sus jóvenes discípulos; les hace luego, practicar con becerros en los cerrados próximos a la capital, y ya convenientemente adiestrados, los presenta al público en las fiestas de Andújar de los días 8 y 9 de septiembre del año en cuestión.


Esta es, por tanto, la fecha exacta en que la cuadrilla juvenil cordobesa hizo su aparición ante el público; por tanto, Manuel Martínez, «Manene», contaba entonces dieciséis años de edad, no once, como indica algún biógrafo. En la plaza cordobesa se presentaron los muchachos el día 15 del siguiente mes, alternando este día con otros jóvenes ya más avezados a la lucha con las reses. - Por cierto que en el cartel de esta corrida se anunciaba que «el Manene», «el Mojino» y Guerra contaban doce años de edad, referencia inexacta, pues el más joven de los tres era «Guerrita» y había ya cumplido los catorce. Parte de la formación trabajó en Sevilla el siguiente año —15 de julio, 5 de agosto-., y la cuadrilla completa inauguró la Plaza de Loja el 5 de marzo de 1.878, siendo muy aplaudidos y consignando el revistero que «el más joven de los chiquillos —«Guerrita»-- apenas tenía el alto de un abanico».
En Madrid trabajó este personal en la placita de los Campos Elíseos en 1879. En tanto subsistió la organización, estoqueó «Manene» bastantes novillejos con no escasa fortuna, y una vez disuelta la cuadrilla, toreó de banderillero con varios espadas, entre ellos «Bocanegra», Manuel Molina y «Lagartijo»: con éste vino a Madrid el 29 de junio de 1881, pareando con escasa fortuna, en unión del «Torerito» al toro «Bailarín» (colorado), de Bartolomé Muñoz. Al retirar del toreo Mariano Antón dejó en la cuadrilla de «Lagartijo» una codiciada vacante, la que fue cubierta por «Manene», impuesto por Juan Molina, cuñado suyo. Como espada novillero toreó Manuel Martínez en Madrid el 30 de agosto de 1885. Siguió toreando con éxito como banderillero al lado de «Lagartijo». y con no gran fortuna como espada, novillero hasta la fecha fatal del 26 de diciembre de 1888 en Que en la novillada benéfica de Córdoba fue cogido por el toro «Aguardentero» de Rafael Molina, siendo herido de tal gravedad que murió dos días más tarde.
Aquella corrida de toros quedó marcada en larga historia del coso de los Tejares como la más trágica, pues a parte de la muerte de Manene, fue herido en la mandíbula El Melo, el picador Formalito sufrió una conmoción cerebral de varias horas al ser derribado, Rafael Guerra que intentó ayudar, recibió un varetazo tirándolo violentamente al suelo, dos banderilleros el José Bejarano El Moro y Antonio Bejarano La Fila recibieron golpes y caídas, más dos monosabios ingresaron en la enfermería para ser asistidos, uno de ellos moría días después por la coz sufrida por un caballo en el estómago. Parece como si todos los maleficios acudieran a las gradas aquella tarde, en una corrida que estuvo muy falta de público.
De lo que fue «Manene» como lidiador, nos da idea la curiosa semblanza hecha por Caamaño, que dice así: Cuando te vi, Manuel la vez primera, que vinistes al «Lavi» acompañado, te aseguro, muchacho francamente, que me gustó en extremo tu trabajo, y tu marcha sentí, como se siente todo lo que produce nuestro agrado. Cuando después te trajo «Lagartijo» para que reemplazaras a Mariano alegrarme volví y aún no he perdido una corrida en que hayas toreado. Eres de los que saben lo que se hacen cuando cogen los palos en la mano y con el capotillo vales mucho, por lo que escuchas siempre mil aplausos. Su muerte llevó el luto a las familias cordobesas de Martínez y Molina, pues Juan, el hermano de «Lagartijo», había casado con una hermana de «Manene», la que fue madre del matador de toros «Lagartijo Chico».

martes, 22 de abril de 2014

CARLOS BORREGO RUIZ "ZOCATO"



Hay quienes logran fortuna y fama con rapidez telegráfica; otros, en cambio, solamente a trancas y barrancas consiguen hacer una carrera oscura, porque se les rompen las alas antes de remontar el vuelo que conduce a la ansiada gloria, y de estos segundos fue «Zocato», de quien puede afirmarse que era desconocido en España —excepto en Sevilla— cuando hizo su presentación en Madrid, para tomar la alternativa el día 15 de septiembre de 1889. Vino al mundo en Lora de Estepa (Sevilla) el 18 de marzo de 1862 —doce días después de «Guerrita»—; comenzó a ejercer la profesión trabajando como banderillero en las novilladas de las plazas andaluzas; consiguió hacerlo en la sevillana de la Maestranza como tal subalterno, y toreando en ella el 10 de octubre de 1884, en cierta novillada que se dio a beneficio de Enrique Santos, «El Tortero», cuando ya al final de ella fue a dar con su capote de paseo una vuelta al sexto novillo, sufnó una cogida que le ocasionó varias heridas graves, con las que tuvo para rascarse una larga temporada. ¿Pero quién dijo miedo? Con la sangre vertida se forjan los valientes, y «Zocato» siguió en la brecha, aunque sin salir del reducido ámbito regional, hasta que en otoño de 1886 se lo llevó a Montevideo Fernando Gómez, «El Gallo», cuyo maestro empezó a cederle allí algunos toros para que los estoqueara, en vista de que las aspiraciones del buen «Zocato» no eran otras que las de hacerse matador. Un año después marchó a México con Diego Prieto, «Cuatrodedos», en cuyo país hizo también la temporada invernal de 1888-89, toreando en unión del referido «Gallo».El 15 de enero de 1888 “Cuatrodedos” y Carlos Borrego “El Zocato” son contratados para matar seis toros de la ganadería de San Cristóbal de Tampa en Puebla de los Angeles en México en esa corrida perderia la vida Juan Romero "Saleri" al practicar el salto de la garrocha y ser corneado.De algún lucimiento serían las campañas realizadas en aquellos Estados cuando el semanario madrileño «El Toreo Cómico», al publicar su caricatura en el año 1889, insertó al pie estos livianos versos:


Este diestro andaluz saltó desde Sevilla a Veracruz. y en el americano continente demostró tener arte y ser valiente. Allí, por tal sendero, es de los espadas el primero; quiero decir con esto que "Zocato" es el que cobra en México el "barato".
El caso es que en aquel mismo año vino a España, cuando también lo hizo el torero de aquel país, Ponciano Díaz, y que, por arte de birlibirloque, en la referida fecha del 15 de septiembre, se dio a conocer del público de Madrid, para que Ángel Pastor le diera la alternativa, única que concedió el torero de Ocaña. Fue el caso que la Empresa había dispuesto una corrida en la que habrían de alternar mano a mano dicho Ángel Pastor y «Guerrita», y no pudiendo hacerlo éste, fue sustituido por «Zocato», el cual toreó con la cuadrilla del cordobés y recibió la investidura de manos del repetido Pastor, mediante cesión del primer toro de la tarde, llamado «Redondo», de la ganadería de González Nandín. No produjo mal efecto el neófito, y buena prueba de ello es el juicio que de su trabajo hizo «La Lidia», cuyo crítico, don Mariano del Todo y Herrero, «Don Cándido», se expresó de esta manera:
«El debutante quedó perfectamente en su primero, al que pasó de muleta muy sereno, tirándose a matar muy en corto y dejando una es-tocada caída del lado contrario. No tan acertado en su segundo, tanto con la muleta como pinchando, que lo hizo arqueando algo el brazo y perfilándose de una manera algo extraña. Y en el tercero no pudo apreciarse bien su faena por llegar el toro descompuesto a la muerte y estar ya anocheciendo.» «Tiene que aprender mejor el manejo del capote, pues no sabe sacudirse los toros, pasándole siempre los cuernos muy cerca del cuerpo. Por lo demás, creemos que tiene buena madera, y aplicándose, dará algún resultado.» Y Sánchez de Neira le juzgó así en su «Gran Diccionario Taurómaco»: «Buena estatura, buena planta y buenas facultades para matador de toros; pero frío y poco airoso. No ignora lo que es el arte de torear; fállale mucho para manejar la muleta con desahogo, y aunque hiere por derecho y en corto, se sale del centro de la suerte antes de consumarla, defecto que tal vez haya olvidado en América, donde no deja de tener sus partidarios.»
Después de la corrida de su alternativa en Madrid se le oyó poco, por no confirmar en estas latitudes las referencias laudatorias que de él habían llegado de México, y a dificultar más y más la expansión de sus actividades contribuyó bastante la grave cornada que del toro «Boticario», de Pablo Romero, sufrió en Almería el 23 de agosto de 1890. Alternó en tal corrida mano a mano con «El Espartero», y la herida en el costado izquierdo debió de abatir un tanto su ánimo. En el invierno de 1892-93 toreó en Manila unas corridas (?) «Sui generis»; en España toreaba tan poco que solamente lo hizo cinco veces en 1890, dos en 1891, ninguna en 1892 cinco en 1893; su campo de acción se hallaba en América, y concretamente en México; Para el día 27 de mayo de 1894 fue designado para que sustituyera a Antonio Reverte en la corrida efectuada en Madrid; sus compañeros en aquella tarde fueron «El Espartero» y Antonio Fuentes, y los toros pertenecían a la ganadería de don Eduardo Miura. Sabido es que en tan inolvidable corrida pereció el pundonoroso «Espartero», y que gracias a Antonio Fuentes no hubo en ella más desgracias, pues todos los demás toreros, empezando por «Zocato», no pudieron dominar el pánico que de ellos se apoderó.


Ocasión tuvo entonces Carlos Borrego para salir del montón en que se hallaba, de haber dispuesto de recursos y entereza de ánimo, y al encogérsele el corazón se hundió para siempre. Verdad es que dio muerte a tres toros, por la Cogida del «Espartero», pero a tal punto llevó su desconfianza, que en la información publicada por «El Toreo» puede leerse lo siguiente: «... demostró sus escasos conocimientos en el arte de torear hasta el extremo de pedir el público en masa a la presidencia le mandara retirar del redondel por temor a que ocurriera una nueva desgracia.» Y agregaba luego: «Por nuestra parte, sólo nos permitiremos aconsejarle que se vuelva a América.» Dos veces, pues, pisó el ruedo madrileño: la primera, para tomar la alternativa; y la segunda, para quedar desconceptuado en absoluto.


Tres meses después de la cogida y muerte del «Espartero», el 26 de agosto, alternando con el primer «Litri» en la Plaza de Nerva (Huelva), y al pretender clavar un par de rehiletes al quiebro, previo cite sentado en una silla, fue cogido por un toro de Arribas, que le infirió una cornada grave en el muslo derecho. Como puede verse, de las actividades profesionales de «Zocato» podía decirse «Poco y entre zarzas», y convencido de que en España se le daban mal las cosas, resolvió marchar nuevamente a México, donde también habría de sufrir luego un serio percance, pues toreando en la Plaza de Guadalajara, de dicha República, el día 12 de mayo de 1895, recibió una grave cornada entre ambas vías, que acabó de quitarle el tipo. Allí continuó toreando, sin Volver a hacerlo en España después de 1894, y allí fue acabándose, hasta que dejó de oírse. Se retiró en Guadalajara (México) en 1907 ,volvió a España y vivió en Sevilla, perdiéndosele la pista no se sabe a ciencia cierta en que año murió aunque todo parece indicar que volvió a Guadalajara (México) donde falleció el 01 de Septiembre de 1938. Sobrino suyo fue Eduardo Borrego, «Zocato», banderillero, tío y «factótum» del segundo «Chicuelo» (que no es lo mismo que decir «Chicuelo II»), dato que no tiene importancia, Pero que no está de más que se sepa. Pocas son las noticias que del referido Carlos se encuentran en libros y colecciones de periódicos.; por consiguiente, no es fácil trazar de él unos apuntes biográficos. Nadie creyó que hiciera falta un faro que arrojara rayos luminosos sobre sus andanzas toreras.