lunes, 30 de junio de 2014

CECILIO ISASI Y VERDET (el Alavés)



Matador de novillos. Nació en Laguardia (Alava) el 22 de Noviembre de 1860. Fué tablajero y se dedicó después á lidiar reses bravas, actuando luego como matador de novillos en no pocas Plazas, y en la de Madrid el 23 de Enero de 1894. En algunas Plazas  alterno con matadores de cartel, El año de 1896 figuró como banderillero en la cuadrilla de Juan Ruiz (Lagartija).

viernes, 27 de junio de 2014

FERNANDO GOMEZ ORTEGA "GALLITO CHICO"


El segundo hijo de Fernando Gómez y de Gabriela Ortega,había nacido en Sevilla, el día de Navidad de 1884, Fernando, apodado 'Gallito en su breve carrera taurina, tomó la alternativa en la monumental de México el 14 de febrero de 1909, de manos de su hermano Rafael y con Rodolfo Gaona de testigo.

Los toros pertenecieron a la divisa española de Campos Varela. Fernando no estaba llamado a seguir la estela de sus hermanos. De hecho, a su vuelta a España, renunció al doctorado. con los años acabó actuando como banderillero en las cuadrillas de sus hermanos. El maestro Santiago Lope Gonzalo compuso un pasodoble dedicado a Fernando Gómez Ortega "Gallito Chico". Murió loco,después que su hermano José.

jueves, 26 de junio de 2014

JUAN MORENO CASTRO "JUANERITO"


Una vez más la desesperación impulso a un ex diestro a quitarse la vida.. Indudablemente reveses de fortuna o alguna enfermedad de esas que; al presentarse en la vejez, amenazan con ser crónicas, fue la causa de que un desgraciado haya puesto fin a su existencia. "El sábado, se suicidó en Córdoba el que fue picador de toros Juan Moreno (.Juanerito). Realizó su trágico propósito en su domicilio, calle Mayor de Santa Marina, núm 22, acostándose en su lecho y haciéndose.un disparo de revólver en la sien.derecha, que produjo la muerte. No se conocen: los móviles del suicidio",así anunciaba la prensa de la época. Nació Juan Moreno en Córdoba y era hijo de un guarda de ganado, llamado también Juan, y de Dolores Castro. Abandonó el oficio de su padre, y a los dieciocho años de edad actuó como picador en una novillada que se celebró en Córdoba, en la que estoquearon reses de Barbero los entonces novilleros Manuel Díaz (Lavi) y Manuel Molina. José Calderón le dio la alternativa de picador en la plaza ,de Madrid el año 1879 .en una corrida de reses de D. Antonio Hernández, en la que fueron espadas Lagartijo, Currito y Frascuelo. No fue una notabilidad en su arte, y quizá se opusiera a ello la excesiva obesidad que adquirió cuando aún podía, por su edad; haber realizado actos de arrojo:y agilidad; Hacía unos veinte años que le habíamos visto por última vez, y parecía imposible que hubiera caballos de picar que pudieran sostener aquella enorme corpulencia, mayor aún que la del entonces inmenso Emilio Bartolesí. No figuró mucho tiempo en cuadrillas fijas ; pero picó mucho con Lagartijo, Frascuelo, Bocanegra, Manuel Molina, Guerrita y Torerito. . Con los dos últimos citados fue con los que más trabajó en los últimos arios de ejercicio, no como picador fijo, sino. en aquellas ocasiones en que tenía que substituir a otro o cuando en corridas cercanas a Córdoba, había que aumentar el personal de las cuadrillas. Dos percances sufrió durante su profesión, y ambos fueron idénticos en Madrid, el ,día que tomó la ,alternativa, en una caída se fracturó el brazo izquierdo, y al año siguiente, en la plaza dé Valencia, volvió a sufrir igual fractura.

MANUEL ORTEGA DIAZ "LILLO"



Nació este diestro en Cádiz el año 1827, y a los quince años de edad (1842), empezó a trabajar como novillero, pasando al poco tiempo a la Habanas, de donde regresó al siguiente año para formar parte de la cuadrilla de su pariente Manuel Diaz o En 1845 trabajó con Francisco Montes, y en el 46 pasó a las órdenes de José Redondo, con quien permaneció, siendo su banderillero de confianza, hasta 1853 en que dejó de existir dicho matador. Muerto el Chiclanero, Cúchares le ofreció grandes ventajas para que ingresara es su cuadrilla, y en ella toreó hasta 1858 en que pasó a la de Antonio Sánchez el "Tato" con quien trabajó hasta 1863, que se retiró por haber quedado inútil para el arte, a causa de la cogida que sufrió en Sevilla el año anterior.


"El LiIlo" estuvo muchos años de compañero con su hermano Francisco Ortega ,el "Cuco". Era un notabilísimo banderillero y excelente peón de lidia, teniendo que competir en su época con celebridades como el Regatero, "el Gordito", Juan Yust, Matías Muñiz y su expresado hermano. Se distinguía por su fino modo de parear de frente y a topa carnero, en lo que tuvo pocos rivales,murió en su ciudad natal en 1887. Fué padre del matador de toros Antonio Ortega "El Marinero" y hermano de los banderilleros "El Cuco" y "Bambarin".

miércoles, 25 de junio de 2014

EL CHATO DE ZARAGOZA, RAMON LABORDA TEJERO


No hubo en Zaragoza —en determinada época— torero que aventajase a Ramón Laborda y Tejero, «El Chato», banderillero muy notable, inteligente peón de brega y novillero a ratos, cuando era joven, figura familiar en la capital aragonesa y torero que vestía siempre irreprochablemente de corto, como en aquel tiempo era corriente en los de su profesión, dejaba a su paso por las calles zaragozanas, siempre derecho y garboso, una estela de simpatía que alegraba a cuantos iba dejando atrás. Aquella familiaridad aumentaba en la Plaza de toros, en la que «El Chato» fue verdadera institución local; le llamaban todos para hacerle alguna observación, replicaba él, y en los frecuentes diálogos entre el diestro y los espectadores la sal baturra, a veces demasiado gorda, producía regocijo general. Recuerdo que en cierta ocasión se hizo anunciar con el apodo «Macareno», acaso porque lo de «Chato» le pareciera demasiado plebeyo, y la vaya cariñosa que el público le hizo apretó más los lazos que a las dos partes unían. Naturalmente, no prosperó el nuevo alias, y con «Chato» se quedó hasta el fin de su existencia. Hijo de Pascual Laborda y de Mónica Tejero, nació en la inmortal capital de Aragón el 17 de julio de 1859, y al cumplir los doce años le dedicaron sus padres al oficio de albañil; pero como al buen Ramón le gustaba más que «gastar yeso» sortear reses bravas, desoyó los consejos y amonestaciones de aquéllos y no se celebró capea en los pueblos de la provincia sin que él tomara parte en ella.


Después de sus primeras andanzas como banderillero en la repetida ciudad, buscó más ancho campo para sus actividades y se trasladó a Madrid en el año 1882, donde su paisano, el picador Francisco Coca, le ayudó a abrirse camino; bien pronto trabajó como subalterno de algunos matadores de novillos como «Cacheta», «Joseíto», «Manchao», «Punteret» el de Játiva, «Valladolid» y otros, y cuando, cuajado ya, fueron conocidas y debidamente apreciadas sus felices disposiciones, le dieron toros repetidas veces, cuando necesitaron completar sus cuadrillas, diestros de tanto renombre como «Lagartijo», Fernando, «El Gallo», Ángel Pastor, Mazzantini, «Guerrita» y «Pepete». El 4 de octubre del año 1891, actuando «Lagartijo» como único matador en Zaragoza con seis toros de Veragua, durante la lidia del quinto saltó «El Chato» al ruedo y, con la venia presidencial y la aquiescencia del maestro cordobés, clavó a dicho astado un soberbio par de banderillas al cuarteo y otro superior al sesgo, pues el del duque, después del primer par, tomó defensa en las tablas.


Desde el principio de la temporada de 1849 formó parte de la cuadrilla de su paisano «Villita», y los triunfos de éste le alcanzaron algunas veces a él, como ocurrió en Madrid el día 5 de septiembre del año 1895, cuando al quedar dicho espada como único matador, por cogida de su compañero «Padilla», alternó con él en los quites, torearon juntos al alimón y la banda de música tocó la jota, para realzar así el trabajo lucidísimo de los dos toreros baturros. Con «Villita» hizo dos excursiones a México y siempre fue en su compañía, mientras tal matador vistió el traje de luces; cuando él mismo no tenía toros, no le faltaban a Ramón matadores que reclamaran sus servicios, y si se le presentaba coyuntura para actuar como novillero, fuera con picadores o sin ellos, tomaba la espada y cumplía su cometido con la mejor voluntad. Como tal matador de novillos hizo fu pre-sensación en Madrid el día 19 de enero de 1896 para estoquear ganado de Mazpule, con Alfredo Núñez, «Nuevo Tato»; no pasó de regular su labor; pero como nunca se hizo ilusiones de abrirse paso como tal estoqueador de toros, consideró aquella actuación como una más de las que como novillero llevaba hechas desde que por primera vez esgrimió la espada en Abarán (Murcia) el año 1892, alternando con Raimundo Rodríguez, «Valladolid».
En su aspecto de novillero conocemos una anécdota suya que revela la franqueza que en su trato le distinguía: toreó una vez en Barcelona con tan feliz éxito que después de la novillada le faltó tiempo al empresario, don Abelardo Guarner, para ir a la fonda e inquirir de él, después de felicitarle: ¿Qué fechas tienes libres, Ramón? - -, Que qué fechas tengo libres? pregunta su vez con extrañeza—. Y exclamó seguidamente: « ¡Otra que Dios! ¡Todas!» Fue un banderillero valiente para buscar la cara a los toros; era muy bonito al hacer la reunión; se adornaba en la suerte con airosos recortes y floreos y no es de extra que adquiriese sólida reputación en todas las plazas españolas y que sus compañeros le guardaran las mayores consideraciones, pues repetimos que a sus dotes de rehiletero unidas del peón de brega inteligente y eficaz. Trabajó suelto con muchos espadas, y ya, casi en el ocaso de su vida profesional, en 1907, fue banderillero fijo en la cuadrilla «Cocherito de Bilbao». El 30 de mayo de tal año, en la Plaza de Orense, sufrió el percance más grave de su carrera, y el 11 de abril de - 1909 recibió en Zaragoza dos cornadas también de gravedad. Otro percance tuvo, aunque no ocasionado por asta de toro, sino por la bala de un anarquista.
Fue en París, el año 1900, al celebrarse una Exposición Universal. Con tal motivo se dieron unas corridas de toros... la francesa», y el día 5 de junio, al dirigirá los toreros a la Plaza —Antonio Montes; Félix Robert como matadores—, el mentad individuo, de nacionalidad sueca, hizo vario: disparos contra el coche de los diestros y Ramón Laborda resultó herido en el brazo costado izquierdo, aunque no de gravedad Con fecha 25 de julio de 1913 se despidió del toreo ante sus paisanos; a tal fin se celebró una novillada económica con ganado de Zalduendo; actuaron como matador Francisco Bernal, «Bernalillo»; Toribio Gil «Chicorro»; Tomás Sánchez, «Perlita», Jaime Ballesteros, «Herrerín», todos aragoneses; intervinieron como banderilleros y auxiliares los matadores de toros «Mazzantinito» y «Calerito», así como el beneficiado —superiormente por cierto—, y el público le ovacionó cariñosamente con reiteración. La última vez que pisó el ruedo —el de Zaragoza, naturalmente— fue en el año 1923, al banderillear en un festival que se celebró a beneficio del mencionado «Bernalillo». Retirado vivió en Zaragoza bastantes años hasta que, anciano ya, se trasladó a Madrid para pasar sus últimos años con un hijo suyo, alto empleado de un Banco, y en esta capital falleció el 15 de julio del año 1931.

FRANCISCO BERNAL "BERNALILLO"


Antonio Fuentes, toreó en el verano del año 1893, en Zaragoza, actuando como único matador en la lidia de cuatro novillos de don Pedro Galo Elorz, y a quienes elogiaron su elegante estilo, clásico y reposado, hubo de decirles: -¿Pero cómo les gusto yo tanto, si tienen ustedes aquí a «Bernalillo», que es mejor torero que yo? El diestro sevillano había visto torear mucho a Paco Bernal, en Valladolid, y disparaba en conceptos breves el juicio laudatorio que le merecía el mencionado torero aragonés. Francisco Bernal y Raldúa, «Bernalillo», nació en Zaragoza el 13 de febrero del año 1868; su padre, Manuel Bernal, buen aficionado a la fiesta taurina, fomentó las inclinaciones toreras, que muy pronto se manifestaron en su retoño, y ya que a él no le fue posible vestir el traje de luces, procuró por todos los medios que su hijo lo consiguiera. Para complacer a éste y poder apreciar sus aptitudes, organizó fiestas a puerta cerrada; no hubo capea en los pueblos inmediatos a Zaragoza en la que faltara «Bernalillo»; desde los diecisiete años empezó a sonar su nombre como banderillero; en 1886, hallándose de espectador en la Plaza de Huesca, y como los aficionados que tomaban parte activa en la fiesta no pudieran con el ganado que se lidiaba, bajó al redondel a petición del público, y tanto toreando de capa como banderilleando, pasando de muleta y jugando el estoque, satisfizo cumplidamente a los espectadores y escuchó incesantes aplausos.
Trabajó de banderillero con José Ruiz, «Joseíto», y Tomás Parrondo, «el Manchao»; después lo hizo a las órdenes de Juan Jiménez, «el Ecijano»; cuantas veces tenla ocasión de ejercitarse, estaba pronto a enfrentarse con las reses; en el año 189o, aceptó un puesto en la cuadrilla de Raimundo Rodríguez, «Valladolid» -novillero que estuvo muy en boga-, con el que empezó sus tareas en Bilbao, el 25 de mayo del año 1890, y si hasta entonces se había apodado «Minuto», se despojó de este mote y se hizo anunciar con el diminutivo de su apellido paterno. En aquel mismo año 1890, dispuesto definitivamente a ser matador, cayó en Valladolid, donde toreó una serie de ocho o diez funciones y llamó desde el primer día la atención de los aficionados inteligentes, por su manera de practicar todas las suertes del toreo; pero un día, en la misma capital castellana, a consecuencia de un enfriamiento, se vio atacado de unos dolores reumáticos que, por lo persistentes, no sólo retrasaron su carrera artística, sino que sembraron en su ánimo la desconfianza.
En las novilladas que toreó durante el ario 1891, condenado por el juego de las circunstancias --su falta de seguridad en las piernas-, sintió vacilar sus entusiasmos; el reuma iba haciéndose crónico y no podía manifestarse su arte en lozanos brotes; por esta causa estuvo inactivo casi todo el año 1892; más aliviado en 1893, hizo algunas llamadas a la atención; el 28 de agosto, en Tafalla, alcanza un brillante éxito, del que se habla mucho en Zaragoza, y el año 1894 registra en su historia algunos hechos que permiten fundar esperanzas halagüeñas, acentuadas al ver el feliz resultado de su trabajo en la novillada que, como único espada, toreó en dicha capital aragonesa, el día 3 de junio. Naciente entonces la popularidad de su paisano «Villita», se organizó en Zaragoza, con visos de competencia, una novillada para el día 25 de julio, en la que los dos novilleros zaragozanos habrían de estoquear seis astados de don Francisco Gastón, ganadería aragonesa de vida efímera por carecer de casta, y el fiasco que hicieron los toros se tradujo en una gran decepción, en lo atinente al trabajo de los matadores.
No tuvo mejor suerte «Bernalillo» con el ganado, al torear en la misma Plaza zaragozana, con «Manene», el de Almadén, el 8 de septiembre de aquel mismo año 1894, pues los bichos de Cabriada que se jugaron, resultaron ilidiables y cogieron, aunque sin graves consecuencias, a los dos matadores. No mejoraban las facultades físicas de «Bernalillo» en el grado que éste apetecía, porque el reuma no cesaba de molestarle y le privaba del vigor necesario, sobre todo en la suerte de matar, y las precauciones que ponía en un momento tan decisivo se interpretaba por todos como desconfianza.
Pero decidido a darse a conocer en Madrid, hizo su presentación el día 21 de octubre, p estoquear con Manuel Ruiz, «Nene», y Joaquín García, «Picalimas» —nuevos también—, un toco de Miura, otro, de Moreno Santamaría, y nato de don Tiburcio Arroyo. Uno de éstos, el jugado en segundo lugar, llamado «Gitano», cogió al mentado «Picalimas» —un muchacho de Aranjuez— y la produjo una herida gravísima en el muslo derecho, y El Toreo, al ocuparse del trabajo de «Bernalillo, —que solamente dio muerte al toro tercero, «Colchonero», colorado, del repetido Arroyo—, se expresó en estos términos: «"Bernalillo" es un muchacho aragonés, bastante simpático, que torea algo más de lo que suponíamos, y se acerca hasta donde se debe llegar. Por hacerse de noche no mató más que un toro, y en éste pasó con mucho desahogo y entró a matar bien, dejando dos pinchazos y una buena estocada. En banderillas quedó bien y bregando ocupó puesto con conocimiento.» Le repitieron el día 18 de noviembre siguiente, esta vez con «Villita» y reses de Bertólez, y el mismo semanario formuló el juicio siguiente, «Tanto manejando el percal como toreando de muleta, puso de relieve que es un torerito muy compuesto, elegante y serio; pero a la hora de meter el brazo resulta su trabajo deficiente porra poca decisión».
Y con sus desconfianzas y sus dolores reumáticos fue arrastrando su existencia. Con las facilidad;' que hoy hacen el aprendizaje los que empiezan, Y sin la dolencia que le aquejó constantemente, otro gallo le cantara. En el año 1896, le dio «Villita» un puesto de banderillero en su cuadrilla; en temporadas sucesivas, vencido ya en la lucha, toreó en repetidas ocasiones en Zaragoza como sobresaliente, banderillero y, a veces, como matador; sus pasos en el toreo son ya tan blandos, que casi nadie se entera que «Bernalillo» existe todavía, y retirado estaba cuando el 25 de julio de 1913 estoqueó un novillo de Zalduendo, en la Plaza zaragozana, de la despedida de Ramón Laborda “Chato”, popularísimo banderillero. Con fecha 30 de marzo de 1924 se celebró, en la misma Plaza de Zaragoza un festival a beneficio suyo; años después, fue asesor del presidente en dicho coso taurino, y dejó de existir en la expresada capital en el mes de marzo del año 1938 a los setenta años de edad.

VICENTE GARCIA "VILLAVERDE"



Matador de toros español, nacido en Ciempozuelos (Madrid) el 22 de enero de 1834, y muerto en la capital de España el 12 de noviembre de 1912. En el planeta de los toros es conocido por el sobrenombre de "Villaverde". Al sentir desde muy temprana edad una acusada vocación torera, se introdujo en cuanto pudo en los circuitos de capeas y tientas que quedaban a su alcance, contando con la fortuna de que en la provincia de Madrid siempre ha habido gran profusión de festejos taurinos. Así, enseguida comenzó a sobresalir por su valor, destreza y eficacia a la hora clavar las banderillas, lo que le permitió alistarse en las cuadrillas de varios novilleros y, posteriormente, acompañar también a algunos matadores de toros. Al lado de estos profesionales consiguió adquirir los fundamentos básicos del Arte de Cúchares, ya que valor y afición le sobraban a raudales. Así las cosas, desde la campaña de 1859 figuró en calidad de novillero en los carteles de la Villa y Corte, donde enseguida ganó fama de torero valeroso, aunque algo descuidado en el conocimiento profundo del oficio. Tras torear numerosas novilladas (sobre todo en el ruedo madrileño), el día 13 de junio de 1864 compareció también en la arena de la plaza de toros de Madrid, pero esta vez dispuesto a doctorarse en tauromaquia. 

Venía acompañado por su padrino de alternativa, el genial matador madrileño Francisco Arjona Herrera ("Curro Cúchares"), quien le cedió los trastos con los que había de dar lidia y muerte a estoque al toro Corneto, procedente de la legendaria y terrorífica vacada de Miura. Una vez doctorado, Vicente García ("Villaverde"), obligado sin duda por la escasez de oportunidades que se le ofrecían, volvió a intervenir en varias novilladas; de ahí que cuatro años después de haber tomado la alternativa (concretamente, el día 28 de junio de 1868), hubiera de someterse a una nueva investidura como matador de reses bravas, esta vez otorgada por el diestro bejarano Julián Casas ("El Salamanquino"), quien le cedió la lidia y muerte de un burel criado en las dehesas de don Justo Hernández, que atendía a la voz de Lechuguino. A partir de entonces, inició una andadura torera plagada de altibajos, como queda patente en la siguiente relación temporal: en 1870, volvió a hacerse novillero; en la temporada de 1871, toreó otra vez toros; al año siguiente se volvió a enfrentar sólo con novillos; y por fin, desde 1874, sólo intervino en corridas de toros. Sin embargo, a pesar de esta trayectoria tan irregular, no se cortó definitivamente la coleta hasta el día 26 de enero de 1896, cuando, con sesenta y dos años de edad, hizo su último paseíllo a través del redondel madrileño.


Ya retirado, murió en Madrid el día 12 de noviembre de 1912. En su colosal obra Gran diccionario tauromáquico (Madrid, 1879), don José Sánchez de Neira, contemporáneo de Vicente García ("Villaverde"), dejó de él esta precisa semblanza, por vía de la cual se deduce que no le sobraron conocimientos del oficio: "Es un torero de buenas facultades, que a veces pone banderillas y otras mata toros. Si no hiciera lo segundo, sería buen banderillero, y también podría ser buen espada, si hubiera aprendido más".

martes, 24 de junio de 2014

MIGUEL ALMENDRO


Nació el 4 de Diciembre de 1859 en un cortijo próximo a Carmona. Apenas adolescente, sus padres, que servían a los marqueses de las Torres, le pusieron en un establecimiento de veterinaria para que aprendiera y tuviese una manera decorosa de ganarse la subsistencia. Con frecuencia faltaba al trabajo para acudir al matadero, donde hizo su aprendizaje de torero. De allí pasó a Sevilla, alentado por varios amigos. En tanto no se abría camino, fue albañil. Con Juan León (el Mestizo) fue de banderillero a Castaño del Robledo, donde, por quedar fuera de combate Juan León, se encargó Miguel de estoquear y terminar la corrida. Unas veces como banderillero y otras actuando de matador de novillos, estuvo hasta ingresar en la cuadrilla de Fernando Gómez con plaza fija en 1881.



Al tomar Rafael Guerra la alternativa pasó de banderillero a formar en su cuadrilla, y en ella permaneció hasta 1896, en que ingresó en la de José García (Algabeño). Tanto al lado del Gallo como al de Guerrita, ha ejercido muchas veces como sobresaliente y medio espada. Actuó como matador de novillos, no sólo en la Plaza de Madrid, sino en otras de importancia. Toreando en Antequera a las órdenes del Gallo sufrió una cogida, resultando con una grave herida en una pierna. Otra cogida de menos importancia sufrió toreando en Sevilla, apenas restablecido de la primera. En 1899 puso fin a sus días con un disparo de revólver que se descargó en su sien derecha, se supone que el suicida padecía ataques de enajenación. Se le despidió porque se dirigía a los toros como hablándoles e intentaba luchar con ellos a brazo partido. Desde que se retiró puso en su pueblo una casa de préstamos.

lunes, 23 de junio de 2014

JOSE CASANAVE "MORENITO DE VALENCIA"


Matador de Toros. Nació en Valencia por los años 1874 a 1876. Tras el aprendizaje forzado por diversas plazas pueblerinas de Lavante se traslada a Barcelona en 1892. Continua ejerciendo su profesión de novillero, y entre todas sus temporadas merece señalarse la de 1898, en la que torea en las plazas de Barcelona, Nimes, Figueras, y Marsella, entre otras; pero no consiguiendo, sin duda, satisfacer sus aspiraciones, marcha a América por vez primera en 1900. A partir de esta fecha trabaja más en el nuevo continente que en España. En Medellín, Colombia residió tres años, y en aquellas tierras tomó la alternativa. En 1905, en uno de sus viajes a España, la confirma en la Plaza de Gerona, de manos de Juan Sal ( (Saleri). En Barcelona residió algún tiempo, y vuelto a América siguió toreando allí. Hacia 1914, Una cornada que sufrió en una corrida de despedida dio lugar a una copla popular que la gente cantaba en las ferias:
"A Moreno de Valencia
Lo cogió el toro;
Por meterse de valiente, ¡caramba!
Lo embistió todo".


Ya viejo y desilusionado, había fijado su residencia en Bogotá, donde tenía un restaurante llamado "Iberia". morenito de Valencia, en su época de apogeo, no hacia sino cumplir, murio en Bogota en 1919

LA MUERTE DE ANTONIO MONTES



Mala sombra tuvo en México el cartel formado por Antonio Fuentes, Antonio Montes y Ricardo Torres. El 14 de Enero de 1906, los anuncios que llenaban las calles, leídos con inmensa satisfacción por millares de aficionados, rezaban que Fuentes, Montes y Bombita, juntos por vez primera, torearían en la plaza mejicana, causando ese cartel entusiasmo tan vivo, que el circo resultó pequeño para contener tanta gente. Y aquella tarde un toro de Piedras Negras cogió a Bombita al intentar cambiarle de rodillas y le lastimó gravemente. Un año después, día por día, el 13 de Enero de 1907, los mismos prestigiosos nombres figuraban por segunda vez en el cartel. Los partidarios del toreo clásico, serio, elegante, maravilloso, tenían singular adalid en Fuentes; los que gustaban del arrojo sin límites, los que gustaban de emociones tremendas, veían en Montes la encarnación más acabada de la temeridad, y, finalmente, aquellos que gozaban con los jugueteos, con los primores y galas del toreo alegre, encontraban en Bombita a la personificación de su ideal. Y allá se fue a la plaza la gente entusiasmada y llenó los palcos, tendidos y barreras, y alborotó con su algazara y animó la fiesta con su alegría. 

La bravura y nobleza del primer toro de la tarde, del marqués del Saltillo, proporcionó a Fuentes lucido triunfo, que le premió el concurso con palmas y vítores. Y Montes, con el natural afán de emular las excelencias del toreo de Fuentes, en cuanto vio salir de los chiqueros al segundo toro, de Tepeyahualco, acudió a él, haciendo gala de esos arrestos suyos que arrebataban al público. Tan en corto y tan ceñidos fueron los lances con que le burló, que el toro se le metió debajo, le empitonó y le arrojó al suelo, sin más desavío ,que la taleguilla destrozada, que reparó el mismo Montes atándose en ella un pañuelo. Los aplausos le enardecían, y con valentía que rayaba en locura, se metió a los quites, alardeando., muy justamente de inacabable temeridad. Y después, en el trasteo de muleta, cada pase arrancaba un grito de entusiasmo y de susto. En el instante de cuadrar, y cuando se disponía el matador a arrancarse sobre el toro, Fuentes le gritó: "aligera". Fuentes notó que el de Tepeyahualco estiraba el cuello, que humillaba, defendiéndose; por lo tanto, había que entrar a matar de cerca y con todos los pies. 

De ahí su aviso, o no oyó Montes la advertencia o no hizo caso de ella, confiado en su valor. Entró despacio, muy por derecho, con imponente valentía y admirable vergüenza. El toro, que vio adelantar lentamente la figura del matador, no hizo más que alargar la gaita, y cuando Montes le hundía en lo alto del morrillo el acero, le cogió, le levantó en vilo y le enganchó nueva-mente, volteándole y metiéndole toda el asta por la nalga izquierda. La estocada era de muerte. Allí mismo quedó el toro sin vida, en tanto que el desdichado lidiador era conducido a la enfermería. Era la herida tremenda, herida de caballo. Tanta sangre brotó de ella, que el calzón blanco de uno de los monos que le levantó de aquella arena, quedó tinto en rojo, el mozo volvió al ruedo con aquella inmensa mancha sangrienta, y el público, horrorizado, le obligó a gritos a retirarse. Fuentes apoyó la frente sobre la barrera y lloró, a la vez que Ricardo Torres, pálido y con la tremenda impresión retratada en el semblante se quedó un buen rato inmóvil. Y al fin, dominándose uno y otro, y bajo la impresión de dolor y de conmiseración hacia el pobre compañero, a quien curaban en tanto.


AGUSTIN PERERA PEREZ


Matador de toros español, nacido en Sevilla el 16 de agosto de 1836, y muerto en Palencia el 10 de junio de 1870. Tras haberse presentado el 30 de mayo de 1861, en calidad de sobresaliente de espada, en las arenas de la plaza de su ciudad natal, desarrolló un largo proceso de aprendizaje torero que culminó el 24 de octubre de 1969, cuando compareció ante la severa y selecta afición de la Villa y Corte dispuesto a tomar la alternativa.Le cedió en aquella solemne ocasión los trastos de lidiar y matar el valeroso Salvador Sánchez Povedano ("Frascuelo"), en presencia de Jacinto Machío Martínez, que hizo las veces de testigo. Agustín Perera dio muerte aquella tarde a un astado perteneciente al hierro de Aleas, que atendía al nombre de Cariñoso. El aciago día 5 de junio de 1870, en las arenas del coso palentino, la fatalidad, siempre emboscada entre la umbría oscuridad de los toriles, quiso salir también por la puerta de chiqueros y cobrarse la corta vida del valiente Agustín Perera Pérez; el cual, mientras lidiaba al toro Girón, de la vacada de don Fernando Gutiérrez, se distrajo cuando iba a preparar los terrenos aptos para ejecutar la suerte suprema, y perdió la cara del morlaco. Girón acometió al desavisado coletudo y lo lanzó contra las tablas, donde quedó malamente sentado sobre el estribo, a merced del terrorífico astado. Percatarse la enfurecida res de la desairada indefensión de Perera, y volverse para cornearlo bruscamente en el pecho, fue todo uno: trasladado con urgencia al nosocomio palentino, el infortunado espada sevillano parecía ir recobrándose de la gravísima cornada cuando, a los cinco días del doloroso suceso, falleció repentinamente. Y refieren los cronistas taurinos más meticulosos y avisados que tal era el espanto que causaba la agresiva fiereza de Girón sobre las arenas del coso de Palencia, que el diestro Gregorio López Calderón, a quien correspondía despenar al burel tras el trágico percance de Agustín Perera Pérez, se vio conducido a la cárcel palentina por haber rehusado el enfrentamiento con aquella astifina alimaña.

GONZALO MORA DONAIRE


Si la conquista de fama y nombradía en la carrera del toreo consistiese en la posesión de simpatía personal, abierto carácter, majeza, rumbo y hechuras para vestir el traje corto, el airoso calañés y la llamativa faja de sedas de colores, en verdad podemos garantizar que el espada madrileño Gonzalo Mora y Donaire hubiese podido hombrearse con las más altas figuras de la tauromaquia. Pero, corno en el ruedo no cuenta el ser echao p'alante, y son imprescindibles el valor, la habilidad y conocimiento de la profesión, de todo lo cual andaba no poco escaso nuestro paisano, resultó que el hombre no pasó do medianía ni nudo salir de la modesta tercera categoría en que se hallaba, lo que no impide le dediquemos este recuerdo.
Gonzalo Mora y Donaire, hijo de Francisco y Manuela, trió la luz en la capital de España el 10 de enero de 1822, no 1827, como aparece en algunas biografías. Dueños sus padres de una sastrería donde se confeccionaba ropa de torear, su casa era frecuentada por Lidiadores, y del trato non esta gente nació la vocación del muchacho, la que no fue muy contrariada, pues el autor de sus días también había ensayado sus aptitudes para el arte en sus tiempos de soltero, en el Puerto de Santa María, su ciudad natal. Dedicado al toreo el héroe de nuestra historia, figuró como matador en una de las innumerables cuadrillas de «niños», más o menos talluditos, que por generación espontánea, como los hongos, brotaron en todo, tiempo de diversas regiones españolas la tal cuadrilla duró lo que una siesta, y entonces, el novel lidiador se dedicó a banderillear agregándose a las cuadrillas de Pedro Sánchez (Noteveas). Pedro Parraga y Roque Miranda. ¡Vaya maestros!
No satisfacía sus aspiraciones el manejo de los rehiletes y comenzó a ejercitarse con el estoque, acudiendo a las capeas de los pueblos cercanos, en los que estoqueaba el morucho destinado .al sacrificio. Las muchas relaciones de su padre con la torería de la época facilitó la carrera del joven novillero, el que realizo, algunas brillantes campañas, pues si bien su estilo era basto, solía dar estocadas de efecto rápido, y esto siempre agradó a públicos poco exigentes. Su carrera novilleril fue larga, ya que no brillante, y duró de primera intención, hasta el 26 de mayo de 1852 en que el paisano de su padre. Francisco Ezpeleta, le dio una corrida en Ronda y en ella una alternativa, que había de servirle para ir a Cuba, de segundo matador, con su amigo y compañero de juergas y bureo, Juan Pastor. El Barbera. Según nos cuentan los cronistas, Gonzalo hizo furor en Cuba, donde se captó la simpatía de los aficionados de ambos sexos, llegando a sumar en el año que La Habana su presencia gozó más de cuarenta corridas toreadas. Tal vez se les haya ido un poquito la mano ex los historiadores: pero dejémoslo así, ya que al fin tanto monta Vuelve ¡nuestro torero a sus lares madrileños y tema parte, el 21 de agosto de 1854 en una corrida, benéfica, organizada por Cuchares, en la que estoquea, nada bien por cierto, un toro de Cunha. Sigue por esas plazas provincianas estoqueando toros y novillos y la empresa madrileña le pone en el cartel de la corrida del 31 de marzo de 1856. Pero en calidad de sobresaliente, Y aquí fue Troya. El hombre se da por ofendido a con la facundia en él proverbial convence al gobernador civil de que él es ten matador, de toros come Pepete El Tato y, por tanto, tiene derecho a alternar. Estos acceden, pero a condición de que reciba la alternativa nuevamente, pues la de Ronda quedó anulada al matar después novillos. En este caso le correspondía a Pepete, primer espada, cederle los trastos y el primer toro. Pero no fue así. El Padrino fue El Tato, que le cedió los trastos en el toro tercero. Zamarro (retinto), de García Rubio. Vuelve a figurar en los carteles de la corrida siguiente, 7 de abril en la que ocurre la anomalía de no alternar los espadas Pepete estoquea los toros primero y secundo: El Tato el tercero Y cuarto y Gonzalo el quinto y sexto. Se concede un morucho de gracia y cuando esto ocurre lo estoquea alguno de los banderilleros y en último caso, el tercer espada. Pues en ésta es nada menos que el jefe de lidia el que se encarga de tal faena.
De rarezas de esta Índole pudiéramos referir un millar. La labor del buen Mora en estas corridas no lograron convencer a sus paisanos: el hombre aparentaba mucho pero los espectadores no se curaban de apariencias, querían realidades. Logró de Antonia Sánchez, El Tato, que le llevase a las corridas de San Fermín, como segundo matador: pero lo que no pudo conseguir fue agradar a los Pamplonicas. Sus faenas fueron de lo más mediano del género. Y hasta se dio el caso en la primera corrida se daba tan poca maña para poner en suerte al toro Señorito (negro), de Téllez que se vio precisado El Tato a pasarlo de muleta. No se crea por esto que Gonzalo careciese, en absoluto, de tardes afortunadas; nada de eso. Las tuvo, aunque no muy frecuentes, como también las hubo en que estoqueó magníficamente un toro y le sacaron la media luna en el siguiente; porque eso si en cuanto a desigualdad era un prodigio. Hizo frecuentes viajes a América y Francia, y en la región del Midi causó furor, según las crónicas… Llegaron las corridas reales madrileñas de 1878 y armó la aran trapatiesta, porque la comisión organizadora le puso en el quinto lugar de los espadas en vez del cuarto, que le correspondía un jurado competente aprobó lo hecho por la comisión, pero Gonzalo metió ruido, que sin duda era lo que buscaba, En la segunda corrida, 26 de enero, le correspondió el primer toro de lidia ordinaria, Cabezón (negro), de Veragua. Sonó la flauta y escuchó una ovación, quizá la más nutrida de su vida. La última corrida toreada por el diestro en su pueblo fue la del 27 de septiembre de 1880 en la que, ioh, dolor!, presenció el encierro de sus dos toros. Le llegaron los tristes días de la vejez con su secuela de privaciones, enfermedades y estrecheces.
Frascuelo, compadecido del anciano lidiador, organizó una novillada a su beneficio, la que se celebró el 15 de julio de 1888, tomando Parle en ella los muchachos de la cuadrilla del espada granadino. Aunque se recaudó bastante, los gastos fuero, elevados, y el producto líquido, muy escaso. Los lidiadores torearon gratuitamente, pero en toda olla sale un garbanzo negro; uno de los que actuaron de matadores se presentó a cobrar sus honorarios. —Me extraña tu pretensión —dijo el viejo torero—, pues sabes que todos han trabajado en el obsequio y sabes también que, es muy escaso el producto líquido. Pera, en fin, toma tu dinero: quién sabe si tendrás que gastártelo en botica. Sería casualidad, pero, un año después el torero de referencia sufrió una cogida, le amputaron una pierna y se vio en la necesidad de que le dieran un beneficio, en el que todos los que tomaron parte lo hicieron gratuitamente. Gonzalo se avencindo en el pueblecito de Colmenar del Arroyo, donde murió, a los setenta años de edad, el 21 de mayo de 1892. Como buen madrileño fue noble y de caritativos sentimientos. Cuando murió el pobre Juan Martín, El Pelón, y dejó en la miseria a su esposa e hijos, Gonzalo recogió a una de sus niñas a la que crió con el cariño y esmero que si hubiese sido propia al de Esta fue la vida Profesional de un lidiador madrileño, popularísimo en su tiempo, diestro de gran fachada, pero, iayl, de muy poco fondo.

domingo, 22 de junio de 2014

LORENZO MARTIN Y PASTOR "MARTINITO"


Matador de novillos nacido en Rubielos de Mora (Teruel) el 14 de noviembre de 1878.En un principio se apodó "El Boticario". Vistió por primera vez el traje de luces el 31 de Mayo de 1896 en Tortosa (Tarragona),después de torear y aprender bastante por tierras de Aragón y Cataluña, llevar a cabo varias excursiones al Brasil, Chile, Perú, Bolivia, Colombia y Panamá, inaguró en 1905 la "Plaza de toros España" en Bogotá.

Hizo su presentación en Madrid el 1 de noviembre de 1908. Martinito sufrió varios percances de importancia:; el 16 de julio de 1907, Cóndor, toro de don Benjamín Treviño, le dio una cornada en la región glútea de nueve centímetros de profundidad y siete de extensión al rematar un quite en Bogotá (Colombia)”. Falleció en su pueblo natal el 11 de Julio de 1913,de una grave enfermedad, de la que se sintió mal toreando una corrida en el mediodia francés,por lo que desde allí se trasladó a su pueblo para fallecer,contaba 33 años.

ANTONIO DABÓ


Este diestro nació en Madrid, y desde que terminó la instrucción primaria se dedicó al oficio de carpintero-ebanista, en cuyo arte llegó a tener un acreditadísimo taller. Desde muy niño demostró afición por los toros, y la derruida plaza de los Campos Elíseos sirvió de escenario a sus primeros pasos en la tauromaquia, en la Apoca en que Mazzantini hacía su aprendizaje. Después de trabajar en diferentes becerradas de convite en dicha plaza y en la del Puente de Vallecas, tomó parte en la corrida celebrada en el mes de Febrero de 1885 a beneficio de los desastres de Andalucía y en la que estoqueó con gran acierto dos toretes. Decidido a continuar en la peligrosa profesión de torero, fue ajustado para la corrida de inauguración de la plaza de Pastrana el 5 de Junio de 1885, festividad del Corpus.
En ella mató con aplausos tres toros de la ganadería de don Donato Palomino, y al disponerse a concluir con el cuarto, fue enganchado y derribado, produciéndole entre otras lesiones de menor importancia, una luxación en un pie de carácter tan grave, .que no se vio repuesto de ella sino al cabo de seis meses. Después de haber actuado como espada en diversas poblaciones de importancia, el 6 de Febrero de 1887 mató en Madrid alternando con el Ecijano y concluyendo con los dos toros que le tocaron de dos estocadas. De veinte pasan las cogidas más o menos graves en el ejercicio de su profesión.


De ellas las principales son las siguientes: Un puntazo en una rodilla en la plaza de Vitoria; otro en una mano en la de Nimes; una cornada en la pierna izquierda y un varetazo en la cara en la de Daimiel; un varetazo en Plasencia, donde a pesar del percance mató en las dos corridas ocho toros de ocho estocadas; un puntazo en la mejilla sufrido en Alicante el 3 de Agosto de 1893, al entrar a matar en una corrida en que alternaba con Maese; una, cornada en una axila y un varetazo grande en Yecla, y otro puntazo en un muslo con lesiones de consideración también en una mejilla en Castellón de la Plana.De sus condiciones como torero ,poco podemos decir, por la circunstancia de haber podido :apreciar su trabajo contadísimas veces, y esto hace ya tiempo.. La impresión que nos dejó es que contaba con la primera materia que es el valor, y una condición importante, que es la seriedad. Por aquellos días toreando le faltaba mucho que aprender y unícamente se distinguió por la valentía y seguridad con que entraba a matar, que no por sus primores manejando la muleta y el capote. hubo una época en la que creyó posible llegar a ocupar un buen puesto como matador.Se convenció de que estaba equivocado y retorno a su oficio de carpintero. Tuvo después la desgracia de quedarse ciego, y los últimos años que vivió podía vérsele en la calle de Medinaceli sentado en un trípode y rasgueando una guitarra.

sábado, 21 de junio de 2014

JOSE MOYANO FERNANDEZ


En la ciudad de Sevilla, el día 25 de Diciembre. de 1867, nació este diestro, siendo sus padres Antonio e Isabel, honrados artesanos. Cuando tuvo edad para ello le dedicaron a que aprendiera el, oficio de ebanista, ocupación ésta poco grata para él, toda vez que sus inclinaciones eran la de sortear reses; de aquí que, abandonando el taller, se uniera a varios jóvenes de su edad para hacer sus correrías por tentaderos, capeas y demás funciones donde hacen su aprendizaje todos cuantos a la lidia de reses bravas se dedican. Alcalá de Guadaira y Mairena del Alcor fueron testigos de sus primeros pasos en el toreo, y en Santa Olalla recibió el bautizo de sangre el 22 de Agosto de 1887. El toro que debía lidiarse aquella tarde estaba encerrado en el corral de la posada donde se hospedaba José, é invitado éste por varios A que sortease la res antes de que se corriera por la tarde, accedió a la invitación, siendo cogido y volteado A los primeros lances, resultando con una grave herida en el costado izquierdo que puso en peligro su vida. Repuesto de este percance, continuó sus campañas por las capeas, hasta que consiguió entrar en la cuadrilla que entonces dirigía el espada Quinito. Después entró a formar parte de la cuadrilla de Reverte, y sabido es de todos la campaña sostenida varias temporadas por la pareja Moyano-Rodas. Actuó como matador por primera vez en Madrid el 6 de Agosto de 1893, estoqueando reses de González Nandín en unión de Gonzalito. El 10 de Septiembre del dicho año 93 fue herido gravemente en la plaza de esta corte por el sexto toro de Veragua al torearlo de capa; en esta corrida actuaba de matador con el malogrado Lesaca. Por esta época toreaba á las órdenes de Cara ancha, y posteriormente ingresó en la cuadrilla de Bombita. 

 De el dice José F. Coello Ugalde: 

"José Moyano era banderillero. A principios del siglo XX impulsó en España la “Sociedad filantrópica taurina”, que no era otra cosa que amparar el triste y abandonado estado en que quedan muchos de los picadores, banderilleros y puntilleros, cuando sufren alguna cogida, o en las postrimerías de su vida torera, evitando así que se presentara el peor de los estados, aquel en el que después de mil privaciones y miserias estos “humildes de la fiesta” van a morir en el rincón de un hospital. Dicha “Sociedad” encontró acogida entre toreros como Antonio Fuentes, “Bombita-chico”, “Machaquito” y “Cocherito de Bilbao”.


La misión de la Sociedad fue remediar los accidentes que sufriesen los toreros en activo, proporcionándoles médicos y farmacéuticos y medios con que alimentarse hasta su restablecimiento. Este José Moyano vino a México durante varias temporadas en la transición de los siglos XIX y XX. Aquí lo vemos, en la ensoñadora placita de Celaya, en la calle de Aldama.

Dicha plaza, con una vista primitiva, donde para algunos había sido construida a finales del XVIII y para otros, en ocasión de algunas fiestas que estaban por celebrarse a finales de la octava década del XIX, pero que no habiendo un espacio idóneo para ello, fue preciso construirla, conforme a los dictados arquitectónicos de aquella época. Moyano era un tipo simpático, que se hizo querer entre nuestros antepasados, y hasta conocemos de él una auténtica “puesta en escena”, la que realizó para cierta vista cinematográfica allá por 1902 en la plaza de toros de la Villa de Guadalupe, en la ciudad de México".

Moyano, de la coleccion de José F. Coello Ugalde

Falleció en Dos Hermanas (Sevilla) el 30 de Septiembre de 1918 a las 4 de la tarde, era padre del también malogrado Rafael Moyano banderillero que fue en la cuadrilla de Gitanillo de Triana y que falleció tras una larga y penosa enfermedad en 1928.


ANTONIO GARCIA "MORENITO"


El Morenito murió llevando desde mucho antes en el corazón el presentimiento de su fin. Desde que vio morir en México a su compañero y amigo el Saleri, del que recogió sus últimos alientos, sentía con tristezas interiores la muerte, y decía a sus compañeros cuando del toreo hablaba:
—Yo, si Dios quiere, no he de morir en una plaza de toros, porque en cuanto pueda me retiraré a mi casa a vivir tranquilamente.
No ha pudo cumplir sus deseos. Esta, era la última temporada que pensaba salir a la plaza y la cogida que sufrió el sábado de Gloria en la plaza de Lorca le causó la muerte después de largos días de sufrimientos. Antonio García el Morenito, era sevillano, nacido en el barrio de San Bernardo, en 1856, en una casa a espaldas del cuartel de caballería, por lo cual se le conocía con el apodo de El niño detrás el cuartel. Era un gran peón, incansable, de brega seria y elegante, y de grandes, excelencias para banderillas. Toreó primeramente con el Gordito, después con el Gallo, y desde el arlo 1890 formaba parte de la cuadrilla del Espartero. El 12 de Abril del ario 1885 toreaba en la plaza de Madrid con el Gallo. Al poner un par de banderillas de fuego, le cogió el toro denominado Trapero, metiéndole el cuerno por el muslo .y llegándole hasta el vientre. De resultas de esta cogida estuvo gravísimo, y las vísceras abdominales quedaron en tal estado, que el célebre cirujano D. Federico Rubio hubo de prescribirle que cuando toreara se pusiera una plancha de plomo en el vientre. Después estuvo en México y trabajaba con Saleri la tarde que este banderillero fue muerto por un toro.


El toro que lo cogió en Lorca el día 1 de Abril de 1893, era de la ganadería de López Plata, bien puesto, castaño claro y con trazas y hechos de buey. El Morenito, al poner un par de banderillas, después de haber hecho dos salidas en falso, fue enganchado por el muslo, cayendo al suelo. El banderillero “Noteveas”, hermano de Minuto, lo cogió en brazos y lo metió entre barreras. El Espartero, que a causa de la lesión sufrida en dicha tarde, se vio obligado a regresar a esta ciudad, telegrafió tan luego como tuvo noticias de tan funesta desgracia, disponiendo se facilitasen cuantos gastos fueran necesarios. La afición sevillana, siempre demostró vivas simpatías por el malogrado diestro, quedo consternada por un sentimiento profundo hacia la familia del finado, conservando un recuerdo cariñoso del que en vida fue modelo de valiente banderillero y de hombre honrado, cualidad especial que le abonaba en vida y que fue el mejor galardón que ostentaba en su corona de repetidos triunfos.
El espada Manuel García “El Espartero”, dando muestra de sus sentimientos caritativos, acordó entregar a la viuda el sueldo íntegro que le correspondería a “Morenito” en todas las corridas en las que participó Espartero aquel año, la suma ascendió a 35.000 reales.

viernes, 20 de junio de 2014

ANTONIO BEJARANO MILLAN "PEGOTE"


Apodado “Pegote”, nace en la familia torera de los Bejaranos en Córdoba el 27 de octubre de 1863.

Creció fuerte y alto, valor físico que le permitió desde joven elegir la profesión de varilarguero. Inicia su carrera como picador en la plaza de su ciudad natal, aprendiendo de José Calderón “El Dientes” torero de a caballo perteneciente a la cuadrilla Rafael Molina "Lagartijo". Acompaño como piquero a sus paisanos los novilleros “Torerito” y el “Bebe”, y a los matadores “Bocanegra” y “Lagartijo”.

Su presentación en Madrid fue el 27 de febrero de1887 picando al toro “Saltador” de la ganadería de Antonio Hernández. Llamado por Rafael Guerra Bejarano "Guerrita" formó parte de su cuadrilla hasta su retiró. Participó en la alternativa de su maestro en Madrid el 29 de octubre de 1887 picando el toro “Arresto” de color negro mulato. Estuvo con Rafael en la Habana en el invierno de 1887–1888.

El 26 de diciembre de 1888 en la Plaza de Toros de los Tejares actuó "Pegote"como novillero con los siguientes subalternos Rafael Bejarano Carrasco "Torerito", Miguel Almendro, Manuel Martínez "Manene", Rafael Rodríguez Calvo "Mojino" y Rafael Ramos "Melo", en cuya corrida sufrió "Manene" una cornada mortal por el toro 'Aguardentero'.

Cada actuación suya era un triunfo, prueba de ello fue el obtenido al toro “Molinero” de Miura en Madrid el 29 de octubre de1891, recibiendo la ovación más larga de su profesión, al poner cuatro varas portentosas.

En la temporada 1896 cambia sorpresivamente de carácter, pues era una persona alegre y graciosa; de ser hablador pasa a ser taciturno, este cambio fue el anuncio de una enfermedad mental que le hará retirarse de su labor torera, al tener que ingresar el un manicomio.

Su última actuación en Madrid fue el 27 de junio de 1897 picando al toro “Taurón” de Veragua.


“El Pegote” tuvo una figura elegante en su trabajo y como jinete. Fue un torero de a caballo fornido, que sabía castigar con dureza a los toros; era reposado, siempre gallardo y brioso, tenía el honor de ser el piquero que de una forma más corta cogía el palo. Era pundonoroso al demostrar todas las tardes que no se escaqueaba, sino que daba la talla en cualquier entra al astado. Muy castigado en su profesión, tanto por las caídas como por ser corneado. Algunos cronistas comentaban que su demencia pudo tener su origen en una conmoción celebrar sufrida en Valladolid el 17 de septiembre de 1896.

Muere demente el 2 de febrero de 1899 .Al respecto decía en tal ocasión la revista "Sol y Sombra" :

“Tristes impresiones”
“A sido sentidísima aquí la muerte del tan infortunado como valiente picador de toros cordobés, Antonio Bejarano Millán, popular por su apodo Pegote. Hace tiempo que se temía un funesto desenlace en la enfermedad que le tenía retirado de los circos taurinos. v recluido en el manicomio del Dr. Esquerdo. Tuvo, sin embargo, un breve periodo de lucidez, síntoma frenepatológico no raro, que infundió gratas esperanzas á su familia y amigos. Sus hermanos Manuel y Ángel le trajeron a Córdoba, donde se exaltó, hasta tal punto que fue preciso llevarle otra vez á Madrid. Con el difunto Mojino era Antonio María, como le llamaban sus íntimos, compañero inseparable de fatigas y triunfos de Rafael Guerra, al quo inspiraba, tal confianza, que llegó a ofrecerse rara torear sólo una corrida, a condición de quo le picara los toros Pegote. ¡Dios le tenga en su gloria! Decía en varias ocasiones Guerrita: —Algunas veces de las que paso por Madrid, no voy a verlo porque me da mucha pena y no puedo desecharla luego. Le quería bien. No necesita el infeliz Pegote de elogios póstumos; se le hizo justicia en vida. Fue un excelente jinete, de los que picaban en lo alto tomando la garrocha corta, y al empuje de su brazo se echaba los toros por delante. ¿Quién no recuerda sus continuos alardes de temeridad taurómaca, su gallardía á caballo en los tercios de las plazas? Fuera de ellas, era un amigo leal, franco y alegre como unas castañuelas. La afición ha experimentado una gran pérdida: la de un varilarguero notable, de los que quedan muy pocos, por desgracia, para la hermosa fiesta nacional.”

VICENTE ROBERTO


Tarea algo difícil es la de escribir en tan poco espacio la biografía del aventajado diestro lusitano cuyo nombre encabeza estas líneas. Perteneciendo a una familia de toreros que en las antiguas plazas portuguesas dejaron apreciable nombre, Vicente Roberto quiso también dedicarse a la lidia de reses bravas, hacia la cual le llamaba una desmesurada afición, y aunque la voluntad paternal era contraria a los deseos del incipiente lidiador, nada pudo vencer la fuerza del muchacho, que sentía correr en sus venas la verdadera sangre torera. Fue en 28 de Octubre de 1835 y en Salvaterra de Magos, cuna de varios toreros y una de las poblaciones portuguesas más aficiona-das a las fiestas taurinas, que nació el que más tarde había de dejar en los anales taurómacos de Portugal un nombre que jamás se borrará de la memoria de nuestros aficionados. Hijo del notable banderillero Antonio Roberto da Fonseca, que fue uno do los más aplaudidos diestros de su tiempo, empezó toreando por los pueblos y así hizo su aprendizaje, resultando tan regulares sus primeros trabajos, que le sirvieron de mayor aliciente para seguir la arriesgada carrera que años después le había de otorgar uno de los primeros puestos entre la gente de montera. En 1849, es decir, cuando solamente había cumplido trece años, el noble y famoso rejoneador Conde de Vimioso, enterado de los hechos taurinos de Vicente, le invitó a torear en la plaza de Almada, y tan brillante fue el toreo del joven banderillero, que además de la gran cantidad de aplausos que cosechó en aquella tarde, el susodicho hidalgo le regaló un precioso traje de luces. 

Desde entonces el nombre de nuestro biografiado empezó a ser discutido entre la afición portuguesa, y las ovaciones que recibía en las plazas de provincias hicieron que la empresa de la antigua plaza de Campo de Sant'Anna contratara a Vicente Roberto, a quien el público de Lisboa tenía ganas de ver trabajar. La presentación del ya aplaudido banderillero en el coso lisbonense despertó gran interés entre los partidarios de tan sublime arte, que coronaron con pruebas de mucho agrado al estreno del joven torero en la capital, y Vicente empezó a ganar verdadero nombre de buen lidiador, hasta el punto de seguir tomando parte en todas las corridas, siempre a satisfacción de la concurrencia. Fue por ese tiempo que comenzó toreando en compañía de su hermano, el no menos notable banderillero Roberto da Fonseca. Los hermanos Robertos recibieron siempre, durante su larga y aplaudida carrera taurina, indiscutibles pruebas de cariño y amistad del público lusitano, que reconoció en tan buenos artistas un elemento indispensable para el mejor éxito de las corridas. La muerte del malogrado banderillero y el completo alejamiento de su hermano Roberto de los circos taurinos, representan para el arte una pérdida casi irreemplazable. Vicente toreó en todas las plazas de Portugal, y conociendo el arte como pocos, no confiaba al acaso el resultado de las suertes, antes las ejecutaba con una perfección de maestro que entusiasmaba a la muchedumbre. Banderillero de grandes facultades y aventajado peón de brega, lo mismo colgaba un par de rehiletes en los rubios, que defendía en oportunos y arriesgados quites al caballero en plaza de cualquier percance. 

Fueron muy notables los Robertos con las banderillas, poro en donde daban evidentes pruebas de toreros inteligentes, era en la manera superior y artística como ponían los toros en suerte para los rejoneadores. En esa parte de la tauromaquia portuguesa hasta hoy nadie ha suplantado a dichos artistas, y no hay aficionado que no recuerde con verdadero sentimiento el nombre de los renombrados toreros que durante tan largo número de años dieran con sus inmejorables faenas justo motivo a entusiastas ovaciones y que fueron digna representación del arte de los Romeros en Portugal. También se hizo notable Vicente Romero en las suertes de parear llamadas a la porta de gayola, que ejecutaba con indiscutible perfección, lo que le produjo siempre grandes ovaciones en todas plazas, causando dicho trabajo mucho entusiasmo en el público español, cuando nuestro biografiado, en compañía de su hermano, fue a Badajoz en 1865. La afición extremeña, enterada del nombre de los dos banderilleros que habían adquirido gran tronío en el país vecino, deseaba conocer también el toreo de los hermanos Robertos, y con ese motivo fueron nuestros paisanos contratados para dos corridas que se organizaron en la capital de la Extremadura española. 

La primera tuvo lugar en 9 de Mayo de dicho año, y aunque fue al estilo del país, el trabajo de los Robertos confirmó la fama que poseían de buenos diestros; pero en el segundo día, que la fiesta se celebró a la portuguesa, el toreo de Vicente y do su hermano mereció los más entusiásticos aplausos y vítores del público por la manera brillante y artística como ejecutaran su trabajo, oyendo grandes ovaciones de la extraordinaria concurrencia que llenaba la plaza. Vicente Roberto poseía un profundo conocimiento de los toros y del arte de sortearlos, llegando también algunas veces a lidiar a caballo. Compañero muy leal, de carácter bondadoso y siempre pronto a prestar su auxilio en fiestas de caridad, dejó un nombre inolvidable entre los toreros de su país, y lo mismo era apreciado por el público que estimado por los de su profesión, pues dio durante su brillante carrera apreciables pruebas de buen compañerismo. Después de sufrir larga y atroz enfermedad, falleció tan renombrado diestro en su casa de Salvaterra de Magos el 1 ° de Junio de 1896. Ante el duelo, que tuvo lugar en dicho pueblo, desfiló un inmenso gentío compuesto de personas de todas las clases sociales, que así quisieron prestar el último homenaje al artista pundonoroso e inolvidable banderillero, que con tan envidiables aptitudes fue una de las más legítimas glorias artísticas de la tauromaquia lusitana.

JULIO APARICI PASCUAL "FABRILO"


Un torero que reunía virtudes excepcionales, arrojo, elegante figura, se justificaba, como dicen los toreros, ante el burel. Sin embargo, su signo era opuesto a sus cualidades y el público no le reconoció sus dotes en su quehacer taurino, del que realmente era merecedor. En efecto, Fabrilo era un elemento agrupado en la lista de toreros para toreros y no visibles para el conglomerado de aficionados de tendido. La diferencia de criterios entre unos y otros es abismal. Así se miran las cosas con distintos espejuelos. Julio Aparici nació en Ruzafa, provincia de Valencia, el primero de noviembre de 1866. Desde muy joven destacó en su debut en esa plaza de Levante el 3 de octubre de 1885, cuando aún no cumplía los 19 años. Dejó patente en el ánimo de los asistentes su arrojo, su buena figura y el refinado gusto para elaborar con desparpajo las complicadas suertes del toreo. Impresiona en Madrid Fabrilo camina veloz, torea en muchas plazas de primer orden y da pábulo a que se le tome en cuenta para debutar en la siempre temida plaza de Madrid. Lo anterior sucede el 27 de febrero de 1887 y causa en la Villa una profunda impresión. 

El hecho de que la empresa le haya ofrecido la alternativa al año siguiente, el 23 de septiembre de 1888, lo dice todo. No obstante, lo abandonó la buena suerte, luego de que el festejo se suspendió por lluvia. ¿Se puede, acaso, lidiar esos contratiempos? Julio siguió con el mismo ánimo, pues tomó la borla de matador de toros el 14 de octubre de 1888 en su querida Valencia, de manos de un maestro reconocido como Antonio Carmona El Gordito.

Y ese mismo año realizó campaña en La Habana, donde la fiesta adquiría interés, crecía con jerarquía y se programaba un número importante de festejos con los "monstruos" de la torería de la época. La excursión en Cuba fue triunfal para Fabrilo. Cayó de pie, dan fe de ello las crónicas de los revisteros de la época en La Habana. Al retornar a la península, Fabrilo confirmó la alternativa en Madrid, en un cartel de alto nivel con el maestro Salvador Sánchez Frascuelo como padrino y Luis Mazzantini como testigo de esa ceremonia. 
Capilla ardiente de Fabrilo

Se lidiaron toros de la temida divisa de Miura y el toro de la confirmación se llamó Neblina, un ejemplar de capa cárdeno. En 1890, cabe señalar, se acentúa la personalidad de Julio Aparici y compite con los ases de mayor renombre en el escalafón. No obstante, en Madrid torea poco y el exigente aficionado de la Villa del Oso y el Madroño lo considera un torero de segunda fila. Los empresarios le restan méritos y actúa, después de la confirmación, en sólo cuatro corridas. Con un signo trágico Sí, hay matadores de ese corte, que son admirados por toreros y el público no concluye por aceptarlos. Inclusive, la enciclopedia Cossío advierte otra virtud del torero: "Fabrillo" se distinguió por su elegancia y tacto para vestir, y provocó admiración entre los espectadores los maravillosos trajes con los que se presentaba en las plazas. Como fuese el caso es que a Julio no se le reconoció el nivel real que como matador de toros reunía. Su signo, como profesional de la fiesta brava, se designó con la sombra fatal de la tragedia y se convierte en otra víctima de la misma, que lo lleva a la leyenda. El destino le aguardó su final. Era la tarde del 27 de mayo de 1897, en cuya fecha se programó en su natal Valencia un festejo con un encierro de José Manuel de la Cámara.

Paso de la comitiva funebre por la calle Bolseria
El quinto toro de nombre Lengüeto, con presencia y romana, tomó ocho varas y, desde luego, que se enseñorearon de inmediato las malas condiciones para poder lucirse con él. El conglomerado, asistente al coso, solicitó que los maestros cubrieran el segundo tercio. Todos se negaron, era evidente que el burel no iba a colaborar en el lucimiento. Las protestas se hicieron más sonoras y ante esa actitud, Fabrilo no tuvo otra opción, tomó las banderillas y se dispuso a adornar el morrillo de Lengüeto, tras ofrecer las jarras a Reverte, que rehusó el ofrecimiento con sobrada razón. En el primer intento, Fabrilo salió en falso, el ejemplar se terciaba y cortaba el terreno. Julio hizo otro intento y clavó el par. En ese instante llegó también el derrote seco, asesino y mortal. El ejemplar de José Manuel de la Cámara lo enganchó con el pitón izquierdo por la ingle, lo levantó y en la escena, clara, se observó cómo el asta penetraba en las carnes de Fabrilo. Una cornada, por desgracia, mortal por necesidad. Tres días después, el 30 de mayo de 1897, se declaró la peritonitis y por la tarde el torero expiró en medio de crueles sufrimientos. Así es la fiesta. Los toreros son héroes y víctimas también.

jueves, 19 de junio de 2014

ANTONIO MONAVE "EL MAÑERO"


Era un torero basto y recio, de muchas facultades, sobrio y eficaz en la brega, pero de poca o ninguna brillantez.Se nivelába con el capote y los palos, pues era pronto al clavar éstos y estaba siempre muy bien colocado en el ruedo. Cuando ingresó en la cuadrilla de Frascuelo ya era un torero viejo y baqueteado. Como que en el 1855 ya banderilleó en la plaza de Madrid. Estuvo con Frascuelo durante las temporadas de 1868-69, y en 1870 formó con Domingo Vazquez y Valdemoro la cuadrilla de Cayetano Sanz. Al terminar aquella temporada des-apareció de la escena tauromáquica, y únicamente se sabe que tomó parte con Gerardo Caballero en unas corridas efectuadas en Trujillo (Perú) durante el mes de agosto del año 1872. ¿ Qué fue del Mañero? Se ignora en absoluto. Indudablemente, debió de retirarse definitivamente al regresar de America. Antonio Monave (el Mañero) fue, en suma, uno de aquellos toreros de ayer — de un ayer muy remoto —curtidos en el peligro, que permanecían largos años en la profesión y que por disfrutar de una reputación lisonjera dejaban, a su paso por el toreo, una estela de simpatías.

VICTORIANO ALCON "EL CABO"


Victoriano Alcón (El Cabo) era de Madrid, donde nació en 1833. Hizo su aprendizaje en la sociedad titulada La Lid Taurómaca, allá por el año de 1851. Perteneció primeramente a la cuadrilla de Julián Casas (el Salamanquino) y luego a la del Tato y el Curro, según queda dicho, formando, finalmente, en los años 1873 y 74 entre los subalternos del gran Salvador Sánchez (Frascuelo) Retirado algún tiempo, desempeñó un cargo en la cárcel del Saladero, de Madrid. En 1876 volvió a ejercer la profesión, a las órdenes de varios espadas, y como tal figuró en las corridas reales del año 1878.


Dió en las plazas francesas gran expansión a sus actividades, pues fue director de varias de ellas y durante la Exposición Universal de París dirigió casi todas las corridas que allí se efectuaron. El Cabo fue un banderillero que tuvo una relevante personalidad en aquellos tiempos en que, el segundo tercio de la lidia brindaba a los subalternos más libertad de acción que en nuestros días, en los que todo se sacrifica a la conveniencia del matador.

ANGEL LOPEZ REGATERO


El famoso diestro de este nombre, falleció en Madrid el día 28 de Marzo último. El Sr. Duque de Veragua,Confió a su inteligencia la conservación y fomento de su ganadería, a ella consagró los últimos años de su existencia; y por los buenos servicios en la misma prestados, el aristócrata ganadero apreciaba mucho al veterano banderillero. Nació Ángel en la casa núm. 9 de la calle de San Dimas de Madrid, el 17 de Julio de 1825. Aficionado en su juventud a la lidia de reses bravas, hizo su aprendizaje con el famoso diestro apodado Capita y logró como banderillero colocarse a la altura de los más celebrados y aplaudidos, formando en la cuadrilla del notabilísimo Cayetano Sanz. 

Los consejos de amigos más oficiosos que discretos, el amor propio excitado por unos y otros, y la natural y legítima ambición de llegar a la meta de sus aspiraciones, le impulsaron, casi contra su voluntad, a tomar la alternativa de matador de toros, que le confirió el mismo Cayetano en la plaza de Madrid, la tarde del 11 de Julio de 1858; en el cartel de aquel dial no se dice nada respecto a la alternativa, sin duda porque en aquellos tiempos no se daba a tales actos la resonancia que en los actuales se les concede. 

Brevísima y poco afortunada fue su carrera como espada, pues si bien poseía nada común inteligencia, valor probado en distintas ocasiones (como lo demuestra el hecho de entrar en la jaula de un león con objeto de poner a la fiera un par de banderillas), y arte exquisita para la lidia, carecía de otras condiciones indispensables para ser buen matador; y desengañado pronto y convencido de que por ese camino se exponía a perder lo mucho que como peón y banderillero tenía ganado en el concepto y estimación del público, renunció a figurar como espada en los carteles y volvió a dedicarse a su anterior ejercicio en las cuadrillas de renombrados maestros.


A dicho lidiador le llamaron impropiamente el Regatero, como si tal apellido fuera un alias, y es que careciendo de éste y llevando por delante un López, que estuvo, está y estará al alcance de cualquiera, era más original designarle con el apellido materno, aunque agregándole el artículo determinativo , que generalmente sólo se suele anteponer a los apodos. Bueno; pues el Regatero nació en Madrid, en el día 17 de julio de 1826 y empezó a ser torero como empezaron todos, poniéndose cuando adquirió alguna nombradía bajo la dirección del famoso diestro Capita, José Antonio Learte Calderón, un banderillero de la cuadrilla de Montes que fue un verdadero pozo de ciencia taurómaca según afirman los historiadores. Bueno el maestro y aventajado el discípulo, fue en el segundo tercio lo que queda dicho, y poseyendo tan excelentes aptitudes, nada tiene de extraño que el propio Capita lograra colocarle en la cuadrilla de un espada tan justamente prestigioso como Cayetano Sanz, un Cayetano célebre que no era de Ronda, sino de Madrid, junto al cual obtuvo Ángel López fama imperecedera como rehiletero. Por ambición de llegar más arriba o por instigación del Cuco y de Matías Muñiz,—otras dos celebridades del segundo tercio—quienes acaso anhelaban quitarse de en medio un rival, fuera por lo que fuera, pues en esto no andan de acuerdo las crónicas, el Regatero quiso ser matador de toros y salió con la suya, si no de hecho, de derecho, pues alternando con el citado Cayetano Sanz y el Lavi recibió la investidura de manos del primero estoqueando ganado de Veragua en Madrid el 11 de julio de 1858.



Don José Carmona y Jiménez, que si como crítico era muy bueno, resultaba en cambio un versificador deplorable, dedicó al nuevo espada estos versos al principio de su revista de tal corrida en el Boletín de Loterías y Toros: “¡Ángel! ¡Te saludo bravo torero! y pues hoy inauguras tu carrera de matador, mi labio sea el primero en darte el parabién, y lisonjera descarte fortuna, Regatero, digna de tu afición y alma torera, que siempre fuiste en el sangriento coso, entre todos los buenos el coloso." Cualquiera aguantaba a Carmona y Jiménez cuando se soltaba el pelo y escribía octavas reales.Cayetano Sanz le cedió a Ángel la muerte del toro primero, Gaditano, negro bragado, corniabierto y buen mozo, con el cual hizo el nuevo doctor la siguiente faena, descrita por el propio Carmona : "Lo pasó dos veces al natural y una al pecho, y le mató de una media estocada aguantándose y sobrada, un pinchazo, una corta a volapié y otro pinchazo, viniendo el toro andando, bajo e ido.

Las tres primeras bien dirigidas, y en algunos pases de muleta en extremo parado; en todos bien. Soltaron dos palomas, El diestro vestía café y plata." Como podéis observar, en los buenos tiempos de O'Donell no se distinguían los revisteros por su amenidad. Hemos dicho que el Regatero no fue matador de toros de hecho y bien dicho está, porque no mató nunca; quiere decirse que manejando la espada resultó una verdadera calamidad, pues si como torero era hábil y elegante, si como banderillero fue de los mejores que han existido, en cambio en sus funciones de matador daba la lata al pacientísimo Job. Pinchaba mal, los toros le duraban más que unas suelas de goma y perdía los papeles de un modo lamentable.
Así pasaron sus buenos veinte arios corriditos, toreando pocas corridas, claro está, y sin que el éxito le acompañara nunca en sus andanzas de estoqueador. Tomó parte como espada en las corridas reales celebradas en Madrid en enero de 1878 y diciembre de 1879, con motivo de las dos bodas de Alfonso XII, y la última vez que toreó fue en Valencia, el 24 de julio de 1880, alternando con Lagartijo el Grande en sustitución de Frascuelo. Fue de sustituto para tres corridas; en la primera estuvo .muy mal y resultó lesionado, y tanto por esto como por haberse convencido de su impotencia, renunció a torear las otras dos. Unido por estrechos vínculos de amistad con el Duque de Veragua, padre del actual, vivió de su protección y fue largo tiempo encargado de la vacada del ilustre prócer ; vistió siempre de cortó, pulcro y atildado, y con sus setenta años a cuestas se le veía en Madrid luciendo el típico calañés, tal como aparece en el retrato.