domingo, 27 de noviembre de 2016

DE COMO ANTONIO CARMONA «EL GORDITO» MATABA TOROS A TIROS CON UN FUSIL REMINGTON, ENCARAMADO EN UN PESEBRE Y VESTIDO DE VERDE Y ORO, EN EL AÑO DE GRACIA DE 1880.


El 15 de Agosto de 1880 se dio en Orihuela la primera corrida de feria, estoqueando el Gordito y Lagartija seis toros de D. Fructuoso Flores, de Víanos, con divisa naranja. Transcurría la corrida sin grandes incidentes ni mayores entusiasmos, cuando, hallándose estoqueando Lagartija, que vestía de azul y oro, el cuarto toro [Desertor, negro cornicorto), que había tomado 12 puyazos, causando cuatro caídas y habiendo sido banderilleado por Isidro Rico y Manuel Gimeno después de recibir la res un pinchazo hondo entre huesos y una estocada corta a paso de banderillas, saltó la barrera frente a la puerta de caballos, entrando en la cuadra de éstos, de donde no hubo medio de poderlo echar, sacándose malamente los que había preparados para la fiesta.

Las malas condiciones de seguridad del lugar  y el peligro posible de que Desertor pudiese salvar el recinto de la plaza hicieron al Gordito consultar rápidamente con la presidencia, y autorizado por ésta, requirió un Remington de la Guardia civil con abundante dotación de cartuchos, y penetrando en la cuadra, con las precauciones consiguientes, tanto para él como para los que pudieran ser víctimas de su equivocada puntería, se encaramó en un pesebre con su flamante traje de luces verde recamado de oro, y desde tal baluarte comenzó á disparar tiros sobre la res hasta el número de once, el que dio fin de la vida del toro manchego con un balazo en el testuz. 


Ciertamente que tal hecho no constituiría motivos para un premio en un concurso del Tiro Nacional, pues prueba que el gran torero manejaba las armas de fuego con tan detestable puntería como manejó el estoque, pero ciertamente, asimismo, que su decisión salvó quizá de un día de luto la gentil población alicantina, y que el hecho, por lo extraño e insólito, es digno de figurar en la historia del toreo. No entramos en detalles del resto de aquella corrida, por ser cosa que al caso presente no interesa. Únicamente consignaremos, a título de curiosidad, que el sexto toro (Coronel, castaño) causó en una caída al picador Antonio Arce (que llevaba cerca de cuarenta años picando reses, y que, según parece, fue la última corrida en que toreó en su larga vida profesional), graves contusiones en el costado derecho y dislocación del brazo del mismo lado. 

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