jueves, 10 de septiembre de 2026

11 DE SEPTIEMBRE DE 1955. JEREZ CONVIERTE LA BRAVURA DEL TORO EN UN CONCURSO.

 




El 11 de septiembre de 1955 nacía en la plaza de toros de Jerez de la Frontera una de las experiencias ganaderas más singulares y prestigiosas de la tauromaquia española: la Corrida Concurso de Ganaderías. La iniciativa partió del entonces alcalde de Jerez, Álvaro Domecq y Díez, hombre profundamente vinculado al mundo del toro y del caballo, con el apoyo empresarial de José Belmonte García. La idea no era organizar simplemente otra corrida de feria: se pretendía enfrentar a toros de distintas ganaderías y encastes para comprobar, sobre el ruedo, cuál demostraba mejores condiciones de bravura. Y había una intención todavía más importante: reivindicar el tercio de varas. En aquella primera época se buscaba que el toro demostrara su condición desde el caballo, valorándose especialmente su acometividad, fijeza, poder, prontitud, forma de acudir al picador y capacidad para crecerse ante el castigo. No se trataba, por tanto, únicamente de premiar al toro que después embistiera mejor con la muleta. Era, en cierto modo, un examen público de la ganadería. 

UN CARTEL DE AUTÉNTICO LUJO Para aquella histórica primera edición se anunciaron seis ganaderías: Juan Pedro Domecq, Antonio Urquijo, Eduardo Miura, Joaquín Buendía, Herederos de Francisco Chica y Marqués de Villamarta. Y frente a ellos, tres figuras de primera magnitud: Antonio Bienvenida, Rafael Ortega y César Girón. No podía comenzar con mayor categoría. Pero aquella tarde estaba destinada a pasar a la historia por un nombre: “Desteñido”. 

“DESTEÑIDO”, EL TORO QUE HIZO HISTORIA El toro pertenecía a la ganadería de Juan Pedro Domecq. Era el número 6, negro zaíno, y algunas fuentes históricas consignan un peso de alrededor de 447-450 kilos. Había nacido el 10 de septiembre de 1950, por lo que cuando saltó al ruedo tenía exactamente cinco años y un día. Lo lidió el venezolano César Girón. Y ocurrió algo extraordinario para tratarse de la primera edición del certamen: “Desteñido” fue indultado. No solamente se convirtió en el primer toro perdonado en la historia de la Corrida Concurso de Jerez, sino que César Girón pasó a ser protagonista de un hecho excepcional: fue el primer y, según las fuentes consultadas, único matador americano que consiguió indultar un toro en España. “Desteñido” recibió además el Catavino de Oro, el trofeo destinado al toro más bravo del concurso. El acontecimiento dejó desde su nacimiento una declaración de principios: en Jerez se quería premiar al toro bravo, no únicamente al toro cómodo. 

UNA CORRIDA QUE MARCÓ ESCUELA La importancia que alcanzó el certamen fue mucho mayor de lo que pudiera parecer. La Corrida Concurso de Jerez llegó a convertirse en una referencia para otros concursos ganaderos celebrados posteriormente en España. El periodista taurino Vicente Zabala Portalés, por ejemplo, llegó a solicitar información sobre las normas jerezanas para trasladarlas a la Corrida de la Prensa de Madrid. Durante décadas desfilaron por su ruedo algunas de las ganaderías más importantes del campo bravo. Entre las que más toros presentaron figuraron Fermín Bohórquez, Juan Pedro Domecq, Marqués de Domecq, Salvador Guardiola, Carlos Urquijo, Torrestrella, Atanasio Fernández, José Luis Osborne, Hijos de Pablo Romero y Salvador Domecq. Y también dejaron allí su huella algunos de los grandes nombres del toreo. El torero que más veces actuó en la Corrida Concurso fue Rafael de Paula, con once participaciones. Le siguieron Antonio Ordóñez, con siete, y José Luis Galloso, con seis. 

SIETE TOROS QUE SALIERON VIVOS DE JEREZ Uno de los datos que mejor explica la exigencia del concurso es el número de indultos. Según la relación histórica publicada por Jerónimo Roldán en Diario de Jerez, entre 1955 y 1990 se celebraron alrededor de 33 corridas, con 204 toros lidiados y únicamente siete indultados. Los siete fueron: 1955 — “Desteñido”, de Juan Pedro Domecq, lidiado por César Girón. 1958 — “Compuesto”, de José Benítez Cubero, lidiado por Antonio Ordóñez. 1964 — “Regatillo”, de José Luis Osborne, lidiado por Luis Parra “Jerezano”. 1965 — “Cubanosito”, de Antonio Ordóñez, lidiado por Antonio Bienvenida. 1967 — “Heredero”, de Fermín Bohórquez, lidiado por Paco Camino. 1972 — “Aldeanero”, de Salvador Guardiola Domínguez, lidiado por Rafael de Paula. 1986 — “Pregonero”, de Cebada Gago, lidiado por Juan Antonio Ruiz “Espartaco”. Es decir, aproximadamente uno de cada treinta toros consiguió el máximo reconocimiento. Eso da una idea de lo extraordinario que era conseguir el indulto en aquel concurso. 

EL CASO DE “COMPUESTO” Hay además una curiosidad que demuestra que ganar el concurso e indultar un toro no eran necesariamente la misma cosa. En 1958, “Compuesto”, de Benítez Cubero, fue indultado después de ser lidiado por Antonio Ordóñez. Sin embargo, el Catavino de Oro correspondió a otro toro: “Corcito”, de Juan Guardiola, lidiado y estoqueado por Juan Antonio Romero. Es decir: un toro podía ser considerado excepcional para conservar su vida y, sin embargo, otro ejemplar podía ser juzgado superior en el conjunto de los criterios del concurso. 

LOS GRANDES TOROS DE JEREZ También quedaron en la memoria otros ejemplares que no fueron indultados. En 1963, “Pendenciero”, de Juan Pedro Domecq, fue lidiado por Paco Camino después de recibir cinco puyazos. No fue indultado, pero se le concedió la vuelta al ruedo. En 1959 destacó “Jirivilla”, también de Juan Pedro Domecq. Y en 1983, ya trasladado el concurso a la Feria del Caballo, “Subversivo”, de Juan Pedro Domecq, recibió cuatro varas y fue considerado uno de los toros destacados de aquella edición. El Catavino de Plata correspondió entonces a Paco Ojeda. 

EL CAMBIO QUE TERMINÓ CAMBIÁNDOLO TODO La Corrida Concurso nació dentro de la Feria de la Vendimia, en septiembre. Pero en 1983 pasó a celebrarse dentro de la Feria del Caballo, en primavera. Y ahí comenzó, según algunos testimonios de la época, una progresiva pérdida de personalidad. El ambiente de la Feria del Caballo era diferente. La corrida empezó a convivir con un contexto más festivo y turístico, mientras que el concurso había nacido con una vocación eminentemente ganadera y para el aficionado interesado en comprobar la bravura. Algunos críticos de la época denunciaron que comenzaron a aparecer toros con menos presencia y, sobre todo, con menor capacidad para superar el tercio de varas. La consecuencia era inevitable: cada vez resultaba más difícil encontrar un toro que reuniera las condiciones necesarias para obtener el premio. Y comenzaron a aparecer premios desiertos. En 1985, el premio al mejor toro quedó desierto. En 1986, “Pregonero”, de Cebada Gago, consiguió el último indulto de la etapa histórica. En 1987, volvió a quedar desierto. En 1988, ganó “Sueñomío”, de Torrestrella, lidiado por José María Manzanares. En 1989, “Desmayo”, también de Torrestrella, lidiado por Roberto Domínguez, obtuvo el premio. Y en 1990, último año de aquella etapa, el premio al mejor toro volvió a quedar desierto. La Corrida Concurso había llegado a su final. 

¿POR QUÉ DESAPARECIÓ? La respuesta no puede reducirse a una sola causa. Por una parte estaba la transformación de la propia tauromaquia y del toro de lidia. La selección ganadera llevaba décadas orientándose cada vez más hacia un toro que permitiera el lucimiento con la muleta: nobleza, recorrido, duración y humillación. Pero la Corrida Concurso exigía otra cosa. Exigía bravura en el caballo, poder, capacidad de pelea y resistencia al castigo. Y esas cualidades no siempre coinciden con las que hacen posible una gran faena de muleta. El propio Jerónimo Roldán escribió que los “grandes intereses de la Fiesta” terminaron echando abajo una corrida que había proporcionado enormes satisfacciones a los aficionados. La desaparición de 1990 fue, por tanto, algo más que la desaparición de un festejo: fue también el reflejo de un cambio profundo en la manera de entender la selección del toro bravo. 

JEREZ INTENTÓ RECUPERAR SU HISTORIA Después de más de dos décadas de ausencia, el Ayuntamiento de Jerez intentó recuperar la Corrida Concurso en 2014. El cartel reunió a Enrique Ponce, Juan José Padilla y El Fandi, con toros de Zalduendo, Santiago Domecq, Torrealta, Jandilla, Torrestrella y Fuente Ymbro. Sin embargo, aquella recuperación fue objeto de críticas porque, aunque había seis ganaderías diferentes, se cuestionó la verdadera diversidad ganadera y el modo en que se planteó el concurso. Aquella edición quedó como un intento aislado. Jerez volvería a recuperar la Corrida Concurso en 2023, esta vez con un impulso decisivo de Morante de la Puebla. Participaron Fermín Bohórquez, Juan Pedro Domecq, Carlos Núñez, El Torero, Santiago Domecq y Álvaro Núñez. Morante, Sebastián Castella y Pablo Aguado se enfrentaron a los seis ejemplares. El toro “Barbecho”, de El Torero, consiguió el Catavino de Oro. El premio al mejor picador, sin embargo, quedó desierto. Y ese detalle resulta especialmente simbólico. Porque si algo quiso defender Álvaro Domecq cuando creó aquella corrida en 1955 fue precisamente que el tercio de varas volviera a ser una prueba fundamental de la bravura del toro. 

SETENTA Y UN AÑOS DESPUÉS La historia de la Corrida Concurso de Jerez es, en realidad, la historia de una obsesión muy antigua de la tauromaquia: saber qué toro es realmente bravo. No el más bonito. No el más cómodo. No necesariamente el que mejor permite torear con la muleta. Sino aquel que, frente al caballo, demuestra poder, fijeza, acometividad, codicia y capacidad para crecerse ante el castigo. Eso fue lo que quiso comprobar Álvaro Domecq y Díez aquel 11 de septiembre de 1955. Y por eso el nombre de “Desteñido”, aquel toro de Juan Pedro Domecq que César Girón indultó en la primera edición, quedó unido para siempre a la historia taurina de Jerez. Porque aquel día no nació simplemente una corrida. Nació un examen público de la bravura. 

Texto e ilustración de Antonio Román Romero Septiembre 2026 ©