martes, 19 de agosto de 2014

MARIO CARRION


Mario Carrión Bazán (1933), sevillano del barrio de la Macarena, se crió oyendo hablar de toros y viendo torear de salón a sus primos Pepín, Manolo y Rafael Martín Vázquez, todos ellos matadores de toros, como también lo fue Manolo Carmona, al que le unían los mismos lazos de parentesco.
Junto a los hermanos Martín-Vázquez se le despertaron a Carrión sus ilusiones de hacerse torero, y en Pepín, siempre tan apartado del mundanal ruido taurino, encontró su primer valedor, un consejero en el que, al principio, se miró como en un espejo. Como torero, Mario fue una interesante mezcla de artista y valiente, muy variado con el capote (siempre hacía muchos quites, lo que no agradaba a sus compañeros), estilista con la muleta y, según soplaba el viento, excelente estoqueador.Sus momentos más brillantes los alcanzó como novillero.
En los años 1952 y 1954 abrió la Puerta Grande de Las Ventas, de manera que durante varias temporadas tuvo un excelente cartel en la plaza madrileña, en la que toreó con frecuencia. Muy castigado por los toros (recibió nueve cornadas, alguna muy grave), y pasados los años de torero, emigró a Estados Unidos (se había casado en Quito con una norteamericana), país en el que trabajó como profesor de español durante treinta años. Mario Carrión debutó con picadores en Tánger el 18 de julio de 1952, con Juan Belmonte Fernández y Antonio Vázquez. Y menos de un mes después, el 14 de septiembre, se presentó en Las Ventas, alternando con Joselito Álvarez y Braulio Lausín (hijo). De ese día, el crítico Barico escribió en la revista El Ruedo: “Torea bien Mario Carrión.Muleta en mano tiene tratamiento de excelencia, y lo que hizo con la espada no hay, al menos yo no lo conozco, quien lo mejore. Si sigue matando como mató el domingo, diremos, con razón, que ha vuelto el clasicismo a los ruedos españoles.Otra cosa que hay que elogiar en el pariente de los hermanos Martín-Vázquez es el valor”.


La temporada siguiente tenía firmadas muchas novilladas, pero no las toreó todas porque pasó varias veces por el quirófano. Incluso, en cuarenta días sufrió cuatro cornadas. Reapareció sin estar repuesto y, al año siguiente, prácticamente tuvo que comenzar de nuevo. Pensando en ganar cartel para la alternativa, el 1 de agosto de 1954 volvió a Madrid, repitiendo salida a hombros. En esa ocasión compartió cartel con Miguel Montenegro y Manolo Segura.Sobre este otro festejo, Barico escribió en la misma revista: “Me sigue gustando el garbo torero de Mario Carrión, aunque triunfen ahora por esas plazas los alardes de los tremendistas del toreo. Sus lances fueron largos, suaves y mandones; lances pintureros y alegres, además. La faena que cuajó en el primero, pródiga en naturales, fue hecha bajo el signo del valor. El cuarto no era bravo, pero Carrión como a bravo lo toreó.Eso de torear a un astado soso y nada codicioso como a un bicho de bandera sólo pueden hacerlo los grandes toreros”.
Ya con más mucha fuerza, accedió al doctorado el 30 de mayo de 1955 en Cáceres, con Jumillano y Pedrés como padrino y testigo de la ceremonia. Confirmó en Madrid el 8 de abril de 1956, con Victoriano Pasada y Luis Parra “Parrita” de compañeros, y junto al rejoneador Manuel Conde, que lidió el séptimo. Los toros de a pie fueron de Celestino Cuadri, ganadería que ese día tomó antigüedad.Su última actuación en Las Ventas fue en 1957, con reses de Escudero Calvo, luego Victorino Martín.Pronto se marchó a América, donde, además de seguir toreando bastante, encontró el camino que iba a marcar su vida futura.
Ya casado y apartado de los ruedos, se instaló en Baltimore, licenciándose en la Universidad de Maryland en literatura y sociología. Trabajó como profesor de español hasta, finalmente, convertirse en jefe del departamento de idiomas. Como periodista fundó y fue el editor de una revista de cultura hispana.Y allí sigue, en Baltimore, pendiente de la temporada, escribiendo de toros en internet, difundiendo la Fiesta en Estados Unidos y visitando regularmente España, normalmente durante la Feria de Abril.

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