viernes, 7 de noviembre de 2014

ANTONIO JOSE SUAREZ


Antonio José Suárez e Iglesias, nacido en Oviedo el 23 de abril de 1831 y trasladado a Madrid apenas cumplidos los doce, años de su edad. En la Corte ejerció en principio diversas ocupaciones, hasta que surgió su vocación por el toreo, comen ando el ensayo de sus aptitudes en los embolados para los "jóvenes principiantes" de las novilladas de 1849 y 50, y siguiendo ya de hecho la carrera del toreo hasta culminar en la alternativa, recibida en Madrid, con todos los honores, en el año 1860. Después de sus ensayos con los moruchos embolados, hizo amistad con el novillero vascongado Domingo Mendívil, quien en 1851 le incorporó a su gente. La temporada de 1852 siguió a éste en sus pueblerinas actuaciones, y con él vino a la Plaza madrileña para torear ganado de puntas la tarde del 4 de diciembre de 1853, fecha en que Mendívil hizo su primera salida en el ruedo de la Puerta de Alcalá. Antonio José Suárez, en unión del madrileño Juan Mota, pareó los novillos segundo y cuarto, de los ganaderos Villalba y Castrillón, y como lo hizo regularmente, esperó con impaciencia la salida del semanario profesional que se ocuparía de sus labores de peón y banderillero: pero, ;oh dolor!, ni se le nombra: ha era desconocido para el revistero. Era Domingo Mendívil un exaltado revolucionario, de aquellos que no están conformes ni aun con los políticos que ellos ayudan a triunfar, y pronto catequizó a su joven banderillero, que le siguió en esta clase de aventuras, con la secuela le persecuciones, huidas de su Patria, quebrantos de salud y de intereses, toda la lira de disgustos, sinsabores y fieros males. Pero concretémonos a su carrera en el toreo, que es la que ahora nos interesa para nuestro Desde su presentación en Madrid como banderillero de moruchos de puntas en esa corrida de 1853 hasta el año 1856, acompañó a cuantos novilleros le hacían proposiciones, siendo los que utilizaron su colaboración el Mendívil antes mencionado, el aragonés "Relojero", figurando también como, matador en algunas novilladas de ínfima categoría, hasta que el 6 de diciembre de 1857 logro verse como matador en los carteles madrileños, estoqueó ese día y muy guapamente por cierto, un solo novillo, "Salao”, retinto, del ganadero colmenareño don Calixto Esteban, y nuestro héroe, que aquel día vistió el primer traje de luces por él estrenado —uno modestito, carmesí y plata, adquirido tras no escasas privaciones— volvió a experimentar la segunda contrariedad con la Prensa profesional, que equivocaba hasta su nombre. 

Pero no faltó quien se fijase en el aplomo, frescura y valentía con que despachó al novillo colmenareño y quien le hizo justicia: fue nada me-nos que el propio empresario madrileño, el afamado ganadero don Justo Hernández, que le con-trató de media espada para la temporada de 1558, con lo que el novel lidiador no cabía en sí de gozo, y el suceso no era para menos. ¡Ahí era grano de anís hacer el paseíllo al lado de los maestros "Cuchares'', Sanz y "el Tato !... El gran "Curro Cuchares”, deseoso siempre de ayudar a los principiantes, quiso conocer por sí propio la cantidad de suficiencia y valor del novel media espada, y en la corrida del 12 de abril le cedió el toro quinto, "Tarin , negro, de saltillo. Suárez, que vestía su consabido traje carmesí y plata, tomó los trastos, y con mejores deseos que fortuna dio fin del morito, que hizo la pelea con mucho nervio y que no estaba como para ser lidiado por diestro de escasos recursos. La crítica, dándose cuenta de la buena voluntad del joven lidiador, le alentó al juzgar su trabajo. Véase lo que se escribió: "Este joven diestro, con más ganas de trabajar y agradar que arte, aunque desgraciado en su faena, ha estado brusco y cerca del toro, que es cuanto puede y debe exigírsele. Cuide de no encorvarse en los pases, de citar y arrancar por derecho, de no precipitarse, y podrá en su día ser matador de toros, pues reúne algunas buenas condiciones: Suárez es un chico que principia, y no del todo mal, con desahogo y gracia”. Otro toro mató en Madrid esta temporada de 1858, el de gracia del 26 de abril, “Gitano” retinto; del marqués de la Conquista, al que toreó por verónicas y navarras, pasó de muleta con brevedad y sin estrecharse y mató de una regular estocada arrancando. La crítica ya metió un poco más el escalpelo en su labor, juzgándole con alguna más severidad, terminando con estas palabras: "Como es principiante debe decírsele los defectos que se le noten para que, procurando corregirlos, se haga digno de las esperanzas que ha hecho concebir. ¡Así escribían los cronistas antaño! 

A más de sus actuaciones como sobresaliente o media espada en Madrid y provincias en esta temporada y la siguiente de 1859, mató novillos y aun alternó en provincias con matadores de cartel, y en la corrida de Madrid del 24 de septiembre de 1860, Julián Casas, "el Salamanquino", le dio la alternativa, cediéndole el toro "Trueno”, colorado, del ganadero don Agustín Salido. El nuevo doctor en tauromaquia estuvo regular en la muerte de dicho toro y muy bien en la del último de la tarde, "Vivoro”, retinto, de don Vicente Martínez. Era Antonio José Suárez, hombre de elevada estatura y dominaba bien, por buenos mozos que los toros fuesen: sus labores con el capote y la muleta no se distinguían por lo finas e inteligentes, pero solía realizarlas con valentía, y en esto fundaron los aficionados sus esperanzas para lo futuro. Tanto en el año de su alternativa, como después de ésta, continuó el diestro matando novillos de puntas, y esto, que pudiera extrañar a los aficionados del día, que no conozcan a fondo la historia de la Fiesta de toros, era cosa corriente en aquel tiempo y en espadas de segunda y tercera categoría, sin que por lo habitual llamase la atención, ni por esto perdiese su antigüedad el diestro o diestros que lo realizaban. La explicación es sencilla. Los lidiadores de aquella época eran ante todo entusiastas de la profesión que por vocación abrazaran. Gustaba de torear, y como no disponían de las facilidades de ahora para hacerlo en las vacadas, aceptaban corridas de novillos por no pasar inactivos todo el invierno. En estas funciones mataban dos novillos de puntas, reses que de novillos sólo tenían el nombre, pues solían ser de edad pasada, muchas carnicerías y nada escasa arboladura. Que los matadores no aceptaban por codicia estas corridas está demostrado con saber que solían cobrar 250 a 300 reales por fiesta, cantidad que no era para resolver ningún problema económico, aun teniendo presente el gran valor del dinero en aquel tiempo. En el año 1862, fue contratado de temporada como tercer matador con "Cuchares" y Cayetano Sanz. Su labor fue bastante desigual, en conjunto, logró tardes muy felices, como la del 16 de junio, en la que toreó de muleta y mató estupendamente al toro "Meleno”, castaño, de Miura. Hasta el año 1865, fue conservando su cartel, con mucha desigualdad, pero sin gran descenso más desde esta fecha, y por causas ajenas a la profesión, fue anulándose en tal forma que hasta perdió aquella valentía de sus mejores años. "Suárez, en vez de adelantar, marcha hacia atrás”, escribía un cronista, y de que esto era una realidad, recibía inequívocas pruebas el lidiador, olvidado casi por completo de las Empresas y del público, que en otro tiempo le alentó con sus aplausos Los asuntos políticos en que se vio metido, tal vez contra su deseo, absorbieron su tiempo y consumieron sus ahorros, recibió más disgustos que satisfacciones, y asqueado de la política y olvidado como lidiador se retiró a vivir con el producto de una taberna que había establecido en la calle del Tutor. Cuando llegaron, las fiestas reales de 1878, el que tanto había luchado, por el republicanismo solicitó trabajar en honor del rey Alfonso XII. Le fue concedido, vistió de nuevo el traje de luces, conservado desde su retirada en 1872, y estoqueo tan rematadamente mal el toro "Cachacho” negro, de Saltillo, lidiado el 26 de enero, que la silba fue de alto bordo. Recluido definitivamente en su establecimiento, allí murió el 21 de enero de 1889. Esta fue la vida en el arte del matador de toros asturiano Antonio José Suárez, a quien apodaron en sus comienzos "el Morenillo”.

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