miércoles, 1 de octubre de 2014

BARTOLOME JIMENEZ TORERO Y GADITANO


Bartolomé Jiménez, de quien dice el historiador Sánchez de Neira, y copian sus sucesores, que fue un picador de mérito sobresaliente, que trabajó en la cuadrilla de «Pepe-Illo» y otras de primer orden. Inventaría seguidamente otro diestro del mismo nombre, lo cita como peón y banderillero de Pedro Romero; después; como primera espada en Madrid, dudando si se trataría de un mismo torero que comenzase de picador y abandonase luego la garrocha para empuñar la espada. No hay nada de esto. Bartolomé Jiménez no fue nunca picador de toros; desde sus comienzos practicó el toreo de a pie, como peón y banderillero, y las dudas del insigne autor del «Gran Diccionario Taurómaco» provienen de que confundió las actuaciones de este diestro con las de los picadores Juan y Manuel Jiménez, contemporáneos de Bartolomé. También sufre una ofuscación al afirmar que José Delgado y otros espadas de su época llevaban picadores en sus cuadrillas. Más de una vez hemos rebatido este aserto, pues consta de manera indubitable que los varilargueros de aquel tiempo y los posteriores, hasta la época de Montes, no estaban sometidos a la disciplina de cuadrillas. Dicho lo cual, veamos nuestros apuntes con relación al matador de toros Bartolomé Jiménez Acosta, que vio la luz en Cádiz el 16 de octubre de 1764. Hijo de industriales tablajeros, fue ésta su primitiva ocupación y de su contacto con el ganado en el matadero surgió su vocación por el arte, vocación no muy prematura, pues no la sintió hasta cerca de sus cuatro lustros. Juan Castell, matador de toros retirado, pariente de su padre, gustoso de las aficiones del joven, le examinó de aptitudes, y comprendiendo reunía las precisas para el arte, le presentó a su amigo el gran Pedro Romero, que en Cádiz había fijado en aquel tiempo su residencia, y al lado del espada rondeño toreó Bartolomé en Andalucía desde 1787, viniendo con su maestro a las corridas reales madrileñas de 1789, pero no de banderillero y media espada, corno afirma un biógrafo, sino de lo primero únicamente, pues los medias espadas fueron José y Antonio Romero, Francisco Herrera y Juan José de la Torre. 

No toreó en Madrid en 1790. Continuando en provincias al lado de Romero, y éste; que apuntaba los anhelos del muchacho por llegar a matador, le permite figurar de media espada para estoquear los últimos toros. Con Pedro y sus hermanos José y Antonio Romero viene nuevamente a Madrid en 1791. No puede figurar de media espada, por ser Herrera, Torre y José Jiménez los contratados para ello; no obstante, sustituye a Torre en la corrida del 19 de septiembre y estoquea su primer toro en Madrid. Pedro Romero lo recomienda a los maestrantes sevillanos, y éstos atienden al diestro de Ronda, contratando a Bartolomé como media espada, y en unión de «dilo» y Barcés torea en las fiestas de los días 25 y 27 de mayo, y 10 a 12 de junio de 1793. Supo captarse la simpatía de los citados matadores; quedó muy bien en la muerte de sus toros, especialmente en el último de la tercera corrida, un toro bravísimo de don Luis Bil, de La Rinconada, al que preparó con solo dos pases y mató de una, gran estocada, practicando a la perfección la suerte de recibir. La Maestranza quedó tan complacida del trabajo del medio espada, que le renovó el con: trato, no sólo para las corridas del otoño de aquel año, sino para todas las del siguiente, que fueron doce en total. 

En estas corridas demostró Bartolomé plenamente las características de su arte, sobrio estilo y extraordinario arrojo. En una de las corridas de esta temporada hallaba se en la Plaza el diestro retirado Joaquín Rodríguez («Costillares»), a quien brindan sus toros «Illo» y Conde, y lo propio hace Jiménez, que con gran fortuna practicó la suerte del volapié, en honor del inventor de la misma. Nuevamente se le ajusta con la misma categoría para las corridas de 1795; pero en vista de los progresos realizados, el primer matador jefe de lidia, José Delgado («Illo»), le admite como tercera espada, y el 16 de mayo alterna por vez primera como matador de toros con el citado Francisco Garcés, quedando como matador de alternativa sin cesión de trastos, por no ser de ritual en aquel tiempo esta ceremonia. En su nueva categoría alternó ya en las corridas de otoño dispuestas por la Maestranza. A la Plaza madrileña no viene hasta el año 1801, toreando algunas corridas sueltas después de la muerte de «Illo». Se le contrata por la Junta de Hospitales para la temporada de 1802; pero en estas fiestas, como a las anteriores de 1801, no viene de media espada, como afirma un historiador del día, sino de matador de cartel, para alternar con José Romero y Antonio de los Santos. Vuelve a ser contratado con Romero y Agustín Aroca para 1803; torea toda la temporada y las corridas reales, y al retirarse José Romero al finalizar este año su contrato, queda Jiménez de primer matador en 1804. Decaen algo sus facultades por enfermedad; sufre una grave cogida el 9 de abril; no reaparece hasta el 28 de mayo; lo efectúa con su valentía característica; sufre nuevos leves percances, y el 1 de octubre trabaja por última vez en nuestra Plaza. Prohibida la Fiesta en 1805, se retiró a su pueblo natal, ocupándose nuevamente en la industria de la carne.

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