jueves, 23 de abril de 2015

JUAN MARTIN "EL PELON"



Notable piquero jerezano, perteneciente a una familia de gran abolengo taurino, cuyo origen comenzaba en los primeros tiempos del toreo profesional, aquellos en que aún la vara de detener no estaba en su totalidad admitida en el primer tercio de la lidia, empleándose a la vez los rejones y rejoncillos. Juan Martín, «el Pelón», el garrochista de que hoy vamos a ocuparnos, vio la luz en la ciudad de Jerez de la Frontera en el año 1798. No tenemos noticias referentes a los comienzos de su vida en el arte ni qué maestros le adiestraron en el oficio. Dicen los historiadores que a las órdenes de Juan León trabajó por vez primera en Sevilla el 27 de diciembre de 1824. La fecha, seguramente, es exacta; lo más dudoso es que lo hiciese a las órdenes del citado espada, pues en aquel tiempo aún los varilargueros se contrataban directamente ron las empresas y no dependían de los espadas. En la misma Plaza sevillana trabaja en 1825, tomando parte en las cinco corridas organizadas por la Maestranza en los días 28 y 29 de abril, 3 y 9 de mayo y 13 de junio, en las que alternó con «Hormigo», «el Bombero», Pinto y Manuel Sánchez, «Poquito-pan», artistas bien acreditados. Su fama de buen piquero llegó a Madrid, y los organizadores de las corridas le contrataron para servir las de 1826, haciendo su presentación en la fiesta inaugural, día 22 de mayo corrida entera, en la que se lidia-ron doce toros, seis en la mañana y seis en la tarde. En esta segunda fase de la función fue en la que trabajó Juan Martín, alternando con el sevillano Juan Marchena, «Clavellino». Agradó a los madrileños el trabajo realizado en ese día por el nuevo lidiador jerezano, y su campaña en esta temporada fue buena, tanto por el número de actuaciones como por los aplausos conquistados, lo que motivó le fuese renovado su contrato por siete años más consecutivos, hasta 1833, último en que aquí toreó de temporada. En estos años tuvo ocasión de alternar con lo más florido de los garrochistas de la época.Se avecindó en Madrid, donde ya contaba con buen número de amigos, y en varias temporadas los arrendatarios de las fiestas invernales le comprometieron para que picase los novillos de puntas, lo que realizó por no pasar inactivo todo el invierno. Un defecto muy importante notaron los aficionados de la Corte a este artista: sus desigualdades, pues no siempre ponía a contribución sus entusiasmos por el oficio, lo que no podía por menos de disgustar a sus amigos y admiradores. 


Algunos años comenzaba a trabajar con desgana, limitándose a cumplir, viendo impasible cómo se prodigaban los aplausos a otros compañeros de menor valía, dando ocasión a que la critica le censurara, diciendo: «Juan Martín, "el Pelón", se ha hecha muy atrás.» Otro cronista hizo el resumen de la labor de los piqueros en una de aquellas temporadas, y refiriéndose al diestro jerezano, decía: «Juan Martín, el hombre de mucho brazo, con el cual sujeta a veces al toro en su carrera, es además muy buen torero con los adelantos que ha hecho en estos dos últimos años. Grave y circunspecto en tanto grado que ni aun se digna mirar a los que le aplauden ni a los que le abroncan cuando, a las veces, toma cuantas medidas le sugiere su prudencia para no arrimarse mucho a los toros, lo que algunos exaltadillos llaman hacer la mula.» Esta apreciación corrobora lo que antes consignamos con referencia a sus fallos, pues siendo buen piquero, como todos reconocían, no se explicaban esa fatal desgana que de él se apoderaba. A veces, acuciado por sus amigos, prometía enmendarse y trabajar como sabía hacerlo, evitando que la crítica le tildase de tumbón y holgazán, como solía a veces hacerlo; pero, luego de portarse bien durante algún tiempo, volvía a caer en el desánimo e indiferencia. Tomó parte en las fiestas reales de 1831 y sea por la importancia de las mismas, con el estímulo de sus compañeros o por deseos de mantener su cartel a buena altura, es el caso que fue uno de los varilargueros más aplaudidos. Al terminar este año sus compromisos con los organizadores de las corridas madrileña: se ausentò de la Corte, regresando a Jerez donde fijó su residencia. Aún en 1834, y de paso por Madrid, salió a trabajar en la última corrida, 17 de noviembre, en la que alternó con José Salcedo, picando los cuatro toros lidiados en plaza entera, los que fueron estoqueados por Jerónimo José Cándido y Francisco Montes, «Paquiro». Parece que don Manuel Gaviria trató de contratarle para la temporada de 1835, negándose el diestro, alegando se encontraba delicado de salud y estar próxima la fecha de su retirada, lo que debió efectuar poco después, ignorándose la fecha de su muerte. Juan Martín, «el Pelón», pese a sus desánimos, debe figurar en los anales como piquero de primera categoría. Este diestro trabajó con otros compañeros para modificar la costumbre de que los piqueros estuviesen en el ruedo durante toda la lidia. Habló de ello con la Junta de Hospitales y con don Manuel Gaviria, proponiendo se retirasen los jinetes terminado el primer tercio. Los espadas no se opusieron a la reforma, pero sí la crítica, que alegaba no debían hacerse tales innovaciones. El asunto motivó no pocas discusiones entre los aficionados, y la modificación propuesta quedó, por entonces, en suspenso continuando los picadores en el redondel durante toda la corrida, con lo que a veces tenían ocasión de hacer quites a sus compañeros de tanda y aun a banderilleros y espadas, si era preciso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario