viernes, 4 de diciembre de 2015

EL TORO CARAMELO



Historia tan brillante corno la del toro Caramelo, de la ganadería de D. Manuel Suárez Jiménez, de Coria del Río, no se registra ni es fácil que se registre otra. Ella vino a confirmar la opinión de los que estiman al toro invencible por ninguna otra fiera, y constituye una página interesantísima en la historia dé la tauromaquia, o mejor dicho, de la taurografía. Se anunció para el 15 de Agosto de 1848, en la plaza de Madrid, un espectáculo emocionante: la lucha de un toro con un león y con un tigre. Sólo, el anuncio despertó expectación enorme y dió lugar a cábalas, apuestas y porfías acerca del probable resultado de la lucha. Mucho es el poder de un toro y mucho confiaban en el de Caramelo los más entusiastas; pero la fiereza del león y la del tigre, tantas veces relatadas en los libros de viajes y aventuras, hacían vacilar a muchos en sus pronósticos. Todo esto constituyó una rédame estupenda, se lleno la plaza, y hasta que dio comienzo el espectáculo la expectación del público fue indescriptible.Se contaban maravillas del león y del tigre, que habían sido traídos de Argelia ex profeso, pero no se hablaba menos en loor del toro que había de luchar con ambos. En el redondel se había colocado una jaula de fuertes barrotes de hierro con puertas para la entrada de los felinos y un callejón que iba a dar a los toriles para que pudiera entrar el toro directamente desde los chiqueros. Se llevo primero al león a la jaula, y al verle muchos partidarios del toro Sintieron amenguarse sus esperanzas en el triunfo de éste. El león, majestuoso, sacudiendo su poblada melena y dando formidables rugidos, parecía haber entrado en el recinto enverjado como amo y señor omnipotente. Se hízo la señal y se dio suelta al toro. Era colorado, bragado, de muchas libras y de gran trapío. Su entrada fue el comienzo de su triunfo. 

Angel López Regatero

Al león al verle se le erizó la melena. Se agazapó la fiera africana preparándose para saltar sobre Caramelo, pero éste no le dio tiempo a intentar la acometida; le embistió le empitonó por medio cuerpo, lo lanzó a los aires y allí quedó el león hecho un guiñapo, temeroso y fugitivo. Caramelo volvió a cornearle dos o tres veces más sin que el león intentara defenderse por mucho que lo azuzaban. Considerandolo definitivamente vencido, intentaron sacar de la jaula al león, pero no fue posible lograrlo. Ni para escapar de su adversario le quedaban ánimos. Se decidió, en vista de esto, que entrara el tigre en la jaula, y así, siendo dos a luchar con el toro, tal vez el león se rehiciera. Entró el tigre. Gazapeando y procurando buscar el bulto a Caramelo, dio una vuelta a la jaula, pero de nada le valió su astucia. El toro no le perdió de vista, y en la primera ocasión en que se lo encontró de frente, se precipitó sobre él, le corneó, le volteó, y sin perder momento se revolvió contra el león que, como se supuso, se había incorporado y parecía dispuesto a atacar a la res triunfadora.

En una jaula parecida a está se celebró el espectáculo, la foto corresponde a San Sebastian, el 24 de Julio de 1904. 

No intentaremos describir el entusiasmo de la muchedumbre que llenaba la plaza. Aquello fue inenarrable y duró largo rato hasta que un nuevo incidente atrajo la atención de los espectadores. Como la lucha había terminado, se quiso retirar a las tres fieras. No hubo modo de conseguirlo, aunque para ello se emplearon todos los recursos posibles; hasta el de echar perros de presa al jaulón. Caramelo, encampanado, volviendo la cara alternativamente hacia sus dos enemigos, no hacía caso ni a los silbidos de los mayorales, ni a las acometidas de los perros, ni al flamear de los capotes que por la parte de fuera de la jaula manejaban algunos toreros. El tigre y el león, maltrechos y temerosos, se habían acurrucado a la mayor distancia posible de su triunfante adversario, y en vano era que los pinchasen con largos palos, que restallasen látigos junto a ellos, que les azuzaran los perros de presa. Quietos como si fueran de mármol permanecían. Por último, un torero de grata memoria para el público madrileño especialmente, Ángel López (Regatero), dando una prueba de valor asombrosa, entró en la jaula sin arma alguna, provisto de su capa únicamente y consiguió llevarse al corral a Caramelo. Imagínese el lector la ovación que premió esta hazaña inaudita.Pocos días después de la lucha, cuando aún duraban los cementar os a que ésta había dado origen, volvió a ser objeto de la atención pública el vencedor Caramelo, el toro que más dinero ha dado a ganar a las empresas. En los carteles de la corrida que había de celebrarse el 9 de Septiembre del mismo año se anunció que entre las reses enchiqueradas figuraría Caramelo. Volvió a llenarse la plaza. 

Cuando salió del toril el famoso bicho, fue ovacionado y la ovación continuó ininterrumpida durante todo el tiempo que estuvo en el redondel, pues hizo una pelea magnífica, tomando 12 varas y matando tres caballos. A petición del público se le perdonó la vida, y al terminal el primer tercio fue retirado a los corrales. Vino luego la glorificación del 11 de Noviembre. Entonces (otro lleno rebosante en la plaza) fue presentado Caramelo en el redondel, adornado con guirnaldas de flores. Julián Casas (el Salamanquino) y el famoso diestro madrileño Cayetano Sanz le capearon admirablemente, después de lo cual y entre los aplausos de la concurrencia, que no habían cesado desde que Caramelo pisó el ruedo, fue retirado al corral. Al año siguiente volvió el célebre bicho a ser la gran atracción en una fiesta de toros. Fue en Bilbao, donde se le lidió y donde le dio muerte Angel López (Regatero"), el mismo que con tantísimo valor le había sacado de la jaula cuando 1a lucha con el león y con el tigre.

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