jueves, 7 de mayo de 2020

LA FATALIDAD



"Joselito" se campanea en el aire, luego se abate en el suelo. De allí le recogen los subalternos, que le conducen a la enfermería. Por el callejón, los labios resecos del herido profieren una sola frase: — ¡Ay "Blanquet" que me ha "echao" las tripas fuera! Hasta aquí, no hay terror por el percance. Su gesto es de doler, un dolor profundo, que sólo se manifiesta, al ser tendido sobre la mesa de operaciones, en un imperativo de abandono y desafío: —« ¡Dejadme! Tres médicos de guardia en la enfermería. Don Francisco Luque don Leandro Pajares y don David Ortega. Comienzan a curar al herido, y la intervención de los galenos es presenciada por los practicantes y por algunos amigos del diestro, una voz clama impaciente. - —Que avisen a Mascarel para que practique una laparotomía. En aquel preciso instante penetra en la enfermería el médico forense de Talavera. Ha sido requerido con urgencia. 'Treinta minutos escasos, a galope tendido de un coche de caballos, es el tiempo que media desde la cogida de "Gallito" hasta él .momento de la entrada en 3a enfermería de este médico, número cuatro, ante el torero caído. El recién ¡llegado observa el rostro contraído de José. Oye su voz angustiada que reclama a Mascarel. Toma el pulso al sevillano. Observa las pupilas, y una frase, sombría, dirigida a nadie, dirigida a todos, resuena en la pequeña estancia: —Atiendan ustedes al estado genera! Un silencie denso, aplomado, cae, se extiende y recubre el ambiente. "Joselito" reposa para siempre sobre una cama metálica. Duro colchón, como su dura vida. La corrida termina. Entra Sánchez Mejías, capote al brazo, sudoroso el rostro, plegada la frente. Se encamina lentamente hacia el doliente. Intenta pronunciar unas palabras de ánimo, porque sospecha que aun perciben el sonido los oídos del amigo. Pero la frase se corta en el doble silencio de seres que no hablan y pulso que no late. Ignacio se pasa la mano por el rostro. Resbala una lágrima, entre surcos, de mejilla rugosa. Y el compañero de lidia invoca al Todopoderoso: —jAy, Dios mío!... He aquí, sucintamente, la película de un hecho ocurrido hace treinta y cinco años. Sin poner ni quitar una coma a lo que sucedió en Talavera.
La autopsia practicada el día 17 por el médico forense, doctor José Fernández Sanguino, ayudado por los doctores Antonio Fernández-Sanguino y Fermín Muñoz Urra, puso de manifiesto lo siguiente: "En la inspección exterior, una herida de forma circular, de siete centímetros de diámetro, en la región hipogástrica derecha. En la cavidad abdominal, perforación de peritoneo y rotura de Ares asas intestinales. Desgarro de la aorta descendente a 1 nivel del cuerpo de la segunda vértebra lumbar... Hemorragia interna, producida por la herida arterial, mortal en pocos minutos, y sin posibilidad de ninguna intervención científica." EL torero se llamaba José Gómez Ortega. El toro "Bailaor" pertenecía a la ganadería de la viuda de Ortega. Uno de los médicos de guardia en la enfermería era don David Ortega. El párroco oficiante en el traslado de los restos de "Gallito" hasta la estación del ferrocarril fue don Saturnino Ortega. Y el escribano de la causa llevaba por nombre Francisco, y se apellidaba Ortega..; Una coincidencia extraña, ligada a la fatalidad, que brindo a los curiosos y coleccionistas para su conocimiento.
María FERNANDEZ-SANGUINO ABC de Sevilla 15/05/1955 PAGs.8 y 9

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