jueves, 27 de agosto de 2026

CRÓNICA DE UN MITO: 177 AÑOS DEL DÍA EN QUE NACIÓ EL ENCASTE MIURA Y EL LEGADO DE SU FUNDADOR




El 26 de julio de 1849,se cumple un aniversario clave para entender la evolución del campo bravo en España Don Juan Miura Rodríguez cerró la compra de un lote de 200 vacas y 168 machos a José Luis Alvareda. Aquella transacción comercial no fue una simple compraventa de ganado; fue el acta de nacimiento de la vacada más célebre, temida e influyente de la historia taurina: la ganadería de Miura. Detrás de ese lote inicial se escondía una genealogía nómada. 

Las reses provenían de Don Pedro Echeverrigaray y eran oriundas de la histórica casta de los hermanos Gallardo, radicados en El Puerto de Santa María (Cádiz). Antes de eso, habían pertenecido al clérigo de Rota, Don Marcelino Bernaldo de Quirós, quien a su vez las adquirió de los monjes dominicos sevillanos del convento de San Jacinto. Sumando una compra previa realizada el 15 de mayo de 1842 a Gil Herrera, la familia unificó una sangre única que hoy en día pasta en la mítica finca de Zahariche, en Lora del Río (Sevilla). 

Para dimensionar este hito, resulta indispensable conocer la biografía del hombre que estampó su apellido en la leyenda: Juan Manuel Miura Rodríguez. Nacido en Sevilla el 27 de febrero de 1802 en el seno de una familia humilde de artesanos, inició su vida laboral de la forma más alejada posible del campo bravo, desempeñándose como un simple oficial de sombrerero. Contrajo matrimonio a los veinte años con la gaditana María Josefa Fernández, con quien llegó a procrear nueve hijos. Tras años de esfuerzo, Miura prosperó notablemente en el sector textil e industrial de la época, logrando establecer un taller propio en la plaza de La Encarnación y un reconocido despacho en la céntrica calle Sierpes de Sevilla. El giro definitivo en su vida ocurrió por la intensa vocación y persistencia de su hijo mayor, Antonio Miura Fernández, quien sentía una devoción absoluta por el campo y convenció a su padre de invertir la fortuna sombrerera en la compra de terrenos agrícolas y reses bravas. 

Juan Miura Rodríguez dirigió el rumbo de la ganadería brava con mentalidad empresarial hasta su fallecimiento el 8 de diciembre de 1854, legando a su descendencia un encaste que desafió los cánones establecidos de la fiesta nacional. El prestigio internacional de Miura se ha forjado con base en un respeto absoluto que, en varias ocasiones, se transformó en tragedia pura, poseyendo la dolorosa reputación de ser una de las divisas que más vidas de matadores se ha cobrado en los ruedos. La trágica lista negra la encabeza José Rodríguez "Pepete" en 1862, quien murió en la plaza de la Puerta de Alcalá de Madrid después de que el toro Jocinero le propinara una cornada en el corazón al salir al quite de un picador. 

 Años más tarde, en 1894, Manuel García "El Espartero", una de las máximas figuras de su época, perdió la vida en la misma plaza madrileña tras sufrir una brutal e instantánea cornada por parte del toro Perdigón. Sin embargo, el percance más universal y mítico aconteció el 28 de agosto de 1947 en la plaza de Linares, cuando el toro Islero —un astado de 495 kilos con el legendario hierro de la A con asas— asestó una letal cornada en el muslo derecho al monstruo cordobés Manuel Rodríguez "Manolete" en el momento de entrar a matar, terminando con la vida del coloso de la tauromaquia.A la par del peligro en el ruedo, la fiereza y el particular comportamiento de los miuras desataron sonados escándalos dentro y fuera del sector taurino. 

 Uno de los mayores conflictos históricos fue el célebre "Pleito de los Miuras" en 1908, una huelga formal encabezada por el matador Ricardo Torres "Bombita" en la que un grupo de toreros se unió para exigir cobrar el doble de sus honorarios habituales cada vez que se anunciaran con toros de esta ganadería, argumentando que el descomunal tamaño, su frialdad y su extrema capacidad para aprender rápido durante la lidia justificaban un caché especial. En tiempos más recientes, las polémicas han salpicado al hierro con acusaciones de "afeitado" (manipulación ilegal de las astas para restarles peligro). En 1984 sufrieron sanciones administrativas por manipulación de cornamentas en las ferias de Valencia y Huesca, una situación que volvió a encender las alarmas en 2009 en el coliseo de Arles (Francia) y en Madrid durante la feria de San Isidro de 2018, donde un examen veterinario dio positivo por presunto afeitado, desatando un terremoto en la prensa especializada, aunque la sanción fue finalmente anulada en 2020 por la justicia al no comprobarse la responsabilidad directa del ganadero. 

La influencia de esta divisa trascendió por completo las fronteras de la tauromaquia clásica e impactó la cultura popular internacional. El constructor italiano Ferruccio Lamborghini quedó tan impresionado tras visitar la finca andaluza de Zahariche en la década de los 60 que no solo adoptó el toro bravo como el emblema corporativo de su empresa, sino que inmortalizó los apellidos y los nombres de los toros más temibles de la casa en sus modelos de superdeportivos más radicales, dando vida a joyas del asfalto como el Lamborghini Miura, el Murciélago o el imponente Islero. A 177 años de aquella firma fundacional, el hierro de Miura sigue siendo el sinónimo definitivo de la emoción, el peligro y la historia viva del campo español. 

Existe otro elemento esencial en la génesis de la leyenda: el origen de su inconfundible hierro. Antes de dedicarse al ganado bravo, Juan Miura había adquirido un hato de reses mansas perteneciente al ganadero Antonio Cáriga. Cuando Antonio Miura Fernández decidió sustituir aquel ganado por reses de lidia, se negó a renunciar al hierro con el que durante años habían sido marcados aquellos animales y optó por conservarlo. Aquel anagrama formado por las letras "A" y "C", iniciales de Antonio Cáriga, fue adaptándose con el paso del tiempo hasta convertirse en la célebre "A con asas", una de las marcas ganaderas más reconocibles y prestigiosas de la historia de la tauromaquia. Paradójicamente, el hierro más famoso del toro bravo español nació identificando un ganado manso y terminó convertido en el símbolo universal del encaste más legendario del campo bravo. 

Texto e ilustración Antonio Román Romero ® Julio 2026. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario