Hablar de Pablo Romero es hablar de una de las ganaderías más legendarias de la historia del toro bravo. Su nombre evoca un toro de imponente presencia, de capa cárdena en muchas ocasiones, con una personalidad única y capaz de emocionar tanto al aficionado como al torero. Pero, ¿cómo nació esta leyenda y qué ocurrió para que hoy la conozcamos como Partido de Resina?
Los orígenes de la ganadería se remontan al siglo XVIII, cuando una vacada de procedencia Gallardo fue pasando por diferentes propietarios hasta que, en 1885, llegó a manos de Felipe de Pablo Romero.
Él no creó la ganadería desde cero, pero sí tuvo el enorme mérito de seleccionar durante años un tipo de toro con unas características muy definidas, hasta convertirla en una de las divisas más prestigiosas de España.
Aunque oficialmente el encaste Pablo Romero procede de la antigua casta Gallardo, la realidad histórica es más compleja. Antes de llegar a la familia Pablo Romero, la ganadería ya había recibido aportaciones de otras castas como Jijona, Cabrera o Hidalgo-Barquero.
Además, durante décadas han circulado rumores sobre la posible incorporación de sangre Saltillo en el primer tercio del siglo XX. Nunca se ha podido demostrar y la familia siempre lo negó, pero el notable cambio que experimentó el toro alimentó un debate que aún hoy sigue abierto entre historiadores y aficionados.
El momento de mayor esplendor llegó entre los años treinta y finales de los sesenta. Aquellos toros reunían belleza, trapío, bravura y emoción como pocos. Eran corridas muy esperadas en todas las plazas y muchas figuras del toreo las anunciaban con orgullo. Para numerosos aficionados, el Pablo Romero de aquella época representa uno de los modelos más completos de toro bravo que ha existido.
Sin embargo, a partir de los años setenta comenzaron las dificultades. La consanguinidad, la pérdida de casta y algunos problemas de fuerza hicieron que la ganadería iniciara un lento declive. La familia trató de recuperar el nivel mediante una rigurosa selección, pero finalmente, en 1997, decidió vender la vacada.
La adquirió la sociedad Partido de Resina, que conservó el histórico hierro, la divisa, la antigüedad y toda la ganadería, aunque el nombre "Pablo Romero" quedó en poder de la familia. Desde entonces, las corridas se anuncian con el nombre de Partido de Resina.
Lejos de buscar soluciones rápidas mediante cruces con otros encastes, los nuevos propietarios optaron por un camino mucho más difícil: recuperar la esencia del antiguo Pablo Romero trabajando exclusivamente con su propio patrimonio genético.
Ha sido una labor paciente, desarrollada durante décadas, que ha permitido devolver a la ganadería buena parte de la casta, la movilidad y el carácter que siempre la hicieron diferente.
Quizá el legendario toro de mediados del siglo XX sea irrepetible, porque la historia nunca vuelve exactamente sobre sus pasos. Pero Partido de Resina sigue representando hoy uno de los mayores esfuerzos por conservar un patrimonio genético único y una de las páginas más importantes de la historia de la tauromaquia.
Algunas ganaderías producen toros. Otras, además, construyen leyendas.
Texto e ilustración: Antonio Román Romero © Junio 2026 Ver menos

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