miércoles, 16 de abril de 2014

ANTONIO PAZOS



Antonio Pazos Borrero, vio la luz en la capital sevillana el 13 de mayo de 1884. Hijo de familia acomodada, cursó los estudios de primera y segunda enseñanza hasta obtener el grado de bachiller, comenzando seguidamente los preparatorios para la carrera militar, en la que era oficial uno de sus hermanos. Por este tiempo habían muerto sus padres, y al manifestar Antonio a sus hermanos la vocación por el toreo, hubo disensiones en la familia, siendo unos opuestos y otros conformes en las aficiones del muchacho, el que terminó por imponer su criterio. Previo el ensayo de aptitudes toreando becerros, en el año 1901 figuró, con Hilario González, «Serranito», al frente de una cuadrilla juvenil, toreando en Portugal y algunas Plazas españolas con buen resultado. Disuelta esta organización, y anunciándose Antonio como matador de novillos,se presentó en la Plaza de su pueblo el 22 de junio de 1902, sin que en esta su primera actuación lograse realizar labores destacadas. Vuelve a figurar en la corrida del 25 de octubre del siguiente año; el ganado no se prestó a filigranas, pues requería diestros más avezados a las lides, y desilusionado el novel jefe de cuadrilla, abandonó la carrera de la tauromaquia. Pero el gusanillo de la afición, momentáneamente adormecido, surge y vivifica nuevamente su espíritu, y Pazos viste otra vez la ropa de torear, para tomar parte en la corrida madrileña del 25 de junio de 1905, en la que estoquea, en unión de los madrileños Antonio Boto, «Regaterín», y Gregorio Taravillo «Platerito», reses sevillanas de don Anastasio Martín.


Esta corrida, por nosotros presenciada, es a la que nos referimos en el comienzo de este estudio. El público madrileño --siempre atento y complaciente con la gente joven— acogió con cariño al joven sevillano; gustó de su finura con el capote y la muleta, pronosticándole sería siempre aplaudido con toros nobles y sencillos; pero en aquellos que llegasen a la muerte un tanto resabiados y defendiéndose, las faenas de Antonio forzosamente serían laboriosas y deslucidas, lo que en efecto sucedió, y de ahí las desigualdades de su trabajo. La airosa figura del nuevo torero, la sencillez y modestia que irradiaba su persona y la finura con que manejaba el capote, cautivó a los espectadores madrileños, estos aficionados que se contrariaban visiblemente cuando apreciaban que las condiciones de los astados no eran las indicadas para lidiadores de la escuela del que nos ocupamos.
El mayor éxito obtenido por Antonio Pazos en Madrid, y quizá en toda su vida artística, fue en la corrida del 17 de octubre de 1909 con unos magníficos novillos de don Gregorio Campos, éxito acelerador de su doctorado. Suceso que tuvo efecto también en nuestra Plaza el día 24 siguiente, actuando de padrino Manuel Mejías, «Bienvenida», quien le cedió los trastos, y el primer toro «Cuzuquito», procedente de la vacada del marqués de los Castellones. No eran las reses del criador cordobés de las más aparentes para lidiadores de cortos recursos, como Antonio Pazos; no obstante hizo honor a fecha tan señalada, toreó y mató muy bien, siendo constantemente ovacionado. El éxito de este día le valió la contrata para el 5 de junio del siguiente año, y en esta fiesta, última en que le vimos actuar, tuvo por completo el santo de espaldas con el único miureño que estoqueó por el que fue cogido, aunque por fortuna sin graves consecuencias. A partir de este año su cartel fue descendiendo. y ya en el de 1915 se retiró definitivamente del arte que por vocación abrazara. Y en su casa de Sevilla vivió hasta el 28 de diciembre de 1927.

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