sábado, 17 de mayo de 2014

ANTONIO SANCHEZ "EL NIÑO DE CARAVACA"


Antonio Sánchez nació en la caravaqueña calle de San Jorge el 13 de febrero de 1923, siendo el menor de seis hermanos, aquí se aficionó a los toros visitando a su vecino el novillero Julián Medina para que le enseñará a manejar el capote y la muleta. La prematura muerte de su padre cuando él tan solo contaba 9 años dio un vuelco radical a su vida ya que la familia se trasladó a Murcia para vivir con uno de sus hermanos que regentaba en la calle Floridablanca la alpargatería La Caravaqueña. 

Movido por su incipiente afición taurina acudió un domingo al cine a ver la película “El sabor de la gloria” protagonizada por el matador Ricardo González. La cinta le causó tan honda impresión que decidió ser torero, corría el año 1932. En cuanto pudo comenzó a escaparse a las ganaderías en compañía de sus amigos; en una de ellas fueron sorprendidos por la policía y tuvieron que esconderse subiéndose a un árbol, para ahuyentarlos los agentes de la autoridad hicieron varios disparos al aire, pero estaban precisamente debajo del árbol donde se ocultaban por lo que a punto estuvieron de perder de la vida. Lejos de atemorizarse continuaron con sus andanzas alejándose cada vez más de la capital murciana, hasta que un día conoció en una taberna de Córdoba al banderillero Niño de Dios que le facilitó el acceso a varios tentaderos. 

En el invierno de 1940 decidió darse a conocer como fuera, y aprovechando la celebración de una novillada en Murcia, se lanzó al ruedo como espontáneo, dando una serie de pases que provocaron el entusiasmo del público. Cuentan que el matador, al dar la vuelta al ruedo con las dos orejas que le habían concedido, hizo llamar al joven caravaqueño para que le acompañara en el recorrido llevando una oreja cada uno. A raíz de este inesperado éxito fue llamado por un empresario sevillano que quiso hacerse cargo de su carrera, prometiéndole llevarlo a tentaderos para entrenarse y torear unas 30 novilladas; sin embargo pocos días después todo se vino abajo al ser detenido el referido empresario. Tenía que volver a empezar y visto el resultado de su anterior intento, volvió a tirarse al ruedo de la Condomina, lo que le sirvió para entablar relación con el crítico taurino José Antonio Ganga, quien le puso en contacto con Joaquín Meseguer, quien será el que finalmente conseguirá hacer realidad su sueño proporcionándole algunas novilladas en varias plazas de la provincia, parece ser que la primera de ellas fue en Águilas. En Caravaca se presentó el 31 de agosto de 1941 lidiando 2 reses jienenses de D. Amancio Fernández con las que «demostró sus excelentes cualidades para tan arriesgada profesión, pues en su lote de becerros, de excesivo peso y bien astados, toreó a la verónica, con esa lentitud, temple y mando propio del que sabe lo que se hace, arrancando cerradas ovaciones, a las que el chaval correspondió saludando montera en mano»; triunfó cortándole las dos orejas y el rabo al primero de sus oponentes. Dos semanas después, el día del Pilar, hizo lo propio en Murcia componiendo la parte seria del espectáculo del Bombero Torero, obtuvo un gran éxito, por lo que repitió actuación en la navidad de ese mismo año. También toreó en la novillada de feria de Abarán, «conquistando tantas simpatías» que fue requerido para que actuará como director de lidia en el festival celebrado el 5 de octubre y posteriormente en Molina de Segura el 10 del mismo mes. En 1942 actuó dos veces en Caravaca; la primera el 3 de mayo en la novillada de las fiestas de la Cruz, siendo sobresaliente del cartel formado por «la simpática pareja de chavales» Fuentes y Minuto y la segunda, en la feria, compartiendo terna con los también caravaqueños Alfonso del Toro y Pedrín Moreno. Entre sus actuaciones de este año son dignas de mención las dos que protagonizó en Yecla los días 27 de septiembre y 4 de octubre. El día de Santiago de 1943 toreó en la Plaza de Cehegín, debutando con picadores en la de ciudad natal el 7 de octubre de 1943, un día después del célebre mano a mano entre Pedro Barrera y Manolete, obtuvo un gran triunfo por lo que fue sacado en hombros. 

En 1944 toreó 15 novilladas, destacando las celebradas en Cieza, Abarán, Orihuela, Blanca, Cartagena y La Roda. En Caravaca actuó tanto en la novillada de las fiestas de mayo, en la que estuvo acompañado por Niño del Barrio II y Pedrín Moreno, como en la de feria, compartiendo cartel en esta con Bonifacio García “Yoni” y Pedrín Moreno. También actuó dos veces en Hellín, sobresaliendo la del 28 de mayo en la que, ante su magnífica manera de torear, «el público pedía la oreja antes de entrar a matar». Al año siguiente fue apoderado por Miguel Rubio Maera, antiguo peón de confianza de Pedro Barrera, quien le preparó su presentación en varias plazas de España; destacaron este año sus actuaciones en Murcia, Lorca y Orihuela. En 1946 toreó, entre otras, en Valencia, Alicante, Murcia, Hellín y Albacete, siendo digna de mención la que tuvo lugar el 17 de marzo en Lorca en la que obtuvo los máximos trofeos tras entrar a matar sustituyendo la muleta por un pañuelo. De 1947 tan solo conozco su actuación en la reinauguración de la Plaza de Aguilas el 5 de agosto, formando cartel con Paco Navarro y lidiándose novillos de Dª. Francisca Marín. Por fin, el 13 de junio de 1948, consiguió hacer realidad su aspiración de presentarse en Madrid. Le acompañaron en el paseíllo el sevillano Larita, que fue cogido y contusionado al matar al que abrió plaza, y el colombiano José Pulido, lidiándose reses de D. Tulio e Isaías Vázquez, grandes y broncas, que imposibilitaron el lucimiento de los novilleros. Ovación y silencio fue el triste resultado de aquella tarde tan esperada; su desilusión fue tan grande que antes de tener que volver a «la oscura lucha con las empresas más absurdas en los pueblos perdidos en la más triste geografía taurina» decidió ser subalterno, convirtiéndose en un excelente peón de brega y banderillero. Entre los toreros a los que acompañó en este nuevo cometido se pueden citar a Victoriano Valencia (actuando a sus órdenes recibió una grave cogida en el muslo en la Plaza de Murcia el 23 de marzo de 1958), Manuel Cascales, José Luís Galloso, Alfonso Romero, etc., y así prosiguió hasta 1977, en que se retiró de los ruedos haciendo su último paseíllo en La Condomina el 4 de septiembre formando parte de la cuadrilla de Victoriano Marín. 

En el momento de su retirada afirmó «Quiero terminar con decencia. Me encuentro aún en plena forma y quiero dejar un recuerdo grato a la afición». Posteriormente fue profesor de la Escuela Taurina de Murcia, figurando entre sus alumnos más aventajados Manuel Cascales, Juan Muñoz, Alfonso Romero, Pepe Soler, Gitanillo de Murcia, Luís Sánchez Guerrita y Rafaelillo, quien en el momento de su muerte declaró «fue una fuente importantísima para todos los toreros de Murcia. Él fue mi primer profesor, me enseñó a coger un capote y una muleta. Se ha ido un torero y un banderillero muy importante». En esta faceta de profesor se mantuvo hasta su jubilación en 1999, siendo también asesor taurino de varias Plazas, entre ellas la de Murcia. Durante sus últimos años y antes de que enfermara de alzheimer se entretenía bordando chaquetillas de torero en miniatura, con lo que se sacaba unas perrillas que destinaba, a pesar de lo exiguo de su pensión, a ayudar a los necesitados y a la compra de carne para alimentar a los perros abandonados, lo que indicaba claramente su generosidad y amor a los animales.

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