viernes, 14 de junio de 2013

RAFAEL ORTEGA GOMEZ "GALLITO"


De rancia estirpe gitana y torera, Rafael Ortega Gómez «Galli­to» poseía dentro de su ser todo un ritual de gracia. Fue el último eslabón de aquella soberbia y mágica cadena dinásti­ca de los «Gallo», fecunda en torería. Había nacido el 22 de enero de 1917, en Sevilla. Nieto del señor Fernando «El Gallo», sobrino de Rafael, Fernando e hijo de Gabriela Gómez y de Enrique Ortega «Cuco», banderillero de José. Tiene una infancia incipiente en el toreo por el obligado ambiente familiar. Llega al toreo precedido de tan prestigio­so propagandista como su tío Rafael «El Gallo», del que no hereda la pro­digiosa genialidad, pero sí la misma desigualdad. Aunque «Gallito» pudo, en una tarde inspirada, acabar de un plumazo con todos los toreros que estuviesen a su vera, en vez de parecer como un torero menor. Cuando se estiró con las rojas percalinas, logró momentos de gitanísimo pellizco. Su toreo tuvo evidente voluntad de pureza y raigambre calé. Lástima que no resistió la inevitable comparación con su estirpe.
Muerto su padre, su tío Rafael «El Gallo» se va a vivir con ellos. Tiene ocho años cuando su tío Rafael le lleva a la ganadería de Murube. Esta­ban apartando los toros para la corrida que torearía «El Gallo», con Chi­cuelo y Cagancho, cuando el ganadero propuso soltar unas vaquillas para que las torease el «Divino Calvo».
También sugirió que torease su sobri­no. El niño Rafael no podía con el capote, entonces, se quita el abrigo y lo utiliza para torear, dando los primeros lances de su vida a una res. Antes de que abandonasen la placita de tientas, le coge en brazos su tío y dice a los presentes: «Ya a ser torero y bueno». Como alguien pregun­tara a «El Gallo» qué le había visto al chaval, sonriendo repuso: «Eso son cosas que no vemos más que nosotros».

El mozo de espadas, Juan Serrano, que había pertenecido a la cua­drilla de su tío Rafael, le lleva a torear a Marón de la Frontera cuando contaba 11 años, y tiene ocasión de matar su primer becerro. Después de unos pases, entra a matar y resulta revolcado, busca la espada por la arena, no la encuentra y un banderillero le advierte que la lleva dentro el becerro, que seguidamente rodó sin puntilla. Más tentaderos, festi­vales, y a los trece años viste por primera vez de luces. El exmatador de toros Manuel Mejías Rapela «Bienvenida», a quien José de la Loma «Don Modesto», crítico taurino de El Imparcial le puso el sobrenombre de «El Papa Negro»... del toreo, trataba de formar una pareja torera juvenil con su hijo Rafael y Rafael Ortega «Gallito». Asesinado Rafael Mejías «Bienvenida», el 17 de marzo de 1933, por quien se decía su apodera­do, Antonio Fernández Gallego, no pudo cuajar el proyecto. Solo ante los astados, con toreo clásico y vertebral en el cerebro, «Gallito» torea por plazas de Andalucía. Le llaman de Valencia para tomar parte en un festival organizado por el Club el «Gallinero», en honor de la dinastía de los «Gallo». Obtiene un buen éxito y gusta mucho su estilo torero por lo que es contratado para el domingo siguiente, cobrando siete mil pesetas, cuando en aquellos años las figuras del toreo cobraban doce mil. Rafael «El Gallo» regresa de América y «Gallito» continúa toreando sin picadores, teniendo de compañero de cartel a Juan Belmonte Cam­poy, hijo del «Pasmo» de Triana. Su presentación con picadores es en Barcelona, en septiembre de 1935, fiestas de la Merced, acompañado en el cartel por Mario Cabré y el mexicano Silverio Pérez, con novillos de don Argimiro Pérez Tabernero. Provoca elogiosos comentarios sobre su figura torera, apoyados en su aval familiar. Su dorada ilusión de tore­ar ante la afición hispalense en la Maestranza, se ve plasmada en la Feria de Abril de 1936, con concesión de orejas y paseo en hombros hasta su casa.
¡La Guerra Civil! Lejos del tronar de los cañones, torea festivales durante la contienda, junto con Pepe Luis Vázquez, quien entonces deja ya tarjeta de visita de su gran calidad de artista del toreo. ¡La guerra ha terminado! «Gallito» no hace esperar su presentación en Madrid. El 23 de julio de 1939 hace su primer paseíllo en el ruedo de las Ventas, con Ricar­do González y Pepe Luis Vázquez. Ángeles y duendes sueñan bulerías, mientras Rafael torea y el éxito es rotundo, resonando como el clarín en el orbe taurino.
Ángeles y duendes bordan soleares, ahora, para acompañar a «Galli­to» quien toma la alternativa en Barcelona, el 22 de septiembre de 1940, otorgada por Marcial Lalanda ante Domingo Ortega y Pepe Bienvenida, en una corrida de 8 toros, cuatro de don Alfonso Sánchez Fabrés y cua­tro del conde de la Corte. El 6 de octubre siguiente se la confirma en Madrid el mismo padrino, Marcial Lalanda, con toros de don Antonio Pérez de San Fernando, completando el cartel Curro Caro y Juan Bel­monte Campoy.
Tardes de estar muy cerca del testuz, con aquellos veinte años que resonaban a gloria, tardes en las que se heló el espinazo y se detuvieron pulsos. Otras, en distintos cosos, no fueron de igual suerte. En las prime­ras, fue juventud quemada que hizo arder con entusiasmo gradas y ten­didos, mientras desplegaba una teoría de pases clásicos llenos de arte y de salero.
Han pasado los años y es posible hacer serenamente balance para colocar cada cosa en su sitio. Fue una pena, prometía mucho, pero la hora bruja se le pasó pronto y se le fue el compás. Pena y lástima, pues atesoraba sapiencia, arte y mucho sentimiento. Después de la confirma­ción del doctorado, repite en Madrid, el domingo 20 de octubre, como testigo de la confirmación de alternativa de Pepe Luis Vázquez, concedi­da por Marcial Lalanda. En medio de un aguacero corta la oreja a un toro de Bernardo Escudero Bueno, que la llamaron «La oreja de la lluvia». El agua, el sonido del agua, aquel ruido dulce, lento y armonioso, inspiró al artista que había dentro de «Gallito» y despertó en sus entrañas un toreo enjoyado de belleza que asombró y quedó clavado en los ojos del aficionado, cuando la tarde se diluía bajo la carpa cárdena de la lluvia. En 1941, vive su mejor año de figura del toreo.
En 1980 publicó un libro autobiográfico titulado "Mi paso por el toreo" en el narra su vida artistica y hace referencia a otros toreros de su época.

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