martes, 23 de julio de 2013

LUISA JIMENEZ "LA ATARFEÑA"



La tarde del 2. de septiembre de 1934, en la plaza de toros vieja, llamada El Triunfo, de Granada, el diestro Miguel Morilla, El Atarfeño, moría de una cornada del toro Estrellito, de la ganadería de Moreno Santamaría. Su esposa estaba en un palco de la plaza presenciando la corrida, y al ver al torero volteado, caído en la arena, le llamó con el grito más triste que se haya oído nunca en un circo taurino en el momento de la tragedia. No querían dejarla entrar en la enfermería, donde el torero agonizaba. Pero entró, al fin. Y la despedida de aquellos seres jóvenes, enamorados, y cuyo amor tenía ya el fruto de un hijo pequeñín, entonces de un año, fué de una angustia desgarradora. 

Granada, que los vio dichosos, ricos de gloria y de cariño, jjasear en las verdes tardes doradas por los jardines del Generalife y de la Alhambra la vio sufrir sola, enlutada, con sus ojos grandes velados por un dolor sin remedio, como para llevarlos a arder a la manera de cirios de hermosura al altar de la Virgen de las Angustias. ¿Y esa chiquilla, que le vio ensangrentado en la arena, toreo en la misma plaza  aún vistiendo de luto por su esposo. La admiración de los granadinos no tenia límites. Habia un misterio que no comprendian bien. ¿Qué se proponia esa chiquilla? ¿Gloria? ¿Dinero? Lo primero ya lo obtuvo  con ser la viuda de Atarfeño, a quien todos querían tanto en Granada y en España entera. Y en cuanto dinero para el huerfanito... —Tanto se le quería a Atarfeño en Granada, que se hizo un beneficio en favor del niño, que ahora ha cumplido dos años. 

Se dio una función de toros y se recaudó para el niño una cantidad que pasó de treinta mil pesetas, con lo que se compró una casa en la ciudad. Luisita Jiménez vivio en esa casa, pero la propiedad era de su hijo.  "Se lidiarán, banderillearán y serán muertos a estoque seis hermosos novillos de la acreditada ganadería de la señora viuda de Villamarta—así decia el cartel—, con divisa verde botella y oro viejo; primera parte, dos bravos becerros para la presentación de la valiente lidiadora Luisita Jiménez, viuda del infortunado diestro Átarfeño." Luisita se preparó para la corrida en un cuarto del Hotel Internacional, de donde salió para la plaza vieja de El Triunfo. No quiso salir de su casa por no despedirse del hijo y de la madre. Luisita no era aficionada a los toros hasta que conoció al Atarfeño, al que acompañó a todas sus corridas hasta el fatidico dia,"Acaso si hubiese estado en casa, aguardándole, hubiese sufrido más... Sufría de todos modos, claro está..., pero sólo en el primer tiempo; luego, en viéndole, ya estaba tranquila y atendía a su arte con entusiasmo creciente... 

En vida de Miguel yo iba también a las dehesas a torear con él, y él me adiestraba. Ya se hablaba de que debutaría con él en un festival benéfico que se iba a dar en Granada". decia la Atarfeña —Sí, desde luego; yo le he visto-torear en Madrid. Y estaba tranquila. No pensaba en nada trágico, ni en que nuestro pequeño pudiera quedarse huérfano... Ahora tiene dos años; se llama Miguel, como su padre. No quiero que sea torero... Si yo pienso ganar mucho dinero con los toros es precisamente para que él no lo sea y viva bien... ", es, en parte, porque suene y no se olvide el nombre de su marido; es, en el fondo, abnegación, y el mantener el fuego sagrado de su gloria...

Luisa Jiménez emprendió un largo viaje a las Américas junto con su hijo Miguelito y no se volvió saber más de ella en muchos años. Vino la guerra civil y sus fuertes sacudidas de odio y muerte... y en Granada se olvidaron por completo de su torera. De fuentes cercanas a la familia de María Luisa Jiménez se sabe que regresó con su hijo a Granada en la década de los sesenta. Hizo su película en América y treinta años mas tarde volvió con mucho dinero ahorrado durante este tiempo, que invirtió en la compra de numerosos inmuebles por la ciudad, con cuyas rentas vivió holgadamente toda su vida junto a su hijo. Otras versiones cercanas a los mentideros taurinos de la citada ciudad señalan que “La Atarfeña” se instaló desde un principio en México donde ejerció la prostitución. Murió en Granada muy mayor. Su hijo Miguelillo aun vive en Granada.


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