jueves, 16 de mayo de 2013

AGUSTIN CASTELLANO MARTINEZ "EL PURI"
En Bujalance, población de fondosos olivares y haciendas de labor, abrió los ojos a la vida Agustín Castellano Martínez, cuando los jornaleros trabajaban de sol a sol arrancando de las entrañas de la tierra un enjuto salario y en la lucha por la subsistencia eran ayudados por su esposas, mujeres de honrados sabañones que el alba sorprendía de rodillas fregando suelos y escaleras de casas ajenas, para que a sus hijos no les faltara un plato caliente en la mesa, ni una moneda de perra gorda para ir a la escuela de aprender las cuatro reglas. Debió ser por primavera, siendo poco más que un niño, cuando la belleza de las amapolas coloreando fincas ajenas hizo pensar a Agustín que su futuro en el pueblo no sería diferente al de sus paisanos y decidió ser torero, para que su madre no volviera a trabajar más, ni de nada faltara en el humilde hogar que lo vio nacer. Con esta idea en su hatillo, sin más equipaje que una afición desbordante, el nieto de doña Purificación, por cuyo apodo era conocido entre los vecinos, emprendió camino por las sinuosas rutas del toro.

Ahora, cuando han pasado más de cuarenta años desde que vistiera por primera vez el traje de luces, El Puri es un reconocido empresario que, arropado por sus hijos, una cuadrilla de lujo, ha triunfado en el ramo de repuestos de la automoción y lidera un sólido grupo de empresas. Mas, como el toreo sigue siendo su pasión y necesita sentirlo para vivir, no es extraña su presencia en cualquier foro para hablar de toros con ese espontáneo gracejo que quizá, a veces, ha confundido a algún poca gracia que ignora la grandeza profesional del torero de Bujalance.
En la madrileña plaza de Las Ventas, para que nadie lo olvide, existe una placa con los nombres de los matadores que salieron a hombros por su puerta grande, y en ella puede leerse que Agustín Castellano ´El Puri´ lo hizo durante tres años consecutivos: 1996, 1967 y 1988. Aún lo recuerdan en Madrid, como ha demostrado la Real Federación Taurina de España al adjudicar los trofeos nacionales ´Cossío de 2003´, que lo ha premiado, junto a su compañero Santiago Castro ´Luguillano´ en la categoría relativa a ´Cartel Histórico´.
Un premio de esta naturaleza debe producir una íntima satisfacción por la importancia del nombre que lleva, la entidad que lo otorga, la plaza a que se refiere, y las grandes figuras de varias épocas que en su redondel dejaron la huella de su toreo. La perspectiva histórica demuestra que la del Puri es de las más sinceras y honestas, porque siempre que actuó ante la afición de la primera plaza del mundo salió dispuesto a triunfar y entregarse de verdad.
Tan de verdad que nunca reparó en jugársela a cara o cruz. De la cara queda constancia en la puerta grande de la monumental. De la cruz, en la íntima y torera satisfacción de quien cada día observa en el espejo las cicatrices de su cuerpo, como las del utrero de Sánchez Terrones en el rostro, o la del Galache que le arrancó la femoral entrando a matar, o la del morlaco de Palha que le partió el muslo, o la del astifino del Conde de la Maza que le golpeó en el tórax...
Otra vez fuera de Córdoba, que como siempre observa en silencio el reconocimiento de los suyos, vuelven a reclamarle, como antes ya hicieran las aficiones de Bilbao y Valladolid, para homenajear su grandeza como torero. Esta distinción le llega cuando su corazón ha recobrado el pulso lejos de los toros. En esta nueva y clamorosa vuelta al ruedo, la campechanía de Agustín Castellano ´El Puri´ no puede ocultar la sincera admiración que merece su paso por el toreo.

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